27.2.12


Esa chica tiene los brazos en cruz
en la pista de cemento
y se detiene, menos de un segundo,
en el aire y respira.
Esa chica tiene los brazos en cruz
para hacer el paso delicado
-yo la vi caer y levantarse,
dejaba una figura increíble,
no sé en qué parte del cielo-.
Pone los brazos en cruz y muere,
pero no muere, ¡qué se va a morir!,
es mejor que la cruz
de plástico que ayer levantaron
en la plaza y no sé quién la quemó.


18.2.12


Y volví sobre algunos frases de Barthes; frases que, de alguna manera, textualizan un “devenir música” (es entonces la voz de un enamorado la que habla) y erotizan el texto: lo rozan en un puctum de lectura, cuya forma es el lied, la canción romántica alemana. Una significación esquiva y significativa (música y palabra). Una retórica deseante; como creer en Dios: la carencia en la que toda significación se aloja.

15.2.12

Proust. Dos escenas de música nocturna (nuestra música)


Abrí la ventana sin hacer ruido y me senté a los pies de la cama; no me movía apenas para que no me sintieran desde abajo. Afuera también las cosas parecían estar inmóviles y en muda atención para no perturbar el claror de la Luna, que duplicaba y alejaba todo objeto al extender ante él su propio reflejo, más denso y concreto que él mismo, y así adelgazaba y agrandaba a la par el paisaje, como un plano doblado que se va desplegando. Movíase aquello que debía moverse, el follaje de algún castaño. Pero su estremecimiento minucioso y total, ejecutado hasta los menores matices y las extremas delicadezas, no se vertía sobre lo demás, no se fundía con ello, permanecía circunscripto. Expuestos sobre aquel fondo de silencio que no absorbía nada, los rumores más lejanos, que debían venir de jardines situados al otro extremo del pueblo, percibíanse detallados con tal "perfección", que ese efecto de lejanía parecía que lo debían tan solo a su pianissimo, como esos motivos en sordina tan bien ejecutados por la orquesta del Conservatorio, que, aunque no perdamos una sola nota de ellos, nos parece oirlos fuera de la sala de conciertos, y que hacían a todos los abonados antiguos -y también a las hermanas de mi abuela cuando Swann les daba sus billetes- aguzar el oído como si oyeran el lejano avanzar de un ejército en marcha que aún no había doblado la esquina de la calle de Trévise.

(Por el camino de Swann, p. 47)

*

En mí se han deshecho muchas cosas que yo creí que durarían para siempre, y se han alzado otras nuevas, preñadas de penas y alegrías nuevas que entonces no sabía prever, lo mismo que hoy me son difíciles de comprender muchas de las antiguas. Hace mucho tiempo también que mi padre ya no puede decir a mi mamá: "Vete con el niño". Para mí nunca volverán a ser posibles horas semejantes. Pero desde hace poco otra vez empiezo a paercibir, si escucho atentamente, los sollozos de aquella noche, los sollozos que tuve el valor de contener en presencia de mi padre, y que estallaron cuando me vi a solas con mamá. En realidad, esos sollozos no cesaron nunca; y porque la vida va callándose más en torno mío, es por lo que los vuelvo a oír, como esas campanillas de los conventos tan bien veladas durante el día por el rumor de la ciudad, que parece que pararon, pero que tornan a tañer en el silencio de la noche.

(Por el camino de Swann, p. 51-52)

7.2.12

Hacer verdaderamente sonoras las potencias de la tierra

La canción de las muchachas de Das Lied von der Erde expresa la alegre emoción que siente un paseante "oriental" ante la presencia (la sombra) de unas muchachas en flor que juegan despreocupadas bajo el abismo de la luz del sol.
Esta encarnación tiene su antecedente “clásico”: el canto de las sirenas como llamada hacia la tierra (el peñasco que hace encallar); la promesa de una primavera desmoronada.
Th. Mann, en Doktor Faustus, también cuenta la historia de una demolición a partir de lo que sería, en el siglo XIX, un “canto de las sirenas”: Leverkühn es contagiado –la metáfora de la enfermedad es ineludible para pensar a la música tocada por el delirio de la forma- por una muchacha enferma de sífilis. (A sus canciones de amor loco, Wilcock las llamará con el nombre de un ciclo de canciones de Hugo Wolf: lo angelical trae el delirio, la confusión ("Pensé que era parte de Tu Reino, no me puedes culpar porque la amé").
Orfeo (la figura que inicia la ópera y que, de alguna manera todavía domina las legislación del arte) deja morir a la muchacha, porque la necesita muerta para hacer (poetizar) su música (Puccini, etc.).
Es hacia oriente (no podía ser de otra manera: de allí es el misterio) que Mahler escribe su canción de los dolores sobre un Oriente imaginario (para de Certeau, siempre habría un oriente, aun sin cruzáramos el Océano Pacífico y todos sus levantes).
Las niñas de la canción de la tierra sufren en su desventura feliz. Es evidente: morirán, serán abandonadas o mutiladas por aquellos que cuentan su historia o los poetas que programan sus desdichas. Bueno, siguen bailando en un manojo de eventos espectaculares y estúpidamente delirantes.


1.2.12

El rosario en el cuello de Tinelli

Las niñas están velando las armas.
Las niñas del conurbano velan,
cada una lleva un celular
encendido y esa luz tenue
repite en la vereda
que cada niña vela en la luz que le toca.
Las niñas están velando armas.
Cuando amanezca, les traerán
cajitas con comida
a estas niñas que velan.
Dos mujeres se acercan
a preguntar por el que viene
a las que aún están despiertas.
En los vestidos, ritmos
de esplendor plateado (los álamos),
letras que el viento a las espigas
hiere con besos rudos (su musiquita, que insistente
traía -a los severos templos de las catedrales más débiles-
la fortaleza de esas niñas y el brillante pliegue) del sol.
En los vestidos, ritmos
del mundo traducidos por las manos
de mujeres que miran las catástrofes
del dinero, las cuentas
del rosario en el cuello de Tinelli,
y la sangre en el cuello, 
y las pibas calladas
en el asiento de atrás
de un coche fúnebre, quemadas
por el ruido sibilante
de las luces cromadas,
la silenciosa estrella Sirio
(¡ay, niños!) que en el cielo se quedaba
en la capilla de las antenas.
Nadie recuerda qué hacemos aquí.
Hemos visto a los ángeles y somos
testigos de los ministerios
de Dios. No las he visto
bajar los ojos negros, con el rimel
pintados, decir: ecce anquilla,
en los cañaverales
que brutales imitan
el esplendor de las espadas
que derrocaron a los capos
de la playa oeste.
Cualquier pastito es una ruina,
hoy no es un día cualquiera:
no ha caído ningún mercado asiático
y en occidente, una niña
ha vencido al guardaespaldas
de los anteojos espejados.
En la clínica, el ardor
de las muchachas que lloraban 
por el espíritu de su provincia:
“sostenías la luz del mundo”,
les cantaban y les cambiaba
el color de los labios; ellas: duras.
El corazón tiene la lengua
sensitiva y se vuelca
sobre cualquier pecho, telitas
de luz made in la China.
Letra, espíritu, caridad de las bikinis
y el beso. ¡Interprétenlas!,
son el mártir perfecto.
Desnuda tierra adentro
con los piecitos entre pastizales.
“La veíamos joven, y creímos en no sé qué
de la muerte, que su dominios...”.

24.1.12

Elías*


En el cielo, las rusas son los ángeles
-flacas y celestiales-
de ojos transparentes, mundiales
como las tractoristas
soviéticas de Elías
Castelnuovo.


* Libia (2011): Las mujeres que guardan a Kaddafi/ son expertas en artes marciales,/ y en el uso de armas de fuego,/ de armas blancas, en pilotear aviones,/ helicópteros y barcazas; son/ expertas en manejo de explosivos/ y francotiradoras entrenadas.

23.1.12

Giacinto Scelsi - Antifona



Esta antífona está inspirada en el antiguo canto romano. Se trata un larguísimo canon sobre una melodía que se desarrolla y varía muy levemente; al finalizar, se construye una polifonía "minimalista" sobre una distancia mínima entre las voces. Una extraña religiosidad en el límite del mundo occidental y oriental. Música de fronteras lejanas, para pensar en el movimiento de la luz entre los árboles (antes de que te echen del parque o a la hora en la que abre por la mañana), que están lejos y cerca.
Quisiera escribir algo sobre Scelsi, pronto.

