8 abr 2021

[RUIDOSA] Italiani turchi e tedeschi


ūüĒī M√ļsica, poes√≠a futurista y deriva pop para una clase.

ūüĒä Intonarumori (L. Russolo) + F. Marinetti + KRFTWRK

ūüéß [ITALIANI] Luigi Russolo, compositor, escritor y pintor que form√≥ parte del Futurismo (la primera vanguardia que lleg√≥ a la primera plana de un diario, Le Figaro, en 1909), creo los INTONARUMORI, unos instrumentos musicales que tocaban ruido. Su ensayo "El arte de los ruidos" fue algo as√≠ como el manifiesto musical del futurismo. Lo primero que se escucha en el audio (y lo √ļltimo) es el sonido producido por uno de esos nuevos instrumentos. A continuaci√≥n, se escucha al "vocinglero" Marinetti leyendo el poema "El bombardeo a Adrian√≥polis" (1912) [TURQUI], un poema que busca dar cuenta del sonido en los campos de batalla. El libro jugaba con la distribuci√≥n de las palabras en el papel, pero es la lectura de Marinetti lo que pone en voz los prop√≥sitos del futurismo. Marinetti se har√° fascista, y maldecir√° a DADA, una deriva hermosa de sus ideas. Del trabajo de Russolo se desprende el inter√©s por el sonido como materia, lo que conducir√° a la m√ļsica electr√≥nica y, mutatis mutandis, al synth pop. La coincidencia entre las onomatopeyas b√©licas de Marinetti y las de Kraftwerk [TEDESCHI] no son meras coincidencias.

27 ene 2021

Federico Monjeau (1957-2021)


Hay un video en YouTube. Se trata de un ensayo del director Carlos Kleiber con la Orquesta Sinf√≥nica de la Radio de Stuttgart. Ensayan la obertura de Die Fledermaus (Il pipistrello en italiano). El video es una maravilla. Es el registro de uno de los m√°s grandes directores que haya habido (completamente renuente a las entrevistas), trabajando con una orquesta: asistimos a la elaboraci√≥n del material musical y del estilo de una lectura: “menos pesado –pide Kleiber– debe sonar siempre ligero, transparente, suave”. La obertura es hermosa, y hoy se escucha como el sonido de la Austria-Hungr√≠a literaria, de sus valses precipit√°ndose al vac√≠o. Uno no puede ver este documento de los a√Īos ‘70 sin que se le adhieran vivencias personales e imaginarias, pero que siempre se fuga hacia otra parte, y que el azar quiso que fueran en italiano los subt√≠tulos que acompa√Īan la clara dicci√≥n alemana de Kleiber, sum√°ndole capas musicales-verbales a la construcci√≥n musical. Kleiber busca la clave de la obertura en la superficie, varias veces se refiere a la piel, al toque suave, a la apariencia, a un stimmung comediante (kom√∂diantische): “baila con gracia”; trabaja en los staccati con precisi√≥n, como si se tratase de pasajes (micro) contrapunt√≠sticos esa claridad que explorar√≠a la otra Escuela de Viena al producir obras “claras” como Lulu, de Alban Berg–; llama la atenci√≥n sobre los vibratos y el ataque, los cambios de √°nimo del drama fingido.

Kleiber, Viena, Lul√ļ: todo esto, nada menos, lo aprendimos de Federico Monjeau. El nombre Lul√ļ fue el que √©l hab√≠a elegido para su revista, casi como una shibbolet, una inflexi√≥n americana de la m√ļsica vienesa que se expresaba en esa tilde. Su escucha atenta estaba siempre alerta a las tildes, a la pausa, al silencio y otraszozobras” de la m√ļsica. Monjeau dedic√≥ una serie de sus much√≠simas y hermosas “Notas de paso”, publicadas en el suplemento “Extra-Show” (o algo as√≠) del diario Clar√≠n (hizo alg√ļn chiste con eso), al “Enigma Carlos Kleiber”. Lo hizo con el pulso de una historia digna de Joseph Roth o Edgardo Cozarinsky: el exilio, los enigmas de las huellas vitales, los destinos errantes. La ligereza que busca Kleiber en la obertura de J. Strauss II es, ciertamente, inalcanzable, destaca Monjeau.

Esta intersecci√≥n entre una vida y la m√ļsica, que Monjeau desarrolla con enorme talento cr√≠tico, por ejemplo, cuando establece una relaci√≥n entre el (lindo) cuerpo de Kleiber y su caracter√≠stico legato, que entiendo como una inflexi√≥n m√°s del rhytm√≥s que plantea Barthes (en C√≥mo vivir juntos): el paso de una vida que, en el caso de Kleiber, podemos apreciar en el extraordinario video y que se traduc√≠a en una interpretaci√≥n musical, en una forma distintiva.

