4 jun 2026

Salvación y memoria (un capricho)

Mientras caminaba, estuve pensando en mi historia familiar. Como siempre: se trata más de los retazos de memoria con los que uno cuenta (y se cuenta). Me preguntaba sobre la historia espiritual de mi familia más cercana. Yo fui, y aún lo sigo siendo, aunque ya tan adulto todo está matizado y no me puedo dar el lujo impertinente de “salirme por una tangente”, lo que se llama un "rebelde". Esa actitud hizo que de muy joven me alejara de la enseñanza protestante que había recibido. Mi mamá y mi papá eran cristianos bautistas, una de las tantas iglesias protestantes que comenzaron a crecer, desde los años ´50, por lo menos en Argentina. En los ’70, cuando yo nací, participaban activamente de la vida de la pequeña iglesia que estaba en los suburbios de los suburbios, aunque ahora es un barrio de clase media bastante promedio. Se llamaba al barrio “Cuatro vientos”, dando a entender que quedaba tan lejos de cualquier centro que era el lugar donde se juntaban los vientos. En esa pequeña iglesia pasé mi primera infancia. A los trece años, empecé a alejarme; hasta romper definitivamente a los quince años, más o menos. Hasta unos quince años después, la religión fue muy poco importante en mi vida. Luego, como dice Dalí, me hice católico por la gracia divina, y aquí estoy. Soy profesor de literatura, poeta, melómano profesional y activo –me interesan todas las formas en las que la música está presente en la vida–, etc. Hace poco, en mi trabajo principal, ocurrió una desarticulación de proyectos que veníamos llevando adelante desde hace, por lo menos, veinte años; proyectos que coordiné durante unos catorce. Éramos un equipo pequeño pero muy comprometido, trabajábamos con alumnos y docentes haciendo talleres de literatura. La relación entre la escuela y la literatura es compleja, pero no imposible en absoluto. Dejo eso para otra de estas entradas… Pasó mucho, en el interior del equipo y, sobre todo, en la gestión, incapaz de imaginar cómo articular nuestro trabajo –hicimos muchas propuestas al respecto– con sus nuevos lineamientos en los que, mutatis mutandi, podríamos haber sido considerados más allá de “recursos disponibles”. En fin, esta situación laboral me puso reflexivo… y hoy, mientras caminaba, me puse a repasar qué relaciones espirituales regían mi vida familiar. Soy nieto de un abuelo napolitano, de la isla de Ischia, un hombre duro, con poquísima educación, marinero que llegó a Argentina hace cien años, se estableció primero en Pompeya (el barrio Nueva Pompeya) y que se dedicó a la venta de verduras en el Mercado del Abasto; allí nacieron sus dos primeras hijas, mi madre y su primera hermana. Luego, no sé bien de qué manera, llegaron a ese rincón apartado de Adrogué, donde en aquel entonces, la mayoría de las calles eran de tierra a poner un negocio (mi abuela me contaba que les dejaban la mercadería para el almacén a unas cuatro cuadras y allí iban a buscarla). Mi abuelo era un hombre duro, insisto, pero que me amaba: para mí, que siempre tuve una