6.1.12

"Y las palabras serán siervas de una extraña majestad. Es todo extraño" *


"Aristóteles escribió que la psyché -en latín el anima, en francés el aliento [souffle] - 
es como una tablilla en la que el sufrimiento se escribe.
La música viene a leer allí". 
(P. Quignard, Butes, trad. M. MOrey y C. Pardo, Madrid, Sexto Piso, 2011)

Estoy escuchando a un coro estoniano que canta obras sacras de la liturgia ortodoxa rusa. Soy un esnob, aunque no me siento un esnob. Se trata de un disco que quería tener desde hacía años, que me había bajado de Internet con un sonido más o menos mediocre y que, finalmente, compré. Lo compré porque lo quería desde hacía muchos años; y porque todavía la mercancía del CD me encanta de alguna manera. Hoy hace 37º de calor en Buenos Aires. Las voces que cantan el antiguo Salmo de David en ruso (copio del cuadernillo), Na Rekakh Vavilonskikh; aquel poema que San Juan de la Cruz reescribió (Super flumina Babylonis). La resonancia de las voces es un elemento importantísimo en estas obras. En general, masas corales sin grandes estructuras polifónicas; obras que se apoyan en la palabra, dicha (cantada) con precisión, en un tiempo que no es de este mundo (o sí, el tiempo de nuestra memoria). Supongo que el uso de la resonancia tiene que ver con la monumentalidad del acontecimiento litúrgico ruso. Pero también, esa resonancia es levemente trágica. Las potentes voces del coro se deshacen en sus armónicos y, aun en su furia, se apagarán. Mariposas nocturnas hacia la luz o el calor del motor de un camión, en el instante antes de dejar su pequeña vida y aun en la vida. En esas resonancias, intento leer algo. Es el último aliento de las palabras y la música. Es verano, hace 37º de calor en Buenos Aires, donde si uno dice "Babilonia", es probable que muchos pensarán en la ciudad de "Babilón" del reggae, y no -tal vez- en la ciudad mesopotámica, madre de todos los exilios. Yo pienso en todas estas cosas sobre palabras que escucho, pero no entiendo. Son ondas de sonido que llevan y se arremolinan en mí, sin centro.

* Carlos Drummond de Andrade - "A Luis Mauricio, niño" (versión de Ramiro de Casasbellas)

19.12.11

Ritmos íntimos


Hace poco, en una cena divina, dos jovencísimos y brillantes licenciados (un joven y una joven) me pedían -después de haber oído mi lectura- que no cayera en las "palabras" cuando persiguiera ciertos temas (básicamente, esa imaginaria relación compuesta por Literatura y Música). Pensé que las palabras no eran un problema en mi planteo; pero como hablé de "música verbal" di lugar a una interpretación algo diferente a lo que quise decir. Hacer entrar a las "palabras" -me decían- sería dejar el plano de la inmanencia para caer en el oscuro reino de "lo conceptual". Me quedé pensando... 
En un momento, hablé de retórica -básicamente, de un figura retórica: la hipálage- para intentar explicar cómo Clarice Lispector "rozaba" la escritura de su última novela con una vida; lo hizo, dije, a partir de las posibilidades formales que la música le brindaba en espléndido (y terrible) vórtice que rozaba la escritura de la novela, en rica sinestesia, "contaminando" los atributos de la forma del relato con la vida inscripta en esa forma tocada por lo vivo
También, había yo citado un hermosísimo fragmento de Mil mesetas, en el cual leemos una aproximación a lo que sería el contenido de la música. Esto último es una apuesta muy alta de Deleuze & Guattari: fue ponerle el cascabel a la "esquiva" música, conceptualmente hablando, y lo hicieron de una manera contradictoria, pero con cierta luz que necesita de las palabras para decir su misterio (una luz mínima, porque salvo el mediodía de Kitezh, entrevisto en la noche oscura del alma, toda Lumière excesiva mata) .
No se trata, necesariamente, de una vía negativa ("muero porque no muero"): pero es con palabras que se puede transportar e iluminar ese misterio. ¿Cuál es el contenido de la música?. Las palabras son como el canto de las aves, si sabemos oír con atención. Solo por las palabras podemos creer que dominamos el flujo del lenguaje. No somos capaces de hacer verdaderamente silencio, decía Heidegger (que supo callar). No puedo, aun cuando quiera, si estudio literatura dejar de usar palabras. Aunque comparta lo que me ellos me decían -yo busco una voz-, también siento que sobre las palabras se inscriben las ondas lumínicas y sonoras (la idea es de Daniel Link) que sólo la literatura puede realizar. La fuerza y la intensidad de esas ondas (Clarice lo hizo en A hora da estrela) es lo que permite inscribir una vida en la literatura. Como ocurrió con ciertas obras religiosas a las que se les puso música (el Stabat Mater, bueno, la Misa): la música descorre los sucesivos velos que las palabras ponen en escena. En algunas formas fijas, como el ordinario, cada época inscribe su drama, patetismo, dolor y alegría, en formas musicales que leen, tal como nosotros leemos, las palabras. 
Es en el borde de las palabras (en el balbuceo, tal vez, en los deícticos que hacen entrar al lenguaje signos del afuera, en las figuras retóricas haciendo "sonar" al discurso sobre la extraña cuerda que hay entre las cosas) donde los cantos a ellas adheridos, como un resto latente de la canción de la tierra, la voix sacrée de la terre ingenue, rozan con particular intensidad -de las ondas a los rayos- el lenguaje semiótico de la humanidad y aparece así una voz (que es vida). (Quignard, en Butes, que es un lindo libro, aunque parece  una parodia de sí, describe a este sonido -el de un grillo, en Mallarmé- como el "viejo registro oral akritos soprano del mundo primero".) 
En el silencio entre las palabras -la segmentación es la herida de la vida en la escritura- es donde se puede inscribir una vida, dice Clarice. Ella sabía que no sería fácil, por eso estructura una imagen trinitaria en su última novela, una voz que es tres y es una (Clarice, Rodrigo SM y Macabea): para encarnar una imagen se debe recurrir a cierta retórica (en este caso, religiosa). Macabea, la pequeña ninfa nordestina de Clarice, es algo estúpida y principalmente musical, como Melisande: está hecha de fulgores mínimos, sonidos que son como la inminencia del sonido o la explosión supersónica -más veloz que el sonido-; Melisande y Macabea mueren sin pronunciar mas que palabras cuya densidad es la de la intermitencia de la luz impresionista.
Yo persigo una forma, chicos, y no hallo sino la palabra que huye... que lleva y oculta la vida, el ritmo de la tierra que salta en el tiempo del mundo. No quiero dejar la inmanencia, pero necesito la estética: la palabra rozada por la vida.

17.12.11

La ciudad invisible de Kitezh



Es cierto que la vía encontrada vuelve a perderse rápidamente; pero también es verdad que no se pierde definitivamente y que la volvemos a encontrar en todo momento, pues la impureza nunca es un estado y ningún hombre, por haber pecado una vez, merece el adjetivo calificativo de "impuro". No hay hombre tan hastiado, por corrompido que esté, que al menos no haya entrevisto una vez en su vida, y durante un divino instante, la Ciudad invisible de Kitezh, mejor dicho: la ciudad casi invisible, apenas visible y a veces misteriosamente audible cuyas campanas repican en la inmensidad de la noche, la ciudad cándida donde el sol del mediodía ya no proyecto la sombra de las cosas y donde la virgen Fevronia, vestida de luz y de lino inmaculado, hace su entrada entre las flores y las oriflamas. "Subo..., todo es blanco" (Le Martyre de Saint Sébastien, V.2: "El paraíso"). Esta Kitezh de luz está en el fondo de nuestros corazones: cualquier hombre puede encontrarla, en el espacio de una circunstancia y en la simplicidad de un corazón virginal y revivir de este modo la primera aurora del mundo: entonces, se convierte, durante un minuto, en el que va y avanza durante el día claro como si paseara por los campos.


Vladimir Jankélévitch - Lo puro y lo impuro, trad. J. M. Fava, Buenos Aires, Las cuarenta, 2010

8.12.11

Rubén Darío - La espiga



Mira el signo sutil que los dedos del viento
hacen al agitar el tallo que se inclina
y se alza en rítmica virtud de movimiento.
Con el áureo pincel de la flor de la harina

trazan sobre la tela azul del firmamento
el misterio inmortal de la tierra divina
y el alma de las cosas que da su sacramento
en una interminable frescura matutina.

Pues en la paz del campo la faz de Dios asoma.
De las flores urnas místico incienso aroma
el vasto altar en donde triunfa la azul sonrisa;

aún verde está y cubierto de flores el madero,
bajo sus ramas llenas de amor pace el cordero
y en la espiga de oro y luz duerme la misa.