Federico Monjeau fue un gran cr√≠tico y maestro. Su an√°lisis de Erlk√∂ning de Schubert (incluido en el imprescindible La invenci√≥n musical) es una lecci√≥n de escucha y pedagog√≠a, y plantea una pregunta que es central, por lo menos para m√≠: “¿m√ļsica y poes√≠a forman parte de un mismo sistema est√©tico?” No importa tanto la respuesta (es inimportante, realmente) como los posibles ensayos que motiva (mimetismo, alegor√≠a, met√°fora). No por nada, Gonzalo Rojas escribi√≥ aquello de que “las s√≠labas saben m√°s que la m√ļsica”, y Monjeau, de solid√≠sima formaci√≥n musical, busc√≥ en la literatura, en la poes√≠a, aquello que la m√ļsica no pod√≠a expresar pero que s√≠ dec√≠a, invirtiendo el lugar com√ļn.

Uno de sus pasajes preferidos de la Recherche, de A la sombra de las muchachas en flor, en la que el narrador ve (“se le aparecen”) tres √°rboles en medio del camino durante un paseo en coche por Balbec, y “siente ante ellos la existencia de un objeto conocido pero vago. ¿En d√≥nde los hab√≠a visto ya?”: ¿… ven√≠an de unos a√Īos muy remotos, eran lo √ļnico que sobrenadaba de mi primera infancia, eran imagen reci√©n desprendida de un sue√Īo de la noche anterior, o quiz√°s no los hab√≠a visto nunca y ocultaban tras su realidad una significaci√≥n oscura?… “El narrador –escribe Monjeau– no puede responder esas preguntas , y entonces ve c√≥mo los √°rboles se alejan, agitando los brazos, como si dijeran: ‘Lo que t√ļ no aprendas hoy de nosotros nunca lo podr√°s saber. Si nos dejas caer en el camino ese de cuyo fondo quer√≠amos izarnos a tu altura, toda una parte de ti mismo que nosotros te llev√°bamos volver√° para siempre a la nada’. Eso pronunciar√≠an los tres √°rboles si les fuera dada la palabra”. Proust, que asocia a la frase de Vinteuil “con los √°rboles parlantes –un motivo de cuento maravilloso– descorre una met√°fora esencial: la m√ļsica remite a una suerte de momento ling√ľ√≠stico de la naturaleza, una especie de lenguaje mudo, sin palabras. ‘La m√ļsica es como una posibilidad que no se ha realizado; la humanidad ha tomado otros caminos, el del lenguaje hablado y escrito’”. Ese "resto mudo" encuentra lugar en la poes√≠a.

Podr√≠a seguir las derivas de las lecturas y escuchas de Federico Monjeau, un particular lector de la teor√≠a est√©tica de Adorno (habr√≠a que estudiar qu√© cosas y de qu√© manera tomaba esta teor√≠a y c√≥mo la incporporaba en su cr√≠tica). Cursando con √©l, le√≠ por primera vez La filosof√≠a de la Nueva M√ļsica y fui corriendo con la noticia a mis compa√Īeros/as de Siglo 20, que, por supuesto, conoc√≠an bien y por cuyo hegelianismo sent√≠an muy poca simpat√≠a, estremecido ante el ep√≠grafe con que comienza (y hoy lo leo con un poco de gracia, sin parecerme tan adecuado para pensar la m√ļsica) y que reza: “Pero en el arte no tenemos que ver con un juguete meramente agradable, sino con un despliegue de la verdad”. Criticaba las conclusiones de “Stravinsky y la restauraci√≥n”, a la que calificaba de “un brillante an√°lisis con conclusiones completamente erradas”. Le√≠a en las clases fragmentos de la Teor√≠a Est√©tica, y lo segu√≠amos en las lecturas. Cada tanto, levantaba la cabeza y hac√≠a alg√ļn comentario muy iluminador (“epifan√≠as” los llam√≥ Laura Novoa, Ayudante de Pr√°cticos en Est√©tica Musical y amiga de Monjeau).

La invenci√≥n musical es un libro producto de las lecturas cr√≠ticas de Adorno y que nos ense√Īa a escuchar los avatares del “progreso” musical y que, siempre cerca de la Segunda Escuela de Viena, pero con una perspectiva m√°s abarcadora, pone constantemente en tensi√≥n esa idea. 

De sus clases, recuerdo que no le gustaba Boulez ("sus obras tienen siempre la misma forma") ni Golijov (muy en boga aquellos a√Īos: una vez, puso en un grabador una obra, a los tres minutos adelant√≥, despu√©s, lo par√≥ y dijo: "bueno, y es todo as√≠"). Le encantaba Kagel.