tendencia a la ensoñación –condición primera de la rebeldía supongo–, era lo que promete el mar, los viajes, las huertas, los patios con parras, los quinotos, lo que después sería para mí la poesía y la literatura. Nacido enfrente de la Madre Barroca (Nápoles, como me dijo hace poco D.B.), él me transmitió el amor por el sol y la música. Sé que una vez, al menos eso decía mi mamá, un cura no lo dejó entrar a la Chiessa del Soccorso, allá en Forio, Ischia, Nápoles, y él se enojó tanto que prometió no volver a pisar una iglesia… ¡Y cumplió! Así mi madre no fue a ninguna iglesia católica y comenzó a participar de las actividades de la iglesia protestante que estaba a unas tres casas de la casa y almacén de mi abuelo. Después nacieron un hijo y una hija más. Para mi abuelo, el pequeño varón lo era todo y siempre fue su orgullo, poniendo a sus hermanas en función del pequeño. Mi mamá y una hermana se hicieron evangelistas, mientras que mi otra tía y mi tío se hicieron católicos. Sin que mi abuelo se opusiera a una cosa ni a la otra: a él no le importaba, mientras no tuviera que entrar a ningún templo. Mi abuela era hija de asturianos, nacida ya en Argentina. Cuando mi abuelo murió, empezó a ir un poco a la iglesia católica y otro poco a la protestante. Finalmente, los evangelistas son más intensos, participó varios años de las actividades de la iglesia protestante. De parte de mi padre, sé bastante menos, porque a mi papá no le interesaba recorrer parentescos, ni ramas familiares, nada. Él no conoció la iglesia católica porque de chico, parte de su familia vivía al lado de ese templo bautista, rápidamente empezó a participar de esa comunidad. Su padre, mi abuelo que no conocí, lo abandonó de muy chico, junto a un hermano y una hermana, a cargo de mi abuela. Esa rama familiar era la fuertemente protestante, mi tío se hizo pastor, se fue a vivir a Córdoba, mi tía amaba a Jesús y al Rey David, le encantaban los Salmos. El tiempo se fue llevando a muchos de ellos, a otros los dejé de ver. Mi mamá no entiende nada del catolicismo y prefiere hacer de cuenta que ese elefante blanco no está en la habitación cuando nos vemos. Qué ridículo, hoy estuve pensando en su salvación: en las de todos y todas que brevísimamente nombré. ¿Cómo sería, sería posible? Y si no ocurriera, cosa que creo que no va a suceder, qué pasaría con ellos? No tengo una respuesta. En este repaso encontré algunos fragmentos de mí en todas ellas y ellos. Por eso empecé hablando de la memoria… No conté cosas dolorosas porque quiero que estas palabras sean de gratitud. En las calles de esos días, en la imaginación entre los árboles, en la gran higuera que había en el fondo de la casa de mi abuela, el gallinero y los helechos que en primavera aún tenían gotas de roció, en las noches estrelladas y el olor de la cocina hay cosas que me salvan, diría que amor, y eso me hace pensar en la poesía. Seguí otro camino que el de mi familia, en principio. Cuando me recibí hice un juramente que, para mí, fue el intento de unir estas vidas y la mía.