6.12.11

Des Canyons aux étoiles...





Ayer, Matías leyó una ponencia acerca de ángeles y pájaros en las novelas de Pynchon, Faulkner y Conti (¡sí, esos tres!). Se conversó acerca de los ángeles como ministros de Dios y del emblema de la RAF.

Y como se habló de ángeles y pájaros y Dios, yo me acordé de Olivier Messiaen y su música teológica (¿arcaica, inactual, contemporánea?):


Por la mezcla de sus cantos, los pájaros hacen superposiciones (...). Sus contornos melódicos (...) superan en fantasía la imaginación humana. (...) es ridículo y vano copiar servilmente la naturaleza, vamos a dar algunos ejemplos de melodías tipo “pájaro”, que serán una transcripción, transformación, interpretación de los silbidos y trinos de nuestros pequeños servidores de la inmaterial alegría.

Messiaen, O. Technique de mon langage musical, citado en: Willems, E. El ritmo musical, trad. V. Hemsy de Gainza, Buenos Aires, EUDEBA, 1964, pág. 146

5.12.11

Una sed de ilusiones infinita...

El Adviento es el "tiempo de silencio", porque la tierra
está cubierta de nieve y no se puede trabajar el campo.
Recogimiento...
Esto demuestra lo necesario que es que alguna vez haya un Papa del sur de América (o de África). ¡Acá hace mucho calor!
Lo que esta inversión territorial significaría es muy difícil de mensurar.
Sería como un modernismo católico (el de Darío, digo).
Pensándolo bien: ¡Félix Rubén García Sarmiento debería haber sido el primer Papa de América!
Su Santidad, Rubén Darío I.


ITE, MISSA EST

A Reynaldo de Rafael

Yo adoro a una sonámbula con alma de Eloísa,
virgen como la nieve y honda como la mar;
su espíritu es la hostia de mi amorosa misa,
y alzo al són de una dulce lira crepuscular.

Ojos de evocadora, gesto de profetisa,
en ella hay la sagrada frecuencia del altar:
su risa en la sonrisa suave de Monna Lisa;
sus labios son los únicos labios para besar.

Y he de besarla un día con rojo beso ardiente;
apoyada en mi brazo como convaleciente
me mirará asombrada con íntimo pavor;

la enamorada esfinge quedará estupefacta;
apagaré la llama de la vestal intacta
¡y la faunesa antigua me rugirá de amor!

25.11.11

Los lectores peligrosos





(Texto leído en un encuentro con bibliotecarios de escuelas medias públicas de la Ciudad.)



Vivimos en un tiempo de peligros.


Vamos a mirar hacia atrás, o mejor dicho: vamos a leer, y leer es actualizar un texto: así que, digamos, vamos a leer un texto escrito en la década del ’30 del siglo pasado. Un texto, en primera instancia, no solo alejado en el tiempo, sino también en el espacio; pero que gracias a esta curiosa construcción de la que somos capaces -la lectura- vamos a poder traerlo a este lugar, a esto que llamamos “nuestro tiempo”.



Walter Benjamin, escritor y filósofo alemán al que podríamos llamar, como quería Nietzsche, un filósofo poeta, se preguntaba en el año 1933 qué pasaría con la capacidad humana de narrar, enseñar y realizar experiencia que había sido posible de compartir de generación en generación (a través de fábulas, cuentos, relatos),–el valor del trabajo, por ejemplo- y que se aprendía como un saber transmisible. Luego de la Primera Guerra Mundial, dice Benjamin, la gente volvía “muda del campo de batalla”; no enriquecida, sino más pobre en experiencia comunicable: ¿qué podría contarse qué fuera común, ya no a las generaciones, sino a las personas de un mismo lugar entre sí?



La atroz experiencia de la guerra había hecho enmudecer a todos y a esa ruptura de la palabra –porque la guerra se presentaba como una experiencia incomunicable- se sumaba el vertiginoso desarrollo de la técnica, que barría y transformaba día tras día el entorno en el cual se estaba viviendo.



Si la guerra había sido una experiencia hasta entonces, la guerra de trincheras la había desmentido; si la economía había tenido una experiencia, la inflación la había desmentido; si el cuerpo poseía experiencias, el hambre y las condiciones extremas las había desmentido. Si consideramos que en el año 1933 el nazismo accedía al poder, tenemos un panorama terriblemente desolador: era un tiempo de peligro.


Benjamin escribe:



Una generación que había ido a la escuela en tranvía tirado por caballos, se encontró indefensa en un paisaje en el que todo menos las nubes había cambiado, y en cuyo centro, en un campo de fuerzas de explosiones y corrientes destructoras estaba el mínimo, quebradizo cuerpo humano.



Sin embargo, en este mismo texto (“Experiencia y pobreza”), Benjamin parece retomar lo que decía un célebre poema; y ante la barbarie, él ve una posibilidad, no de una nueva cultura, sino de una nueva risa, de una nueva existencia.



En el año 1803, el poeta Friedrich Hölderlin escribió el poema "Patmos", que comienza diciendo:



Cercano está el Dios,

y difícil es captarlo;

pero donde hay peligro,

crece lo que nos salva.



Vivimos en un tiempo de peligros, ahora, en este turbulento siglo XXI (pleno de guerras, crisis, tecnología que parece arrasar con todo lo que sabemos…): ¿es todo muy diferente de aquel 1933 que hemos leído?; pienso en las nociones de Benjamin o en los versos de Hölderlin y frente al dolor y la desolación me pregunto: ¿quiénes son los lectores más peligrosos y amenazados para estos tiempos?



Leer es desplegar y abrirse a la constelación o, simplemente, al manojo de referencias, citas, vivencias que poseemos; leer es dar vida (nuestras vidas) a un texto y ponerlo en consonancia con lo que vivimos, hasta con lo que no sabemos.



A mediados de la década de 1970, Roland Barthes escribió:



¿Nunca os ha sucedido, leyendo un libro, que os habéis ido parando continuamente a lo largo de la lectura, y no por desinterés, sino al contrario, a causa de una gran afluencia de ideas, excitaciones, de asociaciones? En una palabra, ¿no os ha pasado nunca eso de leer levantando la cabeza?



Para Barthes, la lectura era una toma de posición, una forma, y (paradójicamente) una forma inagotable. Barthes no estaba metaforizando: cuando estamos tomados por cierto tipo de lectura, dice, “levantamos la cabeza”. Como lectores, le damos cuerpo al texto. El lector hace ingresar el cuerpo a la lectura. Utilizada hasta el hartazgo, sin embargo la noción del cuerpo es la apropiada para pensar a los lectores; ¿qué es el lector de un libro, sino la posibilidad de un cuerpo?, ¿cuántas veces hemos leído acerca de una erótica de la lectura? Ese frágil y quebradizo cuerpo humano es el que aporta, enriquece y abre lo que la composición del texto entrega como material para su estremecimiento: la lectura aporta otras ideas, otras imágenes, otras significaciones, escribe Barthes; la lógica de la lectura es diferente a la de las reglas de la composición. La lectura se da y alcanza su forma en el cuerpo. Asociada con un rito personal e íntimo, pensar a la lectura en situaciones donde haya posibilidad de compartirla, es pensar en desplegar la voz y crear un ámbito de escucha.



Levantamos la cabeza y leemos; y leer es apropiarse de las palabras y de los discursos. Leer es construir sentido. Es aquello que Benjamin pensaba que nunca podría no perderse como capacidad humana, aunque pareciera perderse la cultura. Frente a los conflictos, el espacio que la lectura habilita es el del reconocimiento. La lectura nos permite vivenciar en palabras. Somos incapaces de hacer silencio, necesitamos a la poesía para habitar en el mundo.



Si podemos leer un viejo texto de 1930, es que hay caminos, tramas que se sostienen más allá de la violencia; tramas que se desarrollan –en relatos, poemas, canciones- a través de diversos soportes (¡los nuevos soportes!). Vivimos en una sociedad saturada de medios de comunicación (¿alguien, acaso, se siente seguro si ha olvidado su celular?), vivimos en una sociedad en donde los signos -recuerdo las palabras que Juan Tapia me acercó de Marta Salotti (La lengua viva, Buenos Aires, Kapelusz, 1951)- se despliegan hasta la extenuación en su “siniestra irrealidad”; y, justamente, por este exceso, tenemos que entender que hay que leer; justamente, porque es un tiempo peligroso.