Su segundo libro, Un viaje en c√≠rculos. Sobre √≥peras, cuartetos y finales es un recorrido sobre esos momentos en los que la vida y la m√ļsica se tocan, sea en una pel√≠cula de Jean-Marie Straub y Dani√®le Huillet basada en Moses und Aron de Schoenberg (en ese primer cap√≠tulo del libro, Monjeau no asume directamente el an√°lisis de la √≥pera, sino que se va acercando a ella a partir de los problemas de la representaci√≥n musical que el film, valga lo redundante, pone en escena), como en la experiencia de escucha del c√©lebre cuarteto de Morton Feldman o de las inscripciones m√≠nimas en una partitura. Tambi√©n, Un viaje en c√≠rculos, a diferencia, en cierta medida, del anal√≠tico La invenci√≥n musical, tiene algo de “diario musical” de una vida, cuyo andar era la tradici√≥n musical de Am√©rica y Viena (la ciudad de Schoenberg), y cuya dicci√≥n estar√≠a dada por el nombre Lul√ļ, que tanto se relaciona como se distancia de su referencia, tan universal en su pronunciaci√≥n como particular en su escritura. 

Escuchar m√ļsica y leer sobre m√ļsica con Federico Monjeau es una experiencia que podremos conservar de sus libros (la editorial Gourmet Musical editar√° un libro de conversaciones con el compositor Francisco Kr√∂pfl), sus notas y, tambi√©n, algunos videos. Y es ahora una experiencia que se nos ha escapado. Su muerte nos deja irremediablemente tristes.

18 dic 2020

Robert Walser - El paseo (fragmento)

A la gente que va levantando polvo en un rugiente autom√≥vil les muestro siempre mi rostro malo y duro, y no merecen otro mejor. Piensan entonces que soy un vigilante y polic√≠a de paisano, encargado por elevadas autoridades y organismos de vigilar a los conductores, tomar el n√ļmero de los veh√≠culos y denunciarlos despu√©s. Siempre miro sombr√≠o a las ruedas, al conjunto, y nunca a los ocupantes, a los que desprecio, en modo alguno de forma personal, sino por puro principio; porque no comprendo ni comprender√© nunca que pueda ser un placer pasar as√≠ corriendo ante todas las creaciones y objetos que muestra nuestra hermosa Tierra, como si uno se hubiera vuelto loco y tuviera que correr para no desesperarse miserablemente. De hecho, amo el reposo y todo lo que reposa. Amo el ahorro y la moderaci√≥n y soy contrario en el nombre de Dios en lo m√°s hondo de mi ser a toda prisa y atosigamiento. No tengo que decir m√°s que lo que es verdad. Y seguro que por estas palabras no dejar√° de haber autom√≥viles, con ese mal olor que echa a perder el aire, y que sin duda nadie estima y quiere especialmente. Ser√≠a antinatural que la nariz de alguien amara y aspirase con alegr√≠a lo que para cualquier nariz humana como es debido es a veces, seg√ļn quiz√° el humor de que se est√©, irritante y aborrecible. Basta, y no lo tome usted a mal. Y ahora a seguir paseando. Es divinamente hermoso y bueno, sencillo y antiqu√≠simo, ir a pie. Suponiendo que zapatos y botas est√©n en condiciones. 

(Trad. Carlos Fonseca)

10 dic 2020

Amor de poeta

Querido Federico:

Te extra√Īo… Quisiera decirte feliz cumplea√Īos en forma de flores. ¡D√≥nde estar√°s! ¡Feliz cumplea√Īos!

Hoy es eclipse de luna llena, Buki me record√≥ tu fecha. Naciste hace 122 a√Īos, cuando el mundo era imposible por motivos diferentes. As√≠ y todo te hiciste paso, en ese caballo que montabas, de la vida avanzando, como loca, desbriada… ¡Me dan ganas de llorar y de re√≠r en tu nombre! De que todxs te lean y te nombren, de que tus poemas se repitan en las almas como silbos. Pienso en la expresi√≥n de tus versos y me embargo, en las gracias de deseo con que nombrabas el mundo, me entra un regocijo, un subid√≥n de nube, lloro. El timo… Una campana de la unidad de los tiempos se bambolea, te llama, un abanico bordado ensambla pasado y futuro te quiero.

El abanico abierto te recita, el abanico cerrado te besa y te guarda.

Tu nombre es el nombre de la emoci√≥n po√©tica que a√Īoro, como a√Īoramos estar perdidamente enamoradxs, una vez que amamos la soledad.