Hace pocos días, terminé de dictar un curso de posgrado en la Untref, curso que me resulta desafiante pero que amo hacer (es una deriva de mi trabajo y amistad con la cátedra Siglo XX de la UBA, que me cambió la vida) y para cerrar, además de realizar una obra de Yoko Ono (Lighting piece), leí un texto de Agamben, cuyo final cito aquí para cerrar este pequeño texto, porque refelxiona sobre otras cuestiones pero en su bucle final, sí, se parece a este capricho que estuve pensando:

Recuerdo que Ingeborg Bachmann me dijo una vez que no era capaz de ir con el carnicero y decirle: “Deme un kilo de bistec”. No creo que signifique que el lenguaje de la poesía es un lenguaje más puro, que se encuentra más allá de la lengua que usamos con el carnicero o para otros usos cotidianos. Creo más bien que el lenguaje de la poesía es eso indestructible que sobrevive y resiste a toda manipulación y a toda corrupción, la lengua que sobrevive incluso después del uso que hacemos de ella en los SMS y en los tweets, la lengua que puede ser infinitamente destruida y que sin embargo permanece, del mismo modo como alguien escribió que el hombre es indestructible porque puede ser infinitamente aniquilado. Esta lengua que queda, este lenguaje de la poesía ―que es también, creo, el lenguaje de la filosofía― tiene que ver con lo que, en el habla, no se dice, pero llama. Quiero decir, con su nombre. La poesía y el pensamiento atraviesan la lengua en dirección al nombre a través de ese elemento del habla que no conversa ni informa, que no dice nada acerca de algo, sino que nombra y llama. Un breve texto de Italo Calvino, que usó para dedicarlo a sus amigos como su “testamento espiritual”, cierra con una serie de frases cortas y casi jadeantes: “tema de la memoria ― memoria perdida ― el conservar y perder lo que se ha escapado ― lo que no se ha tenido ― lo que se tuvo con retraso  ― lo que cargamos a espaldas ― lo que no nos pertenece…”. Creo que el lenguaje de la poesía, la lengua que permanece y llama, atrae precisamente a lo que se pierde. Ustedes saben que, tanto en lo personal como en lo colectivo, existen una gran cantidad de cosas que se pierden, esa acumulación de cosas efímeras, acontecimientos imperceptibles que olvidamos todos los días y que están tan extintos, que ningún archivo ni memoria podrían contenerlos. Lo que queda, esa parte de la lengua y de la vida que salvamos de la ruina, sólo cobra sentido si mantiene una relación íntima con lo perdido, si permanece de alguna manera por él mismo, si lo llamamos por su nombre y responde por su nombre. El lenguaje de la poesía, la lengua que nos queda, es apreciada y hermosa porque llama a lo que se pierde. Porque lo que se pierde es de Dios.

 Villa Crespo, 04 de junio de 2026. Celebración de San Francisco Caracciolo.

26 may 2026

Una teoría de la lectura

 


Por haberse pues, estas Canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrán declarar al justo, ni mi intento será tal, sino sólo dar alguna luz en general (pues V.R. así lo ha querido). Y esto tengo por mejor, porque los dichos de amor es mejor dejarlos en su anchura... 


18 may 2026

Hoy, en L'Osservatore Romano

 


*
Empezamos a leer Laudato Si'.
*
Según una tradición musulmana, Jesús caminaba un día con sus discípulos cuando, en medio del camino, se encontraron con la carroña de un perro. El cadáver del animal, que apestaba, era presa de los gusanos y los insectos.
Los discípulos espiaban la reacción de Jesús, que simplemente dijo al pasar:
-Qué dientes más blancos tiene...

(de El segundo círculo de los mentirosos, Jean-Claude Carriere)

14 may 2026

de Las transformaciones

Hallar la clave oculta y el sentido,
el recurso alegórico, y la crítica
filológica estricta, estableciendo
la significación que fuera ética,
circunscribir cualquier ambigüedad,
los presuntos dislates descifrar,
paliar su radicalidad señera,
abrupta, atrapar su inmensidad,
y capturar la gracia de este viento. 

12 may 2026

Hoy leí este texto de Cristina Campo, no me quedó más opción que pararme y aplaudir:

"El porte erguido y delicado de la muchacha de la costa de Oro es obra de siglos de natación, tinajas de arcilla equilibradas sobre la cabeza, danzas y cantos de iniciación más complicados que el gregoriano más puro. Aunque faltara uno solo de los tres elementos —piedad, juego libre y artes femeninas—, la perfección no envolvería esos miembros con su velo casto e imperioso. A lo largo de los milenios —si se puede decir así —, el árbol del paraíso expresó al pájaro lira; manos unidas durante largo tiempo se convirtieron finalmente en arcos góticos".

9 abr 2026

19 feb 2026

Un poema

Podría ser Dios en verano,

oculto entre las plantas y el mediodía bochornoso
podría ser Dios, que vi tantas veces,
el de las cigarras espejadas
en la espalda de chicos plateados
o en el último timbre de la voz
de unas barítonas, muchachas
que sueñan debajo de la corriente eléctrica
del tendido de los trenes
y sus durmientes de quebracho, donando
el eco del bosque chaqueño a las máquinas de acero
dándole aire
a lo que en la piel es salado y dulce. 