¿Quiénes son los lectores más peligrosos, entonces? Los jóvenes y los adolescentes. Ellos tienen la valentía para dejarse tentar por el canto de las sirenas, por el peligro que significa descender a los infiernos para buscar a Euridice y levantar la cabeza para buscar en el horizonte la posibilidad de ese juego. Y esa valentía, los pone en peligro. En la escuela secundaria, los dos primeros años son años de peligro –lo sabemos por las tristes estadísticas de deserción escolar, muy altas en esos años-; todavía con la niñez susurrando en la piel de un cuerpo en cambio: la sexualidad, la independencia, la tensión emocional, los dolores, los traumas, la desconfianza hacia los adultos, las nuevas tecnologías, todo es peligroso en la adolescencia. La escuela necesita crear el espacio en el cual la lectura pueda tramar, pueda susurrar “la irisada profundidad de cada frase”. La lectura sobrepasa nuestra memoria y nuestra conciencia: un texto olvidado, un texto desconocido, puede decirnos mucho. En la adolescencia, donde todo lo que sabemos lo podemos aprender, la palabra es la mejor manera de levantar la cabeza para ver. Pensamos en la voz (ya que hablamos de cuerpos) y pensemos en la voz de un joven compartiendo un texto con otro adolescente, o con algún hermano, sobrino, hasta con un hijo si llegara a suceder… ¿Cuántas posibilidades encierra esa imagen?



Vivimos en un mundo peligroso. ¿Pero de qué peligro estamos hablando aquí? No del peligro que los medios de comunicación o la industria del miedo despliega en una multitud de símbolos unívocos y cerrados. Unos de esos símbolos dice “joven” y se refiere a “peligro”. No pensamos en esos símbolos, sino en la necesidad (nos lo han enseñado Benjamin y Barthes) de convertir los signos del mundo en posibilidad, ámbitos de escucha y descubrimiento. Entonemos esos signos.



Barthes imaginaba a los textos como partituras musicales, y Daniela Azulay trabaja con los susurradores, extrañas máquinas del decir que recuperan el susurro del lenguaje que toda lectura revive. Juan Tapia narra cuentos y relatos en donde laten peligros milenarios (recordemos a Scheherezade, contando para salvarse de la muerte).


Leer es dotar de sentido, y ya en el cielo de las referencias abiertas que esta lectura me ha dado, comparto un gran poema barroco (de F. de Quevedo) sobre el cuerpo y el sentido; sobre los cuerpos que han conocido al sentido:


Cerrar podrá mis ojos la postrera

Sombra que me llevare el blanco día,

Y podrá desatar esta alma mía

Hora, a su afán ansioso lisonjera;



Mas no de esotra parte en la ribera

Dejará la memoria, en donde ardía:

Nadar sabe mi llama el agua fría,

Y perder el respeto a ley severa.



Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,

Venas, que humor a tanto fuego han dado,

Médulas, que han gloriosamente ardido,


Su cuerpo dejará, no su cuidado;

Serán ceniza, mas tendrá sentido;

Polvo serán, mas polvo enamorado.


Leemos y fugazmente (o de manera constante, no sabemos: ¿más allá de la muerte?) damos sentido. Damos y recibimos sentido; y el mundo, que era una selva oscura, áspera y fuerte, se nos muestra oscuro, áspero y fuerte, pero por las cosas que hemos conocido, por el bien que hemos encontrado, las queremos decir -y decir es compartir, y compartir es necesariamente escuchar: y queremos que otros se acerquen para decir las cosas que entonces descubrimos, que juntos podremos descubrir. Aun, en un tiempo de peligros como este tiempo; que necesita de lectores peligrosos.

(click en la imagen)

11.11.11

Messiah


The prophesy and realization of God's plan to redeem mankind by the coming of the Messiah

Accompagnato (Tenor or Soprano)
Comfort ye, comfort ye my people, saith your God. Speak ye comfortably to Jerusalem, and cry unto her, that her warfare is accomplish'd, that her Iniquity is pardoned. The voice of him that crieth in the wilderness; prepare ye the way of the Lord; make straight in the desert a highway for our God.
(Isaiah 40 : 1-3)

Air (Tenor or Soprano)
Ev'ry valley shall be exalted, and ev'ry mountain and hill made low; the crooked straight, and the rough places plain.
(Isaiah 40 : 4)

1.11.11

Léon Bloy (versión criptocatólica de Marosa di Giorgio)

Las rosas que tú cortas, son, a pesar tuyo, otros tantos ejemplares visibles de la Roca con pistilos de dolor, de donde surgiera la Fuente de Sangre que corre sobre ti, hará pronto dos mil años. Cuídate solamente de no pinchar tus lindos dedos, porque nada hay más parecido a la Corona de espinas que un ramo de rosas.


El zodiaco completo, el ataque a la propiedad privada (a los propietarios) y los desbordes delirados del varón francés: acá.

21.10.11

"No me maten, hijos míos"


Los cachetazos pasan cómo ráfagas, apenas alcanzan a verse las manos que golpean, salvo por el estremecimiento en el rostro del agredido; se pierden entre los estertores de la mala calidad de la imagen digital que da cuenta de ese momento. Como en los recitales de Justin Bieber, supongo, o en cualquier balneario, paseo turístico o parque temático: las cámaras están registrando, multiplicando los velos de la realidad, siempre, en todo el orbe. En este caso, vemos un acontecimiento trascendente a nivel mundial: los últimos instantes de la vida de un hombre que generó la movilización de las fuerzas armadas de, por lo menos, cuatro potencias políticas y económicas. Estos breves segundos de imágenes, sin embargo, muestran la juntura de varios tiempos: el de la política mundial y la guerra (cuya movilidad implica ejércitos, burocracia, ingentes cantidades de combustible, tecnología, etc., etc.), el de la vida política de una (a la mirada occidental) "extravagante" dictadura al norte de un continente cuyas aguas tocan las aguas del mare nostrum -los papas también deben ser extravagantes, supongo-, y una vida ante la insensatez de la violencia. Como una línea de Apeles (según Agamben), esta imagen separa (o limita, mejor dicho) la línea que une lo político y lo vital, y traza un cuerpo que ya no está ni adentro ni afuera. De permanecer, lo hará como un símbolo más o menos oculto; su cadáver será enterrado en un lugar secreto para evitar las procesiones. Murió no como un héroe.
El tiempo que registran estas cámaras -con imágenes borrosas y nerviosas- es un tiempo que estaba cumplido: iba a morir; como un poema, un soneto, por ejemplo, que sabemos que terminará y cuyo tiempo cumplido es tramitado por la rima. La rima de la violencia cercaba ya la vida (le daba un cerco) de quien iba a morir. Hacía tiempo que se desplazaba, se movía entre diferentes residencias. La última guarida, parece ser, la encontró en un caño de agua, una alcantarilla: acurrucado, sin ningún ethos épico. Los aviones de las naciones en guerra habían dado con la caravana en fuga: la multiplicación de las imágenes se relaciona con la precisión devastadora de la máquina de guerra mundial.
No sé qué abismo o éxtasis puede sentir quien sabe que será asesinado o que está ante una muerte violenta. Tal vez, al verse a sí mismo como un padre o una víctima, una figura, clamó aquello de "No me maten, hijos míos". ¿Palabras propias de una épica, de un poema de guerra nacional ("Muero contento..."), finalmente?
El final de cualquier poema es una pequeña catástrofe.
Nada más alejado del cuerpo envejecido, golpeado, feo y ennegrecido de sangre y arena de este dictador (que vemos en el momento de su captura) que la imagen del rapto de una koré, esas niñas fugitivas que acompañan el misterio del tiempo y la palabra: niñas prerrafaelistas, "muchachas suspendidas frente a la muerte", chicas raptadas que en el momento del rapto dejan la huella del esplendor del mundo en su falta; las muchachas en flor y las niñas japonesas de la canción de Mahler no parecerían tener nada que ver con las imágenes de este hombre viejo, a punto de ser asesinado. Pero yo estaba leyendo un libro cuando vi la noticia de la muerte del libio, y algo de sentido quise encontrar. (Ahora, antes de subir esto, leo que el cadáver está en un congelador de un shopping...)
Silvio Mattoni rastrea con sensibilidad e inteligencia en Koré (Beatriz Viterbo, 2000) las ausencias que estas muchachas dejan sobre la palabra poética, intentando iluminar el misterio de "las doncellas del minuto" (J.L. Ortiz). La muchachita que "es casi un hilo por que respira el anochecer" (p. 79). También la lengua barroca -tan extravagante- fundaba su moral en el tiempo del rapto de la belleza. Ese breve tiempo es un tiempo anteúltimo, un tiempo que se percibe en la ausencia; o que en la representación de su ausencia hace trastabillar a "aquello que se llama real, y no es sino irrealidad incesantemente desmoronándose".
En estos extremos: la muerte de un dictador viejo y las imágenes poéticas en cuyo interior se desliza el dolor del mundo hacia "una playa vacía" se puede, sin embargo, percibir el misterio de un tiempo que se precipita hacia (que reclama) algún peligro -no sé si final, porque las predicciones acerca del fin del mundo se acumulan de tres a cuatro por mes-.
A Khadafi lo custodiaba un ejército de vírgenes suicidas, dicen los diarios y lo repiten algunas páginas repletas de imágenes extravagantes; como quien buscara protejerse de la muerte violenta, tentándola con el misterio de su víctima preferida.