Me gustan mucho tus cachetes. Tus ojos redondos me hacen pensar en la luna, en la guerra civil espa√Īola, en olivos y en √°rboles, y tambi√©n en puertos medio sucios, desvencijados pero alegres, llenos de personas indecisas y entusiastas, que mean en el medio de la calle, que son tan felices que no tienen tiempo de buscarse un ba√Īo para mear. ¿Alg√ļn d√≠a visitar√© Andaluc√≠a, Granada, Madrid pensando en vos? Quisiera conocer a alguien que haya conocido a alguien que te conoci√≥, o a alguien que durmi√≥ con vos y se volvi√≥ loco por el sonido de tu voz. Pero no importa, estoy en mi casa, como tanta gente, encerrada, no preciso cruzar el oc√©ano o el cielo para escucharte, entro a Google y te acaricio al releer… Miro tus fotos y pienso en vos.

(Hermoso texto, publicado por Paula Peyseré en IG el 05 de junio de 2020)

30 nov 2020

Judí de sangres crísticas (formas de vida)

En un bloc de notas en el tel√©fono estoy escribiendo una suerte de diario dedicado a un asunto personal que me afecta bastante, pero que es perfectamente intrascendente para el resto del mundo. Lo hago porque me sirve poner algunas cosas en palabras con sinceridad y, tambi√©n, porque (no es para nada mi primera intenci√≥n, sin embargo, dedic√°ndome a escribir "a la manera literaria", como dice una de las frases escuchadas en mi trabajo, mi triste trabajo...), espero, secretamente, que algo suceda en un sentido po√©tico. De todas maneras, insisto, se trata de notas cat√°rticas, un acompa√Īamiento escritamente personal, confiado en el devenir de la escritura como "confesi√≥n" o algo parecido.


*
Durante la pandemia, tambi√©n, me dediqu√© al estudio del juda√≠smo. Una "teolog√≠a minimalista" como escuch√© decir por ah√≠ que me resulta muy atractiva, aunque debo conceder (para no repetir "confesar") que mi aproximaci√≥n al juda√≠smo viene mediada por la constante lectura en ambientes universitarios de Walter Benjamin, por supuesto, y ultimamente, por pensadores como Franz Rosenzweig. Me siento errante y un poco peregrino: pescador en Galilea, comerciante por las estepas del Asia Central, poeta en Austria-Hungr√≠a y Tucum√°n, puras construcciones de mi imaginaci√≥n que siempre me lleva de aqu√≠ para all√°. He jurado por los evangelios, alguna vez. Fui sincero entonces. Lo soy ahora. Aquel juramento fue una toma de posici√≥n teol√≥gica que se tocaba con mi ni√Īez, cuando le√≠ una y otra vez las historias sagradas hebreas, y los evangelios, por supuesto: en mi cabeza (en mi coraz√≥n), jurar por los evangelios fue jurar por las escrituras que los prefiguraron (en la visi√≥n de los padres de la Iglesia, la que retomaba Erich Auerbach en Figura). Cont√© que al hacerlo me sent√≠a como si mis palabras me llevaran hasta G√≥ngora, un cristiano nuevo. Ahora estudio fiestas, historia, leo las parashiot (las porciones diarias de la Tor√°), canto Salmos, y me manejo con cierta √©tica basada en los preceptos: soy jud√≠ de sangres cr√≠sticas.

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Pero ha muerto Maradona. En mi adolescencia, plena adolescencia, "cosa gr√°cil, visible por penumbra y reflejo", viv√≠ el Mundial 86, yo amaba al f√ļtbol (que hab√≠a descubierto reci√©n a los once a√Īos), iba a la cancha de Independiente en Avellaneda: Diego era  uno de mis h√©roes, y creo que mi primera experiencia con la belleza del (des)equilibrio fue con sus jugadas. Cuando √©l fue a Napoles, mi imaginaci√≥n se ilumin√≥ de la luz mediterr√°nea y el poder ct√≥nico de esa ciudad, cuya deriva lleg√≥, gracias a participar de la c√°tedra Siglo 20, hasta escribir un peque√Īo texto que qued√≥ in√©dito sobre castratos, sirenas, y una novela de C√©sar Aira, y a tener una conversaci√≥n con un amigo durante una noche de m√ļsica barroca, que fue publicada en un diario. Frente a esa ciudad, que no conozco, naci√≥ mi abuelo Aniello ("Daniel", en Argentina). No pude escribir mucho sobre √©l, no s√© qu√© podr√≠a decir. Me alegra haber podido escribir sobre estos temas, que parecen lejanos, en principio, pero que est√°n claramente en sinton√≠a.

29 oct 2020

Apuntes para un programa de radio sobre Rafael Cansinos-Assens, "El Raro"

LISTAS

Las Noches, el Talmud, el Ultraísmo, la copla andaluza, los Salmos, la traducción, Goethe, los rusos, el versículo, Juliano "El apóstata", cierta lucidez moderna y muy antigua, metaforismo, Sevilla, Madrid, América...