28 dic 2025

Re

Hace unos años, me acerqué muy respetuosamente al judaísmo. Estudié mucho, aprendí más. No "cambié" de religión, finalmente, aunque hice un sincero acto de ascesis. Sostuve mi catolicismo, que me fue dado por la gracia (además, comulgué, hice algún juramento, etc.). De todas maneras, sé que tengo alma judía y sangre cristiana. 

20 dic 2025

 


13 nov 2025

Parroquia

 



Hablando con un amigo, le mando la foto de un libro porque no tengo el teléfono a mano. No digo la genialidad, ni muchísimo menos, ¡pero sí me di cuenta de que el desorden de mi escritorio se parece al de Lezama!


8 nov 2025

Internet

 Imágenes que encontré guardadas en mi computadora. Las usé para ilustrar entradas del blog. Buen resumen de mis cosas. 














































20 jun 2025

7 may 2025

11 abr 2025

Hola, Daniel: 

Recibí tu hermosa postal romana. Me parecieron divinas las líneas sobre Alcina, siempre tan preciso cuando vas a la ópera. Sugerís pensar una posible articulación entre el neobarroco y el minimalismo como caminos que, a la manera de la Recherche, en algún punto se cruzan. ¡Te juro que vengo pensando en eso desde que se reestrenó Einstein on the Beach en el Colón el año pasado! Esas enumeraciones pequeñas, en repeticiones obsesivas, del comienzo de la ópera (“one, two, three, four…”) -que retoman la idea ilustrada de que escuchar música es “hacer cálculos”- encendió la chispa. “¿Y si esas repeticiones fueran pequeños ritornellos que no alcanzan a ser territorios, pero sí puntuaciones que definen el espacio musical? ¿O serán, tal vez, micro-ritornellos? Alguna vez conversamos sobre el neobarroco continental latinoamericano y el minimalismo yanquee: ambos coinciden temporalmente, y ambos están cargados de política y estética… me señalabas que en el Norte no tuvieron barroco, sino un revival gótico (menos imágenes, más torres aguja). Si vamos hacia las primeras óperas barrocas, hay una búsqueda por la simplificación de las líneas vocales… pero el ethos barroco actúa por acumulación y desvíos (¿acaso no lo hace también el minimalismo?). La maquina gongorina avanza en espirales de sentido; la máquina minimalista lo hace a través de desvíos, también; pero se trata de desvíos ínfimos, como dibujando fantasmas en el moiré de las partículas en movimiento. Las duraciones, en ambas estéticas, inducen al cansancio y a la ensoñación: Max Richter, que se maneja con increíble habilidad entre lo genial y lo chato, escribió Sleep para ser escuchadas desde la cama, ¡y a dormir!; y reversionó las Estaciones de Vivaldi…). Por ahora, mezclo las cosas: música, poesía, pintura... Glass escribió la música para un Orfeo (el de Cocteau); no quiero dejar caer nombres solamente: lo señalo porque Orfeo funda la música occidental (como toda fundación, es mítica) y se opone (o articula) con aquellas “poderosas cantantes”, las sirenas, que bien conocés. ¿No será Einstein on the beach una ópera barroca del siglo XX? ¿O se trata de manierismo minimalista? 

Sé que estás trabajando mucho. No dejes de escribir.

8 abr 2025

Me escribe Daniel desde Roma

Dieguito, querido, te mando esta rápida postal para agradecerte que me hayas presionado para ir a ver Alcina, de Händel. Confiabas en la dirección musical de Rinaldo Alessandrini y no te equivocaste...

https://linkillo.blogspot.com/2025/04/neobarroco-y-minimalismo.html?m=1

2 dic 2024

Las tres gracias

Mientras preparo un taller sobre el paso (siguiendo algunos motivos) de los cuentos tradicionales, desde las lejanas cortes europeas a los libros que hay hoy en las bibliotecas escolares, voy a los hombres-tigre del ejército de Quiroga, el cuento "El herrero Miseria" (que le cuenta don Segundo Sombra al joven Ricardito en la noche de la pampa), "El adivino", cuento ruso protagonizado por un pícaro que puede vivir acá a la vuelta, "Sol, Luna y Talía", la versión napolitana de "La bella durmiente". Y así me mareo, me pierdo en rara melancolía (debe ser la altura del año) de ese mundo rico y lleno de luz. De los detalles léxicos, las inflexiones de cada pueblo que contó (cuenta) estas historias. Como dice D. Link que decía Barthes: "una voz es la superficie de contacto entre un texto y una vida".