14.10.11

Mi nostalgia egipcia

Cumpari Ninu, dintra ci aju 'nu pellegrinu
Ca mi fa ballari supra la luna...

27.9.11

¿Música? ¡No! No cierres mis heridas -mis sentidos- al infinito abiertas, sangrando anhelo.



Algunos de mis amigos ha muerto. Otros, como yo, están cansados; bastante lastimados por una pésima combinación de drogas baratas y mal alcohol en la primera juventud. A mí, tal vez, me hayan rescatado (digo "rescatado" como esa noción mínima, no tanto como salvado, sino como alguien que está de pie en el medio de una catástrofe) algunos buenos libros (o textos), poemas y una que otra canción a los que les presté la atención debida.
Muchos de mis amigos están bien, son divinos.

Hará unos, digamos, diez años, comencé a escuchar música "clásica". Música que podríamos llamar académica. Coincidió con mi (pésimo) recorrido por la Facultad de Filosofía y Letras. Un pobre recorrido debido a mi lentísima inteligencia adaptativa, y cierta insana tendencia romántica -¿qué sabía yo del romanticismo, sino una glosa muy pobre de revistas de divulgación?- que me llevó a elegir los programas, buscando la presencia de poesía en los contenidos (aunque esto contradijera a los hermanos Schlegel). Demorándome en no sé qué prejuicio, sin prestar atención a una muy pobre metodología de estudio. No fue la única razón, mi malentendida inteligencia: abandoné la carrera un par de veces (entre el 98 y el '01), período en el que me anoté en el profesorado de matemática y en la tecnicatura en jardinería: es que pretendía vivir en un jardín renacentista, ser el Ficino (quien especulaba sobre fármacos y música) o hacer que mi esquiva y pobre inteligencia aprendiera del crecimietno de las plantas, de las bifurcaciones (estaban muy de moda los fractales en esos años) de la matemática especulativa; y en ese jardín imaginario, plagado de largas veladas con amigos a la luz de la luna -por suerte, a veces pasó eso-, poder escribir seria y formal poesía de la expresión más íntima. Con semejantes antecedentes, enseguidita me sentí atraído por el imán del barroco español. Y como me fue bien (porque ya dejaba de ser un joven iletrado, tomando en cuenta cualquier dilatada perspectiva sobre lo que es un joven), intenté acercarme a una cátedra. No me fue muy bien... no sé si no me tomaron en serio o no parecí serio.

Desde fines del '99, pero con más insistencia desde el 2001, empecé a escuchar música clásica, decía. Primero, me maravillé con las voces; por supuesto. Lo que hasta entonces había sido para mí algo "sobreactuado" (¡qué mal que quedan las voces clásicas en el cancionero popular!), en este territorio era estremecimiento e imaginación. Me bastaba escuchar la voz de algún bajo ruso o alguna mezzosoprano especializada en el barroco para temblar de asombro (y cuando uno está asombrado, no puede mentir): olores, nombres, lugares e imágenes comenzaron a danzar delante de cualquier lugar en donde yo estuviera.

En las procelosas aguas del 2001 (la frase es de D. Link), aturdido por males de la razón (económica) y la moral, en largas horas en el colectivo 112 hacia el sur, o como un caminante solitario hacia Constitución para tomar un tren a Adrogué, a través de la zona Sur de la ciudad, caminando sólo para cansarme: en ese recorrido violento y muy solitario, la música me creaba un espacio que enmarcaba de ebriedad lejana la cruel realidad, y la acariciaba de verdad.

Como soy un hombre de letras, busqué libros, revistas de oferta que tuvieran escritos sobre música. ¡Ah, qué belleza leer sobre el Napoles de Pergolesi, debajo de los altos árboles que hay en algunas avenidas de P. Patricios! Es mentira, también. Pero en esas metáforas, en los grabados del jovencísimo autor del Stabat Mater latía una belleza adolescente y atleta, arrebatada de amor divino. Eso era suficiente, en aquel momento en el que debía perderme.

A los escritores barrocos, jamás los abandoné. Sigue intacto mi amor por Góngora, me sigue pareciendo extraordinario el genial (y oscuro) Quevedo (Góngora es la luz, aun la ceguera que el exceso de luz provoca; Quevedo es oscuro y mortuorio).

Debo cierta pasión católica (/tropical) a san Juan de la Cruz, y quisiera poseer la destreza técnica y gracia de Garcilaso -como veréis, todos autores que se enseñan en la academia. La escucha de voces (clásicas, todavía no oigo voces angelicales -salvo, tal vez (eso podría ser un "rescatado": un salvo, tal vez), cuando escucho algunas versiones del Stabat Mater con su levísimo pecado de voluptuosidad operística en rigores sacros) y la atención a los programas me llevó a cursar Lit. del Siglo XX, donde no hay sordos y a intentar una vez más el amor por las letras (y la vida).

Profundicé en la escucha de música aunque, sin amigas ni amigos músicos, a veces me siento muy solo. Es difícil disfrutar de la variación "clásica" sin alguien cerca. Salvo con los muertos, "oigo con los muertos". Sin embargo, como me gusta mucho la música vocal, pude recorrer aquellos oscurísimos sectores urbano, en donde la brillante polifonía de la gran música sacra puede alcanzar al nihilismo triste y derrotado del punki, en la sonoridad de una voz que roza mi oído.
Ese juego imaginativo (juego, en tanto disposición de valores e intensidades vitales) colapsaría frente a la imagen que despliegan, en general (pero aun cuando coincida, ¿qué importa?) las fotos y la representación icónica de la música en teatros, tapas de discos o los vestidos de las cantantes.

Pero la música (frágil, "esta herida no podría lastimar ni a un pajarito", y fascista) puede convencernos de la verdad de la nieve rusa en un agobiante atardecer en el Puente Alsina: tal el delirio que comete sobre los sentidos.

La vida es una mierda, la vida es hermosa. La frase musical puede decir una cosa o la otra.
Hace mucho tiempo que no veo a mis mejores amigos. El invierno me aísla y me cuesta viajar.
Espero al verano y su concierto barroco, las sonoridades fantasiosas de las noches breves, y su espléndida mentira de sonidos. Y buscaré la nieve de la música, en las últimas noches agobiantes del calor subtropical.


MÚSICA

¿Música? ¡No! No así en el mar de bálsamo
Me adormezcas el alma;
no, no la quiero;
no cierres mis heridas -mis sentidos-
Al infinito abiertas,
sangrando anhelo.
Quiero la cruda luz, la que sacude
los hijos del crepúsculo
mortales sueños;
dame los fuertes; a la luz radiante
del lleno medio día
soñar despierto.
¿Música? ¡No! No quiero los fantasmas
Flotantes e indecisos,
sin esqueleto;
los que proyectan sombra y que mi mano
Sus huesos crujir haga,
son los que quiero.
Ese mar de sonidos me adormece
con su cadencia de olas.
el pensamiento,
y le quiero piafando aquí en su establo
con las nerviosas alas,
Pegaso preso,
La música me canta ¡sí! ¡si! me susurra
y en ese sí perdido
mi rumbo pierdo;
dame lo que al decirme ¡no! azuce
mi voluntad volviéndome
todo mi esfuerzo.
La música es reposo y es olvido,
todo en ella se funde
fuera del tiempo;
toda finalidad se ahoga en ella,
la voluntad se duerme
falta de peso.