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MUY MODERNO Y MUY ANTIGUO

"Dunyasad, quieta y callada, junto a su hermana Schahrasad, la habladora, subraya precisamente el poder sugestivo del silencio, de los m√°rgenes en los libros, de los largos espacios blancos en los poemas".

(Mallarme & Las mil y una noches)

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LENGUA SEVILLANA

Seg√ļn algunos cr√≠ticos (catalanes), la traducci√≥n de Las Noches hecha por Cansinos era muy imperfecta. Sin embargo, nos regala una lengua que llamaremos sevillana, tocada por la gracia de una musicalidad peregrina, poseedora de muchos matices y tonalidades que nos encanta con sus sonidos de (tal vez) imperfecto mud√©jar.

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PROMESAS

Adorno escribi√≥ muchas cosas. Nada como la frase que cierra su "Ensayo sobre Wagner" (1937/38): "Podr√≠a, aunque fuera d√©bil y desfiguradamente, significar una ayuda para los desamparados y ofrecer de nuevo la antigua protesta de la m√ļsica: la promesa de una vida sin angustia".

9 sept 2020

I
RELIGI√ďN

Recuerde el alma dormida” 
-es mucho m√°s que despertarse-:
religar, dice el etimologista primitivo,
es leer muchas veces:
el que relee es religioso,
se liga a sí mismo, es el sacrificado
en lo que lee:
palos y molimiento de los huesos
en la primera parte del Quijote:
pero no hay mucha sangre
visible, hasta la venta:
la sangre pronto se resta√Īa, no corre
sangre de sacrificio:
un poco de luz y no m√°s sangre”,
un mucho de luz y apenas sangre.

José Bergamín

15 jun 2020

Anoche, cuando Eloísa se quedó dormida, miré hacia oriente y, de pie, repetí unas palabras milenarias. No sé si fue un rezo, fui sincero y leí con atención lo que estaba escrito en un archivo del teléfono. Al acostarme, leí, también del teléfono, una propuesta del teatro La Fenice: escuchar, registrar y reproducir los sonidos de la noche. Me gustan los ritos, los movimientos rituales, las formas de vida.

24 may 2020

Recuerdos de la religión

Una parte de mi infancia, la viv√≠ alrededor de una iglesia protestante. Se trataba de una peque√Īa comunidad cristiana, de inspiraci√≥n bautista, con cierta tendencia "puritana" (lo "puritano" que se pudiera ser en un barrio del conurbano bonaerense). Con el paso del tiempo, las cosas fueron mutando hacia las formas de las llamadas iglesias evang√©licas pentecostales, movimientos carism√°ticos, rituales cada vez m√°s nuevos, una cosa que nunca me termin√≥ de agradar: a los 15 a√Īos, finalmente, dej√© de ir. Recuerdo los domingos a la ma√Īana y a la tarde -mucho aburrimiento en largas reuniones- y, lo mejor: la lectura de La Biblia, adem√°s de los cuatro evangelistas, Hechos y un poco de las cartas paulinas, sobresal√≠a la lectura del Antiguo Testamento: las aventuras del rey David en primer lugar, Ezequiel y el carro de fuego, los Salmos ("si me olvidare de ti, oh Jerusal√©n..."), la pelea de Jacob y el √°ngel, Mois√©s (me impresion√≥ que no pudiera entrar a la tierra prometida), la zarza ardiente, las plagas (las pestes de Egipto), el mar Rojo y el desierto, Abraham y su hijo Isaac, la risa de Sara ante la promesa (que reencontrar√≠a mucho tiempo despu√©s en el hermoso El rosa Tiepolo, de Roberto Calasso). Le√≠a las interminables genealog√≠as, buscaba los nombres m√°s raros de los reyes de Israel: todo el mundo resonaba para m√≠ desde aquella porci√≥n de tierra en el Mediterr√°neo oriental. Hago el recuento de memoria, sin buscar, sin un orden cronol√≥gico: recuerdo tambi√©n a Absal√≥n, que encontr√≥ la muerte al enredarse su largo cabello en un √°rbol, muerto por la espada de un capit√°n del ej√©rcito de su padre, otra vez, el rey David, las murallas de Jeric√≥ (que, creo, de una u otra manera ha afectado a mi relaci√≥n con la m√ļsica), la hija de Jeft√©, v√≠ctima de una promesa de su padre (motivo que permanecer√° en el folklore de todo el mundo), Daniel y sus amigos en el horno babil√≥nico, Jon√°s debajo del ricino esperando la destrucci√≥n de N√≠nive, que no ocurrir√°, las lamentaciones de Jerem√≠as, la historia de Rut, que buscaba alimento en los campos segados, las pruebas de Job, libro antiqu√≠simo, con la escena del diablo frente al Creador, la creaci√≥n (las dos historias de la creaci√≥n), por supuesto, la historia de Babel y la confusi√≥n de las lenguas -m√°s un don que un castigo-. Pasaron muchos a√Īos desde entonces, ahora, ya adulto, empec√© a leer La estrella de la redenci√≥n, de Franz Rosenzweig, de manera m√°s o menos met√≥dica: las historias y las poes√≠as b√≠blicas resuenan nuevamente. Se abre un camino  nuevo que, creo, s√© a d√≥nde me lleva: empezar√© a estudiar.