12 oct 2024

Una voce...

Anoche escuche una voz que me encantó. 


        Fue en una lectura de poesía. Muy buenas poetas, muy buenos. La escucha de poesía suele requerir una concentración enorme que lleva, hablo por mí, a una marea con picos de atención a navegaciones imprecisas de distracción y, depende de la situación, alegría en esa indeterminación de escucha y silencio. 

        Sin embargo esa voz nocturna no me permitió escuchar los poemas ¿o sí?: fue el instrumento (musical) que me concentró alrededor de la escucha, de tal manera que, más allá de entonaciones, acentos y hasta ritmos (no sólo un ritmo), la cadencia del sonido, los armónicos de la voz, que la hacían confluir en una de las tesituras más sensuales que conozco, la de contralto, me subyugó de tal forma que la forma del contenido, necesaria para la articulación verbal, se convirtió en la excusa de la música que esa voz me transmitía. 

        Al decir “voz” me refiero al sonido de las coordenadas del mundo que confluyen en un cuerpo y – porque algo pude escuchar, el linaje familiar, el paso de los pueblos, la vida– todo lo que alrededor del cuerpo –de la cuerpa, como dicen algunas amigas–, huesos y cartílagos, piel y pelos, altura e intensidades, etc., que se arremolina en esas cuerdas frágiles que el aire mueve y una caja de resonancias, alta y única, que hace vibrar de nuevo hacia el aire. 

        No podemos ubicar la voz en ninguna parte específica de nuestro cuerpo. Como escribió Fogwill: “un instrumento musical hecho de carne tibia”, el cuerpo es el instrumento musical (donde musical contamina y deja en segundo plano a "instrumento") que emite a la voz. 
Entonces, en la noche de los sonidos, esa voz hermosa, bien colocada, además; llena, como la voz de quien canta, una voz colorida y apenas opaca, muy pocos agudos plenos, aunque presentes, se sobreimprimió a las palabras y se convirtió en una perfomance, digamos así: una acción artística táctil –escuchar es una extensión, podríamos decir, del tacto–, una obra de arte efímera, intensa y amorosa. 

*
La voz es la posibilidad de la humanidad, asegura Agamben, y los dadaístas pensaron obras desesperadas en tiempos de guerra para, tal vez, rescatar lo único que merecía ser rescatado del desastre. 

“Echos” (1978), de la compositora Beatriz Ferreyra, pionera en las grabaciones de música concreta en el siglo pasado, es el registro amoroso de una voz. La compositora grabó a una joven cantante, Mercedes Cornu, su sobrina, además, interpretando canciones folklóricas para el film Homo Sapiens de Fiorella Mariani, sobrina de Roberto Rosellini, a quien lo dedica. Poco tiempo después de esas grabaciones, la muchacha muere en un accidente de tránsito. Dice Ferreyra en una entrevista
 
Entonces llegó esta chica, una sobrina que quería ser cantante. La grabé un poco con la guitarra, la cual tocaba muy mal, y otras cuatro piezas a capella. Dos en portugués y dos en español. Eso fue aproximadamente en el 72. En el 77 me entero que ella falleció en un accidente de moto, no sé dónde pusieron auto, pero fue moto. Al enterarme del accidente, yo tenía su voz grabada, inmediatamente supe que tenía que hacer esta compleja pieza con su voz, para que ella pueda seguir cantando. Y hace 40 años que sigue cantando. 
 