M. de Unamuno. Reflexiones, amonestaciones y votos.

14.9.11

Rilke y el Mesías

"Si le angustia y le tortura el pensar en la infancia, en la sencillez y quietud que con ella van enlazadas -porque usted ya no sabe creer en Dios, que está presente en todo ello-, pregúntese entonces a sí mismo, querido amigo, si es que de veras ha perdido a Dios. ¿No será más cierto
que nunca lo ha poseído aún? Pues ¿cuándo habría podido ser? ¿Cree usted que un niño pueda tenerle a Él, a quien sólo con gran esfuerzo logran llevar los que ya son hombres, y cuyo peso doblega a los ancianos? ¿Cree usted que si alguien lo poseyera de verdad, podría jamás perderle como se pierde una piedrita? ¿No le parece mas bien, como a mí, que quien lo poseyese, ya sólo podría ser perdido por Él?... Ahora bien: si usted reconoce que Él nunca se halló en su infancia, y que antes tampoco fue; si llega a sospechar que Cristo fue deslumbrado por su inmenso anhelo, y Mahoma engañado por su gran orgullo; si con espanto siente que tampoco ahora está presente, en este mismo instante en que de Él estamos hablando, ¿con qué derecho pretende entonces
echarlo de menos, a El que nunca fue, como a un ser que hubiese pasado y desaparecido? ¿Y qué le autoriza a buscarlo como si se hubiera perdido? ¿Por qué no piensa más bien que Él es Aquél que aun ha de venir, el que desde hace una eternidad está por llegar: El Venidero, fruto supremo de un árbol cuyas hojas somos nosotros? ¿Qué le impide proyectar Su nacimiento hacia los tiempos por venir? ¿Y qué le priva de vivir su propia vida, como se vive un día doloroso y bello en la larga historia de una magna preñez? ¿No ve cómo todo cuanto acontece es siempre un comienzo? ¿Y no podría ser esto el principio de Él, ya que todo comenzar es en sí tan bello? Si Él es El Más Perfecto, ¿no ha de precederle forzosamente algo menos grande, para que Él pueda elegir su propio ser de entre la plenitud y la abundancia? ¿No debe Él ser El Ultimo, para poder abarcarlo todo en sí mismo? ¿Qué sentido tendría nuestra existencia si Aquél a quien anhelamos hubiera sido ya?... Así como las abejas liban y juntan la miel también nosotros extraemos de todo lo más dulce para edificarle a Él. Podemos iniciarlo también con lo ínfimo. Con lo que menos presencia tenga -siempre que suceda por amor. Con el trabajo y luego con el reposo. Con un silencio. Con una pequeña y solitaria alegría. Con todo cuanto realicemos solos, sin partícipes ni seguidores, iniciamos a Aquél que no alcanzaremos a conocer, como tampoco nuestros antepasados pudieron conocernos a nosotros. Sin embargo, esos que hace tanto tiempo pasaron, están aún dentro de nosotros. Como depósito, herencia y fundamento. Como carga que pesa sobre nuestro destino. Como sangre que bulle, y como ademán que se alza desde las profundidades del tiempo. ¿Hay algo que logre arrebatarle la esperanza de llegar algún día a estar del mismo modo en Él, que es El Más Lejano, El Supremo?... "

Carta de R. M. Rilke a F. Kappus (fragmento) - Roma, 23 de diciembre de 1903

12.9.11

After sangre (determinado rumor, 2011)




DR >
2011 DR >; - contacto: bombo(a)determinadorumor.com.ar

¿Qué es Determinado Rumor?

DR> editorial digital que edita literatura contemporánea en formato ePub.

¿Cómo se distribuyen y se difunden los títulos del proyecto?

Todos los libros de DR> pueden descargarse de nuestra web desde tu computadora, teléfonos móviles o tablets usando los short links y los códigos QR que se encuentran en la página llamada “Determinado Rumor” que incluimos en cada uno de los libros.

Sebastián Morfes lanza un nuevo proyecto editorial de poesía y narrativa contemporánea en formato ePub. Publica mi larga tirada de versos endecasílabos blancos polirrítmicos , y versos de arte mayor; además del réquiem inmediato para una belleza kazaja.
¡Y hay libros de los admirados Horacio Fiebelkorn y Mariano Blatt!

2.9.11

Canzonetta - P. P. Pasolini

La Primavera duerme ligera
sobre la tierra frente al mar.
Ha muerto ayer por la noche,
y sin embargo es inmortal.

Mil veces yo he visto
su fin: pero ahora no sé
si es un tiempo del mundo,
o si es solamente luz.

Duerme. No vive y no muere: duerme.
Algo duerme, brillando frente al mar.

31.8.11

Asesinar a un instante, a la vida

Sólo por un instante, como los delfines, el lenguaje humano saca la cabeza del mar semiótico de la naturaleza. Pero lo humano, justamente, no es más que ese pasaje de la pura lengua al discurso; y ese tránsito, ese instante es la historia.
G. Agamben, Infancia e historia, A. Hidalgo, p.80

30.8.11

Vivo en la Unión Soviética de mi espíritu



Luego de la noche de sábado encantadora en la casa de A.M., junto a amigas y amigos (algunos de los cuales hasta entonces, apenas conocía por un intercambio muy amable por éste y algún que otro medio digital), me levanté -mi hígado es muy débil, espina de la carne- tomado por una resaca de dimensiones wagnerianas. Por suerte, hallé en casa a la paciencia y el amor, que me dejaron reponer y respetaron a este león vegetariano que refunfuñaba en su cueva por el esplendor esquivo de una noche ya ida.

Esa misma tarde de domingo me esperaba la presentación de Tristán e Isolda en el Teatro Argentino de la Plata.

Sobre esta obra (que quiso ser La Obra) se ha escrito muchísimo. Yo no la estudié (¡qué va!), ni profundicé en las verdades de sus misterios. Conocía las referencias en Baudelaire ("me parecía que aquella música era la mía", le escribió al compositor) y, claro, su influencia en Nietzsche; ambos resultaron atormentados por la furia deseante de esta "larguísima educación sentimental" contra la cual, el filósofo escribiría para siempre...
En fin. Yo soy un tonto que baila, nomás. Y nunca la había visto.
La noche anterior había bailado música mala y divertida; y ese domingo estaba yendo a ver el telón musical sobre el que se recortó la sombra de la modernidad. Uno de los últimos gestos de la cultura europea (Proust), el plano de los estertores de la voluntad. Antes de entrar a La Plata se puede ver la torre de la central termoeléctrica de Punta Lara, ¿queda algo de la modernidad en Tristán, o su puro artificio es vácuo e inservible? (Me informan que el Chipi Castillo -candidato a vicepresidente por el Frente de Izquierda- tuiteó que había ido a ver la ópera.) Esta obra es una suerte de "talismán" de la política cultural; lo sabían los alemanes del III Reich. Y el pequeño gran teatro de provincias puede presentar su logro para pintarlo de anaranjado.

La interpretación, para mí, fue sostenida e intensa; consiguió esos momentos en los cuales, el cromatismo (musical) se vuelve un color (tal la contaminación sonora de todos los sentidos), y hubo seguridad en los cambios de ritmo endemoniados de ciertos pasajes, por ejemplo. La guerra (porque se trata de guerra) entre los cantantes y la orquesta fue intensa; y se marcaron fuertemente los leitmotivs. La reconciliación en la muerte y transfiguración final, alcanzó el volumen que piden los tres acordes últimos. Los misterios de la recapitulación y la memoria que deben interpretar los músicos estuvieron en ese lugar donde acontece esta música, que se hace difícil señalar dónde es.
¡Qué difícil poner en escena lo que sería una escena que quiso ser todas las escenas del mundo, o que quiso forzar la verdadera apariencia para dar con la voluntad! La puesta de Marcelo Lombardero se basó en proyecciones sobre un telón entre los músicos y el público, en el que se alternaban las diferentes estancias. (Parafraseando a Auden, todas las puestas de ópera, todas las marcaciones teatrales, serían basura arty sin la música.) Esa "nada" de la imagen proyectada -que con sus artilugios podía simular con realismo "cinematográfico" un barco, una costa, un cielo estrellado- es el cuerpo de esta batalla contra el tiempo y la paz. El nihilismo se cuela por todas partes en Tristán e Isolda.

Entiendo a Bertolt Brecht y su oposición a esta obra-: ¿quién podría combatir contra las blancas juventudes hitlerianas (cuyos pajaritos amaron a Rilke, a Hölderlin), si fuera arrebatado por estas larguísimas brumas que hieren, lastiman y sanan? En éxtasis de amor, ¿quiénes podríamos agitar Weimar? Si la "antigua protesta de la música" nos promete una vida sin angustia, ¿qué otra protesta estaríamos dispuestos o seremos capaces de sostener?