16 may 2020

Un sue√Īo con dos m√ļsicos

Le cont√© a Luciano Azzigotti que so√Ī√© que me visitaba Oscar Strasnoy. En la luneta de su peque√Īo auto, un modelo italiano de los a√Īos '70, yo le dejaba de regalo una nueva traducci√≥n del segundo tomo de la Reserche: A la sombra de las muchachas en flor, el volumen de la novela de Proust en el que hacen su aparici√≥n Albertine y sus amigas ("una cuadrilla de muchachas", en la traducci√≥n de Salinas) en el balneario de Balbec. ¡Ah!, cu√°ntas cosas se han dicho de esa aparici√≥n llena de vitalidad, gracia y displicencia adolescente -pajarillas en la rambla-, much√≠simo se han referido, de una u otra manera a ellas: desde Adorno (algo as√≠ como que "las muchachas de Balbec son las ni√Īas en flor de Parsifal", no encuentro la cita), hasta Tiqqun y su teor√≠a de la jovencita. El narrador queda prendido de ellas y s√≥lo desea llegar al hard-kore de la aparici√≥n n√≠nfica, que sabe imposible, y que compromete al mismo tiempo, en una suerte de rubatto temporal que toca (o que provoca, claro: la transformaci√≥n es inmanente) la escritura con el paso robado -el ryhtmos- de las jeunes filles; es tambi√©n  la aparici√≥n de las chicas s√ļper sanas y esbeltas en lo que hasta entonces eran paseos familiares coste√Īos (as√≠ de moderna es la novela):

Por un momento, cuando pas√© junto a la muchacha carrilluda que iba empujando la bicicleta, mis miradas se cruzaron con las suyas, oblicuas y risue√Īas, que sal√≠an de ese fondo inhumano en que se desarrollaba la vida de la peque√Īa tribu, inaccesible tierra inc√≥gnita a la que no llegar√≠a yo nunca...
-No, no -me retaba Strasnoy-: te estás yendo, otra vez, por las ramas, estás escribiendo el libreto de una ópera sobre Kore, la idea de Azzigotti está bien, concentrate.
Estábamos en Napule (en cuyas costas, murió ahogada una sirena, cuna del canto castrato), mientras la pandemia arreciaba.

10 may 2020

A Duck in a Tree, by :zoviet*france:

https://zovietfrance.podbean.com/ - Podcasts de una hora de m√ļsica seleccionada por el extraordinario d√ļo de m√ļsica electr√≥nica.


15 abr 2020

Lieder eine fahrenden Gesellen IV



Ahí, junto al camino, hay un tilo,
¡y ah√≠ por vez primera encontr√© el descanso en el sue√Īo!
Bajo el tilo,
y sus flores sobre mí.
¡No supe c√≥mo la vida continuaba,
y todo estaba bien otra vez!
¡Todo! ¡Todo, el amor y la tristeza
y el mundo y el sue√Īo!


26 mar 2020

Almuerzo

Me acosté un día, durante el almuerzo, en el pasto, debajo de un manzano.

Robert Walser

25 mar 2020

IV - Luis Cernuda

Adolescente fui en días idénticos a nubes,
cosa gr√°cil, visible por penumbra y reflejo,
y extra√Īo es, si ese recuerdo busco,
que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.

Perder placer es triste,
como la dulce l√°mpara sobre el lento nocturno,
aquel fui, aquel fui, aquel he sido;
era la ignorancia mi sombra.

Ni gozo, ni pena: fui ni√Īo
prisionero entre muros cambiantes;
historias como cuerpos, cristales como cielos,
sue√Īo luego, un sue√Īo m√°s alto que la vida.

Cuando la muerte quiera
una verdad quitar de entre mis manos,
las hallará vacías, como en la adolescencia
ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.

13 mar 2020

#49

Judío de Alejandría. Luterano en Roma.

