I
Ligeti decía algo así como que el serialismo -la total predestinación de la forma musical (¿valga la redundancia?) -el ajuste algorítmico, el preseteado de todos los sonidos, alturas, modos: todos los valores valores-, más allá de sus logros (a mi me gusta la armonía, inestable, de poca duración que consigue) y virtudes- para los oídos y cuerpos de la mayoría de los mortales, suena como un azaroso e inexplicable ¡capriccio stravagante! Como si quien tocara una pieza serial fuera un loco malo y no un intérprete de una obra furiosamente ordenada. El camino laboratorista de los músicos seriales -hechizados por lo que piensan que es la materia en sí- se aparta de la escucha "de fondo", y de cualquier masividad. Pero hoy todo es violentamente pop: aun esos geniecillos de la IRCAM, y yo puedo experimentar cierto diletantismo mientras escucho alguna de las sonatas de Boulez.
Desafiar tantas maneras de composición para quedar hechizados ante el altar del Sonido, los hace monjes extraviados en el delirio, habitantes del desierto de aquel siglo pasado (nauseabundo).
Laiseca critica la idea de un arte abstracto, "para abstracciones tenemos la eternidad" dice. La música serialista es música de demonios: agentes intermedios entre la materia y las formas del más allá.
II
El serialismo es una comunidad. Pero extraña. "A quién le importa lo que yo haga", se opuso a las formas y las maneras de la escucha.
Pienso que, tal vez, Locus solus podría considerarse un ejemplo de literatura serialista. Aunque anterior en el tiempo, podría servir como ilustración de los avatares de la composición serial, del lenguaje puesto en laboratorio. El juego de palabras le servía a R. Roussel para condensar y diagramar las posibilidades de la historia, o que esa misa arquitectura fuera la historia. A partir de una serie (sintáctica) se organizaba todo lo demás, y la estructura de la novela surjía, finalmente, de una disciplina maquínica (y, por lo tanto, inhumana). Su cimiento es producto del orden demoníaco que la alborota.
Lo sé porque me lo contó mi hermano: una línea en serie de producción es un devorador de hombres, cuando una máquina se aparta del orden (pequeñito) que la compone. Cuando la máquina desvaría, el sistema se hace mortal. Podemos pensar al serialismo como un sistema que rompe con el orden de las notas musicales, para crear su caos ordenador. El juego de palabras es un juego de notas, valores e intensidades que fija todos los acontecimientos.
Además, ese lugar apartado (locus solus) que visita un grupo de iniciados (y discípulos diletantes, que acceden a algo apartado, al fin) resultan como visitantes y habitantes de las maravillas que, serialmente, desfilan ante sus ojos.
Fue necesario, sin embargo, el infierno serial. Especialmente el de Webern, creo, el que parece una chispa sonora, el condensado que hiere el silencio y antes de incendiarse y morir, acaba.
IIIPor último, una cuestión de imaginar sonidos.
La tapa de esta edición de Locus Solus es similar a las tapas de los discos de música serial de los '50 y '60. A fines de los años '90, la maravillosa Sonic Youth editó una serie de discos iluminados con tapas de diseño equivalente. Las últimas de esa serie de grabaciones tienen más que ver con cine de vanguardia pop (?), pero esa, ¡esa...
youth against fascism!