La música de Tristán e Isolda sanó finalmente mi resaca; pero no alcanzó a curarme el espíritu. Mi cuerpo se curó, pero mi espíritu quedó lastimado por mis problemas (reales e imaginarios) cotidianos; pero me sentí mejor.
El peso melódico, la recapitulación armónica, nuestro amor por esa princesa que morirá de deseo en la célebre Liebestod (Muerte de amor) - la patética catarsis- nos obliga a desintegrarnos; y aceptaríamos morir, porque estamos felices. Sin embargo, como una humedad incontrolabe, la música o su fantasma inmediato aglutinará el polvo (¡ah, el polvo!) en el que se habrá convertido nuestra vida durante la sostenida (con sus correspondientes sopores y nervios) escucha de esta obra.

En verdad, sólo fuimos sensibilizados por "cositas lamentables y alemanas".
En el camino de regreso, la luz espectral de la torre de la planta termonuclear de Ensenada brillaba opaca sobre el oscurísimo cielo de la llanura pampeana. Pasarán muchos días hasta que pueda recuperarme de esta escucha y de la oscuridad, llena de presagios y leves luces, que vi al costado de la autopista durante el regreso.

16.8.11

No sé. Estoy perdido, también (Dos versiones del primer acto de Pelléas et Mélisande)

A la sugestión de la música, cuyo contenido esta ópera trata en forma extrema ("Melisande, una mujer-niña, un secreto, muere dos veces ("ahora le toca a la pobre niña"). La música nunca es trágica, la música es alegría. Pero sucede necesariamente que nos dé ganas de morir, no tanto de felicidad como de morir felizmente, desaparecer. ") se le asignan dos representaciones, dos voces y dos cuerpos.
Allison Hagley (en la versión del estado Boulez) la actúa más Lulú.
Y Kôzena interpreta una Mélisande medio animalita, nerviosa.
Las variaciones melódicas y armónicas son esos rayos de luz que persigue el narrador de En busca del tiempo perdido.
La cita de La canción de la tierra (Mahler) del post anterior pertenece a la misma banda de sonido. En el segundo video falta el final del acto I, y esas palabras con las que me siento tan identificado:
"No sé, yo también estoy perdido..."

11.8.11

Noche oscura del alma (Ruslana)

Si hubiera terminado con mi vida hace veinte
años, como Ruslana Korshunova
no habría visto hoy los árboles,
el rocío caído
en ellos, la respiración
agotada de esta mañana.
Sigo sin saber nada.
Nada sé: ¿que podría haber llevado
a una alta belleza kazaja a morirse en la calle?
¡Ay, princesa rojita!
Intenté pronunciar tu nombre
(y se me escapaba) entre pájaros
divinos–, el olvido
se parece a la huella
de tu cuerpo en vestidos
arrumbados y caros.
Ay, hombre consciente, católico,
¿qué sabés vos –decían los chingolos-
de la hora que cada día
sacrifica una muerte?
Caminaba indefenso
-un pobre niño ruso-,
a mitad de camino del modelaje
y la paternidad. No soy tibio,
soy una llama de amor viva.
No me importa la culpa,
estoy en esto por las víctimas inocentes.
La caridad es tal la oscuridad de este mundo.

30.7.11

25.7.11

Pop gnóstico

A la vez me desespera y me alegra.
Todos conocemos alguna chiquilla que baile así. Yo, que quisiera ser imperceptible, admiro estas fugaces demostraciones de vitalidad mimética; así como le escapo a cualquier murga. No puedo creer en un Dios que no sepa bailar. Yo vivía en un barrio muy pobre, y toda la imaginación bíblica quedó para mí orientada a este tipo de escenarios. Con telas parecidas vestimos a pastores, madonnas (¡Oh, ninfas de Judea!) y magos del oriente.
Lo de Judas es parte de una tradición que no alcanzó a la gran Iglesia, aunque trajo consigo el helenismo y pensó en las astucias de la sensualidad.
Me gustan las máscaras de la música, las coreografías del mundo. Dani Umpi (de cuyo Twitter saqué el video) decía algo así como que LG no se mete con María y sí con Jesús (no tengo idea) porque aquella es la Madre, la Pachamama, etc. No puedo profundizar en ese sentido, seguramente la figura de Maria tiene que ver con la tierra, con las fuerzas nutricias de la tierra; desmayada sobre el dolor del mundo, ecce puella...
En estas imágenes hay algo de la tierra en expresión ligera, como la brisa, la hierba, la niñez.
En ese destello (aun mundial), crece algo de lo que nos salva.



Visto en @daniumpi

23.7.11

"que hace pasar algo del No-ser a la existencia"



... que pudieran los ojos el camino
determinar apenas que llevaba.
Peinando sus cabellos de oro fino,
una ninfa del agua, do moraba,
la cabeza sacó, y el prado ameno
vido de flores y de sombra lleno.

Égloga tercera, IX (fragmento)
Garcilaso de la Vega

14.7.11

Martín Brauer y el lenguaje




http://www.rojas.uba.ar/

"Cómo hacer el humor con palabras": abierta la inscripción: 8 clases con vuestro más rendido admirador admirablemente rendidor los miércoles a partir del 10 de agosto de 19 a 21 hs. en Av. Corrientes 2038 (Centro Cultural Rojas), todo por un único pago de $200, que incluye la participación en el sorteo del viaje a Disney...

Cómo hacer el humor con palabras
http://www.rojas.uba.ar/cursos/cultura/letras_comunicacion.php

por Martín Brauer

http://www.rojas.uba.ar/cursos/cultura/letras_comunicacion.php

Este curso está dirigido a aquellos que quieren conocer los secretos del humor literario. Por lo tanto no es necesario ningún requisito previo para participar en el mismo. Como el curso es intensivo, se recomienda la asistencia a todas las clases y la lectura de todos los textos que se comentan durante el curso. Se leerán textos de Mark Twain, Chesterton, Edgar Keret y otros autores y se debatirá en torno a los siguientes ejes: ¿se puede hacer humor con cualquier tema?; ¿es el humor una herramienta libertaria? ¿el humor inteligente es menos desopilante que el humor básico? El objetivo del curso es que, al finalizar el mismo, el alumno conozca los principios básicos del humorismo literario y los pueda desarrollar en un escrito propio.

Martín Brauer es escritor y columnista de la Revista D’Mode.. Varios de sus relatos integran antologías de humor. La última publicación es La gracia de leer (De la Flor Editores, 2011). Es traductor del alemán y del inglés al castellano. Entre los autores que ha traducido se encuentran Martin Heidegger, Paul Celan y Loriot.

2.7.11

Carlito Azevedo


Por otro lado, nada me impresiona más en el mundo de hoy que las explosiones casi diarias de hombres-bomba, muchachas-bomba, coches-bomba, volando por los aires sinagogas o mezquitas, discotecas o trenes por todas partes; o las imágenes de inmigrantes muriendo, de hambre o frío, también en un casi insano intento de alcanzar “sus” paraísos, que se les presentan bajo la forma más concreta de un país rico, lo que me recuerda la frase “todo paraíso termina en una cerca de alambre de púas”; o incluso al cinismo de ciertas expresiones con las que los economistas y líderes políticos simplifican o mienten el mundo, como la terrible expresión “debajo de la línea de pobreza”, que sugiere en su falsa neutralidad, que lo que separa a millones de miserables de un estado un poco más digno de existencia es apenas una “línea”, algo tan frágil, y que en verdad oculta una población con la cual, por ejemplo aquí en Rio de Janeiro, la ciudad que más amo en este mundo, me deparo todo el tiempo.

Fray Luis de León - En la Ascensión

¿Y dejas, Pastor Santo,
Tu grey en este valle hondo, oscuro,
Con soledad y llanto;
Y Tú, rompiendo el puro
Aire, te vas al inmortal seguro?
Los antes bienhadados,
Y los ahora tristes y afligidos,
A tus pechos criados,
De Ti desposeídos,
¿A dó se convertirán ya sus sentidos?
¿Qué mirarán los ojos,
Que vieron de tu rostro la hermosura,
Que no les sea enojos?
Quien oyó tu dulzura,
¿Qué no tendrá por sordo y desventura?
Aqueste mar turbado
¿Quién le pondrá freno? ¿Quién concierto
Al viento fiero, airado?
Estando tú encubierto,
¿Qué norte guiará la nave al puerto?
Ay, nube envidiosa
Aun de este breve gozo, ¿qué te aquejas?
¿Dó vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!

17.6.11

Como si las estrellas se pusieran a cantar una tonadilla de cencerros de vaca, una tonadilla de pastor, o más bien al revés:

los cencerros de vaca se ven elevados de repente al estado de ruido celeste, o de ruido infernal, infernales.