23 nov 2019

Caravana (Capítulo primero)

—¿Qu√©?
—Que hasta la adolescencia fui una chica.
—¿C√≥mo vas a ser una chica? Te conozco desde hace m√°s de quince a√Īos…
—¿Una chica?
—¿Me est√°s cargando? Uff... qu√© calor hace.
—No te estoy cargando. Yo fui una chica.
—Hay que llevar a las ninfas.
—¿Van a cantar?
—No. Creo que s√≥lo van a pasar.
—El desfile. Qu√© m√ļsica rara. ¿Te operaste?
—Rar√≠sima. Todav√≠a no me acostumbro a verlas sin marearme. No. No me oper√©: tom√© algunas drogas. Un tiempo.
—¿A qu√© edad?
—¿A qu√© edad qu√©? ¿Tom√© drogas?
—Te volviste var√≥n.
—No s√©.
—¿Ten√©s pito?
—No. Te muestro.
—No. No tiene.
—No.
—¿Me convid√°s un cigarro?
—S√≠.
—¿Y las tetas?
—Siempre tuve poco. Son de la India. Como las ninfas, ¿no?
—Los cigarros s√≠. Las ninfas no s√©. Creo que son de Persia.
—Nada que ver, jajaja.
—Vienen de oriente. ¿Las drogas fueron para cambiar de sexo?
—No cambi√© de sexo.
—Ahora sos var√≥n.
—S√≠.
—Es transexual. Como las ninfas.
—Las ninfas mutan, son cris√°lidas. Ella no.
—¿Qui√©n?
—Vos.
—¿Yo?
—S√≠.
—No. Soy var√≥n. No soy transexual. Soy var√≥n: "√©l".
—Con concha.
—S√≠. M√°s bien.
—¿Qu√© son cris√°lidas?
—Insectos inmaduros que mutan y cambian de cuerpo.
—Tenemos que arrancar.
—Qu√© lejos quedaba la ciudad.
—Tenemos que volver.
—Ma√Īana hay funci√≥n a la noche.
—Se levant√≥ viento. M√°s polvo.
—Y los bichos.
—Vamos.
—Las ninfas no son transexuales. Tampoco cris√°lidas.
—Se est√° haciendo de noche. Hay que andar con cuidado.
—Voy a ajustar las lonas y salimos.
—¿Qu√© pasa?
—Nada.
—Est√°s enojado.
—No, no. Para nada. Estoy sorprendido. Te miro y me parece raro.
—Que sea var√≥n.
—No sab√≠a que eras mujer.
—Que fui. Pero no entiendo. ¿Te gusto?
—Es raro.
—Raro...
—Quiero manejar.
—Por m√≠ no hay problema.
—Ya est√°. Vamos.
—¿Y las ninfas?
—Dormidas. No escuch√© nada.
—La caravana nos tendr√≠a que haber esperado.
—M√°s bien. Pero hab√≠a que armar. Acamparon afuera de las murallas.
—Y nos dejan la responsabilidad del tesoro m√°s importante.
—No es tanto tesoro. Es un truco.
—¿Un truco? Un truco es un enga√Īo.
—¿Como disfrazarse de lo que no sos?
—¿A qu√© viene eso?
—¿A qu√© va a venir?
—Me est√°s cansando.
—Son un secreto a la vista de todos.
—Vamos saliendo. Manejo.
—No. Quiero manejar yo.
—Bueno. ¿Est√°s bien?
—S√≠.
—Voy al medio.
—Ay, Dios.
—Son m√°s de doscientos kil√≥metros. Vamos.
—Sali√≥ la luna.
—Cuando te diga, paremos. Quiero hacer pis.
—Aguant√°.
—Ya me vengo aguantando.
—Ah√≠ est√°. ¡Claro!
—Pero sigamos un rato m√°s.
—Bueno.
—¿Habr√° llegado la caravana?
—Seguro. Los camiones nuevos son r√°pidos.
—All√° se ve el mar. Y la luna.
—No me gusta pasar cerca del agua con las ninfas. Son nadadoras. Fluyen mejor.
—El mar no las afecta tanto. Es peor con los r√≠os.
—Ya casi no las afecta.
—¡Ah, qu√© hermoso!
—¿Qu√©?
—Nada. No s√©. Sent√≠ algo.
—¡Par√°!
—¿Ac√°?
—S√≠. Par√°. Ya vengo.
—Refresc√≥.
—Est√° mejor el aire. No me digas…
—¡La lona est√° suelta!
—¿Qu√©? ¿Qu√© pas√≥?
—Est√° abierta la caja.
—¿Lo que sent√≠?
—S√≠. Una ninfa. Falta una.
—¿C√≥mo? ¡No puede ser!
—No s√©. Las cont√©. Est√°n dormidas. Hay ocho.
—¿Cu√°l falta?
—Por lo que vi, la rusa.
—¿La rusa? ¿No eran persas?