           Ferreyra quiso conservar la voz de la joven cantante y, con una estética particular (un sonido de época), destacó los contornos, las pequeñas articulaciones, las risas, los suspiros, todos los bordes de aquella voz, melancólica ahora en su fantasmagoría, conservada entre las distorsiones de las cintas magnéticas, eso robustos archivos fragilísimos que se destruyen con el paso del tiempo (recuerdo aquella aceleración de la cinta que les dictaba la misión a los agentes de la serie Misión Imposible, famosa hace miles de años). A la breve vida de una voz, Ferreyra superpuso las armonías que estaban y no estaban ahí, como una escritura –con los inesperados cortes y articulaciones–, sobreimprimió, eco sobre eco, ceniza sobre ceniza, las canciones no dichas y grabadas a capella en esa tarde irrepetible que esta pieza musical evoca en la suplencia (la grabación “está en lugar de”) y es la posibilidad de la voz, de la manada de muchachas que hablaban en aquella mujer (Ferreyra/ Cornu). 

        

        Escuchar una voz es escuchar que la voz se apaga. Tanto a las monumentales óperas wagnerianas (por poner un ejemplo), como a la muchacha cantante y a la voz de anoche, las enmarca el silencio. Pero otro silencio, como decía Daniel Barenboim en una entrevista: “si tuviera que elegir el momento más importante de Tristán e Isolda, elegiría los segundos antes de que comience la música y los finales, luego de que toda la música ha concluido”. ¿Qué es ese silencio? Es el apagarse de la orquesta (el “goes out”), de los instrumentos y las voces y sus resonancias apenas audibles, pero presentes, que se apagan en ondas que tienden a irse en partículas cada vez más pequeñas. Es una pequeña muerte, por eso es hermosa. 

No quiero hacer una distinción entre lengua y palabra, a partir del sonido. Los componentes del sonido no son rasgos pertinentes de la lengua, señalan Deleuze & Guattari, y proponen: “no cesamos de pedir que se deje abierto lo que se discute, que se rechace cualquier supuesta distinción” (Mil mesetas); la voz es un devenir, en la lectura de poesía, en la poesía, es un incesante ir y venir entre el cuerpo y la letra. 

        Encantado anoche por el poder erótico de una voz, escuché su musicalidad y no alcancé a escuchar su devenir, sólo acompañé la dicción musical de otro mundo: el silencio (y el ruido) que se filtraba entre las palabras, las estrofas, los poemas en el contorno de la voz que leía. Insisto, no su cadencia, que era bastante trabajada y “conocida”, sino el grano de la voz: el punctum, toque de esa voz emitida con precisión que me alcanzaba. 

        En el pasaje entre voz y sonido, entre aquella vida y aquella parlante que leía, me perdí un poco y no pude escuchar los poemas. O, tal vez, sí pude escuchar. 

*
Dos contraltos 

 


17 sept 2024

Ya no hay vergüenza...

Il tempio etrusco (work in progress)

16 sept 2024

Gramilla



(fragmento) 

13 sept 2024


De un poema de Roberta Iannamico. 
 

20 ago 2024

Disco Wilcock y el amor a Roma

 Escribí sobre Disco Wilcock, el extraordinario libro de Manuel Ignacio Moyano Palacio. Se puede leer acá: 

https://revistaprause.blogspot.com/2024/08/disco-wilcock-amor-roma-diego-carballar.html 


8 ago 2024

Infancia e historia

"Literatura en el Nivel Inicial. Dos propuestas de Escuelas Lectoras".

Desde hace muchos años, trabajo en un programa educativo llamado Escuelas Lectoras. En el Nivel Inicial, con chicos/as y docentes, trabajamos la narración oral y los cuentos de hadas.

Acá, algo breve acerca de nuestra experiencia (ojalá se pueda bajar desde este vínculo...): 

https://buenosaires.gob.ar/sites/default/files/2023-11/022-agosto2023.pdf