"O", del Abededario de Gilles Deleuze (fragmentos)



¿Qué es, entonces, la verdadera gran música? En efecto, ésta me parece una operación, la operación «artista de la música», pero en realidad... parten de ritornelos, parten... no sé, hablo incluso de los músicos más abstractos... entiendo que cada uno tiene sus tipos de ritornelo. Parten de tonadillas, parten de pequeños ritornelos... hay que ver los... Vinteuil y Proust, sí, vaya... tres notas y luego dos: hay un pequeño ritornelo en el origen de todo Vinteuil, en el origen de... y del septeto –es un ritornelo. El ritornelo hay que encontrarlo en la música, bajo la música. Es algo prodigioso. Pero, en fin: ¿qué es lo que sucede? Bueno, un gran músico... por una parte, no coloca los ritornelos uno detrás del otro, sino que utiliza ritornelos para fundirlos en un ritornelo aún más profundo. Prácticamente todos los ritornelos de los territorios, de este territorio y del otro, pasan a organizarse en el seno de una especie de inmenso –hay que decirlo– inmenso ritornelo, que es un ritornelo cósmico. Todo lo que cuenta Stockhausen sobre la música y el cosmos, en fin, toda esa manera de retomar temas que eran habituales durante la Edad Media y el Renacimiento. A este respecto, yo soy muy partidario de esa especie de idea que dice que la música está en relación con el cosmos de una manera... bueno, consideremos un músico al que también admiro mucho y que me impresiona mucho: Mahler. ¿Qué es Los cantos de la tierra? ¡Los cantos de la tierra, no se puede decir mejor! Constantemente, como elemento de génesis, tienes una especie de pequeño ritornelo, que a veces se basa en dos cencerros de vaca...



... Schönberg, y me acuerdo de que, en aquella época, no hace tanto tiempo, podía poner las piezas para orquesta, pero quince veces seguidas, quince veces seguidas, era... conocía los momentos que me turbaban, y en ese momento, al mismo tiempo encontré a Berg y... entonces, él me hacía... sí, lo habría escuchado todo el día. ¿Por qué? Bueno, creo que era también una cuestión de relación con la tierra. A Mahler sólo le conocí mucho después. Se trata de la música y de la tierra, vaya. Si estudiamos eso en los músicos muy viejos, lo encontramos en todos ellos: la música y la tierra. Pero que la música arraigue en la tierra hasta tal punto, como sucece en Berg y en Mahler, es algo que me parece turbador, sí. Hacer verdaderamente sonoras las potencias de la tierra: eso era Wozzeck para mí. Se trata de un gran texto, porque es la música de la tierra, es una gran obra...

Claire Parnet:

Y los dos gritos; te gustaban muchos los gritos de Marie...

Gilles Deleuze:

Ah, los gritos. Bueno, para mí, hay una relación entre el canto y el grito en torno a la cual, en efecto, toda aquella escuela supo replantear el problema. Pero los dos gritos –no me canso del grito, del grito horizontal que roza la tierra... en Wozzeck.

Barroco para principiantes



De:...
Para: Diego Carballar
Enviado: lunes, 30 de mayo, 2011 20:31:18
Asunto: preguntas

hola diego, al final me cope con sorjuana, tengola poesia completa y un libro de octavio pas q como poeta no me cabe pero este es un libro sobre sorjuana q esta muy bueno y se llama las trampas de la fe.
bue, mi pregunta y pedido de ayuda e (espero no ser pesada y que me preguntes siempre cualquier cosa q necesites) es con lo de la metrica...
y el libro de paz no tira una al respecto ¿que onda, eran formas fijas que se usaban en ese momento?
tampoco se nada de gongora, que segun dice paz la influencia en cuanto a la forma
y de ahi pasamos al barroco. no se nada
hoy esuve leyendo unas entrevistaos s a lezama lima (en los famosos libritos celestes de cabecera) y me re cope.
¿estaran en internet esas entrevistas? busque sin exito
pero el barroco que es?
en lo que puedas ayudarme diego. algun concepto clave como pa encarar esto, algun texto muy pa principiantes

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De: Diego Carballar
Para:...
Enviado: lunes, 30 de mayo, 2011 22:57:07
Asunto: Re: preguntas

No sé...
Si no tenés idea, empezá por buscar en lo que te arroje google (y wikipedia). Lo mismo con la métrica -indispensable para tratar con esta poesía. Acerca de métrica podés conseguir muchísimo en internet. Qué sé yo: poné "métrica española siglo de oro" y buscá.
Si me preguntás algo más puntual, por ahí podré orientarte mejor. Como es una técnica, no hay tanto -o sí, hay muchísimo-, quiero decir: un soneto es un soneto, un endecasílabo tiene unas formas determinadas, en español, por el orden acentual (el endecasílabo sáfico -por la poeta Safo- lleva acento en cuarta, octava y décima)... Te copio un célebre poema de Góngora

Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido el Sol relumbra en vano,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o viola truncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

Barroco es un término muy amplio, de ninguna manera podría reducirlo aun mail, a esta hora... Es una manera de escribir (tal vez de vivir) que fue única y a la vez no deja de ser actual. Sería posterior al renacimiento español, una tensión de las técnicas, motivos, formas (los poetas españoles renacentistas clásicos son Garcilaso de la Vega y san Juan de la Cruz -aunque por la cuestión mística, san Juan ya se derrama en barroco); al renacimiento lo sigue lo que se llama barroco, y luego el manierismo. Góngora, que es el poeta barroco por excelencia, el más osado, el mejor de los delirantes cantores de la lengua, es -técnicamente hablando- un manierista; a lo último llega a un grado de sofisticación inaudito. Yo vivo pensando en Góngora y san Juan.
Aunque estoy escribiendo poco, no puedo escribir (debido a una serie de sucesos desafortunados) nada en poesía que no respete algún modelo métrico castellano (!)... ¡qué le voy a hacer!
En la base de la métrica está la poesía antigua, las vocales breves y largas (lo que sería en nuestro idioma sílabas tónicas y átonas). Vos, al componer canciones, hacés uso de estas técnicas. Nunca me fijé, pero estoy seguro que mucho de lo que escribís se amolda al ritmo de los versos ritmados. No creo, de ninguna manera, que esto explique a la poesía; sino que es una cárcel leve y breve que es música y que nos conecta con una comunidad de muertos, un rastro que aun hoy respira y se renueva.
(Vuelvo a recomendarte que leas lo que salga en una búsqueda sencilla, si me decís que no sabés nada... o que busques en el centro virtual cervantes y visites las páginas que tienen armadas sobre estos poetas; hay cosas buenas, muy buenas ahí). La lengua poética de Góngora fue determinante para la poesía de América (entre otras cosas, por sor Juana) y encontró en estas tierras un umbral que, luego de un par de siglos, conecta con la escritura de Lezama Lima, Severo Sarduy y Perlongher. Pero es necesario tener la experiencia de Góngora, san Juan, sor Juana, Quevedo por supuesto, ese misterio de la lengua que fue el Siglo de Oro español para afinar el oído.
Góngora, Quevedo, Lope de Vega, Calderón, el mismo Cervantes son milagros de la poesía que, por suerte, podemos leer directamente y paladear la belleza, sentirla cada vez que la leemos sin que nos la cuenten. Es poesía hermosa e interminable. Otro poeta, renacentista en este caso, se fray Luis de León. También, maravilla. El cielo es San Juan.
El contexto político de estos poetas era el del Imperio Español en una crisis financiera terrible, pensá que es alrededor de 1600 que escriben (algunos un poco antes, otros un poco después), el de la Contrarreforma -la reorganización de la Iglesia Católica -que perdería su poder secular-, la Inquisición, etc.), motivos políticos, religiosos, espirituales y culturales importantísimos (doy por descontado que el libro de Paz trata de esto) que tocan estos poemas.
Si son tan maravillosos es por la vida que late en ellos, por todo lo que resuena.
Por supuesto que, en última instancia, nada de eso importa; sino que importa la maestría con la que buscan la metáfora, el ritmo que ilumina la oscuridad de la expresión, dar con la materia que es la (desnuda) vida.
En fin, el tema me apasiona.
Para ordenar algo:
Buscá y leé (en este orden) sobre Renacimiento y Barroco. Garcilaso de la Vega, san Juan de la Cruz, fray Luis de León, Lope de Vega, Luis de Góngora y Argote, Francisco de Quevedo. Romance, Soneto. Versos de arte mayor. Versos de arte menor. Para el contexto: Contrarreforma. Poesía mística española.
Hay textos escolares sobre todo esto y es un vagón de dinamita.

Bienvenida al mejor de los mundos posibles.

Un beso,
don Diego de Carballar