—Se la compraron a un ruso.
—Llaman.
—Es la caravana, seguro. Atend√©.
—¿Qu√© les digo?
—No s√©.
—Par√°. No atiendas.
—Sigue. Van a llamar toda la noche hasta que contestemos.
—No atiendas.
—¿No hab√≠as ajustado las lonas? ¿Y la caja? ¡Se escap√≥ una ninfa!
—La ajust√©. La caja estaba cerrada.
—Tenemos que encontrarla.
—¿Alguna vez se escap√≥ una?
—Desde que estoy, no.
—¿C√≥mo puede ser? ¿C√≥mo puede ser?
—¿Nos habr√° dormido? ¿Un cazador se ahog√≥ cuando las buscaba?
—¡Qu√© s√© yo!
—No me pareci√≥ estar dormido. S√≥lo cuando dijiste qu√© hermoso. Y la luna y el agua, tan azules.
—¿Ah√≠ pas√≥ cerca? Ya estaba libre.
—Llaman de nuevo. Lo deben saber.
—¿C√≥mo van a saber? Atendamos.
—No atiendas. No. El primer caravanista: el viejo debe haberse enterado de algo.
—Busc√° en el mapa. ¿Est√°n bien las dem√°s? ¿Est√°n encerradas?
—No pude mirar mucho. No ten√≠a la protecci√≥n. Pero me pareci√≥ que s√≠.
—Tra√© el mapa. Voy a mirar.
—S√≠, s√≠.
—Estamos ac√°.
—Quedan ocho. Est√°n dormidas.
—Llaman. ¡Apag√° eso!
—Somos los √ļnicos en el campo. No es tan tarde.
—Cerca hay unas sierras.
—En la sierras hay un valle.
—En el valle hay un r√≠o.
—En el valle hay una aldea.
—En la aldea hay un puente.
—¡Tenemos que ir ah√≠!
—Al puente.
—Vamos ya.
—¿Atiendo?
—No.
—S√≠.
—Atiendo. ¡Hola! Ah, estamos yendo. Sin problemas. No escucho bien... No, no, no: no los mande. Ya estamos en camino. No, no cantaron. ¿Me escucha? ¿Hola?
—¿Se cort√≥?
—Cort√©.
—Lo sabe.
—¿Mand√≥ a los perros?
—Me dijo que los iba a mandar, si no report√°bamos.
—Por este camino se va a la aldea. Los mand√≥. Olvidate.
—En un par de horas est√°n ac√°.
—Uno de nosotros ya est√° muerto.
—¿Qu√© distrae a los perros?
—No s√©.
—Segu√≠ para la aldea. Se me ocurri√≥ algo.
—Estamos cerca. Estoy nervioso.
—M√°s bien.
—Estamos muy al l√≠mite. Pero se me ocurri√≥ una idea.
—¿Con los perros?
—S√≠. Tenemos ocho ninfas.
—Hubiera preferido que hablaras de armas, de cualquier cosa: un plan.
—Tranquilos. Manejamos este cami√≥n desde hace a√Īos. Salvo esta noche, siempre pudimos maniobrarlas.
—No sabemos mucho.
—Nadie sabe mucho de las ninfas.
—No hablo de eso. ¿Qu√© sabemos de nosotros?  Ac√° ten√©s un ejemplo.
—¡Si hoy les cont√©! Pero no era un secreto, ni hab√≠a nada que ocultarles.
—Los perros, madre m√≠a. ¿Y si nos escapamos?
—¿C√≥mo nos vamos a escapar de los perros?
—Est√°n obsesionados con las ninfas. Si las encuentran a ellas, se van a olvidar de nosotros.
—SI los perros matan a las ninfas, ni me quiero imaginar lo que nos podr√≠a pasar.
—Vamos a la aldea. Ac√° dice que es noche de fiesta.
—Es la ninfa rusa.
—Se la compraron a un ruso que viv√≠a cerca del monte misionero. Estaba enfermo. Deliraba en √©xtasis cuando lo encontraron.
—¿Pagan mucho por las ninfas?
—No se paga por las ninfas. Por lo que s√©, se las caza.
—El valle. Ah√≠ abajo est√° la aldea.
—Dejemos el cami√≥n ac√°. Que uno se quede a cuidarlo.
—Me quedo. Vayan.
—No atiendas a la caravana.
—Ni bien sepan algo, me avisan.
—Llev√°s la lira.
—S√≠.
—¿Est√° cargada?
—Casi al m√°ximo.
—Tengan cuidado.
—Vos tambi√©n.


30 sept 2019

HardKore

Una (ópera) contemporánea.
Azzigotti - Carballar