12 oct 2024

Una voce...

Anoche escuche una voz que me encantó. 


        Fue en una lectura de poesía. Muy buenas poetas, muy buenos. La escucha de poesía suele requerir una concentración enorme que lleva, hablo por mí, a una marea con picos de atención a navegaciones imprecisas de distracción y, depende de la situación, alegría en esa indeterminación de escucha y silencio. 

        Sin embargo esa voz nocturna no me permitió escuchar los poemas ¿o sí?: fue el instrumento (musical) que me concentró alrededor de la escucha, de tal manera que, más allá de entonaciones, acentos y hasta ritmos (no sólo un ritmo), la cadencia del sonido, los armónicos de la voz, que la hacían confluir en una de las tesituras más sensuales que conozco, la de contralto, me subyugó de tal forma que la forma del contenido, necesaria para la articulación verbal, se convirtió en la excusa de la música que esa voz me transmitía. 

        Al decir “voz” me refiero al sonido de las coordenadas del mundo que confluyen en un cuerpo y – porque algo pude escuchar, el linaje familiar, el paso de los pueblos, la vida– todo lo que alrededor del cuerpo –de la cuerpa, como dicen algunas amigas–, huesos y cartílagos, piel y pelos, altura e intensidades, etc., que se arremolina en esas cuerdas frágiles que el aire mueve y una caja de resonancias, alta y única, que hace vibrar de nuevo hacia el aire. 

        No podemos ubicar la voz en ninguna parte específica de nuestro cuerpo. Como escribió Fogwill: “un instrumento musical hecho de carne tibia”, el cuerpo es el instrumento musical (donde musical contamina y deja en segundo plano a "instrumento") que emite a la voz. 
Entonces, en la noche de los sonidos, esa voz hermosa, bien colocada, además; llena, como la voz de quien canta, una voz colorida y apenas opaca, muy pocos agudos plenos, aunque presentes, se sobreimprimió a las palabras y se convirtió en una perfomance, digamos así: una acción artística táctil –escuchar es una extensión, podríamos decir, del tacto–, una obra de arte efímera, intensa y amorosa. 

*
La voz es la posibilidad de la humanidad, asegura Agamben, y los dadaístas pensaron obras desesperadas en tiempos de guerra para, tal vez, rescatar lo único que merecía ser rescatado del desastre. 

“Echos” (1978), de la compositora Beatriz Ferreyra, pionera en las grabaciones de música concreta en el siglo pasado, es el registro amoroso de una voz. La compositora grabó a una joven cantante, Mercedes Cornu, su sobrina, además, interpretando canciones folklóricas para el film Homo Sapiens de Fiorella Mariani, sobrina de Roberto Rosellini, a quien lo dedica. Poco tiempo después de esas grabaciones, la muchacha muere en un accidente de tránsito. Dice Ferreyra en una entrevista
 
Entonces llegó esta chica, una sobrina que quería ser cantante. La grabé un poco con la guitarra, la cual tocaba muy mal, y otras cuatro piezas a capella. Dos en portugués y dos en español. Eso fue aproximadamente en el 72. En el 77 me entero que ella falleció en un accidente de moto, no sé dónde pusieron auto, pero fue moto. Al enterarme del accidente, yo tenía su voz grabada, inmediatamente supe que tenía que hacer esta compleja pieza con su voz, para que ella pueda seguir cantando. Y hace 40 años que sigue cantando. 
 
           Ferreyra quiso conservar la voz de la joven cantante y, con una estética particular (un sonido de época), destacó los contornos, las pequeñas articulaciones, las risas, los suspiros, todos los bordes de aquella voz, melancólica ahora en su fantasmagoría, conservada entre las distorsiones de las cintas magnéticas, eso robustos archivos fragilísimos que se destruyen con el paso del tiempo (recuerdo aquella aceleración de la cinta que les dictaba la misión a los agentes de la serie Misión Imposible, famosa hace miles de años). A la breve vida de una voz, Ferreyra superpuso las armonías que estaban y no estaban ahí, como una escritura –con los inesperados cortes y articulaciones–, sobreimprimió, eco sobre eco, ceniza sobre ceniza, las canciones no dichas y grabadas a capella en esa tarde irrepetible que esta pieza musical evoca en la suplencia (la grabación “está en lugar de”) y es la posibilidad de la voz, de la manada de muchachas que hablaban en aquella mujer (Ferreyra/ Cornu). 

        

        Escuchar una voz es escuchar que la voz se apaga. Tanto a las monumentales óperas wagnerianas (por poner un ejemplo), como a la muchacha cantante y a la voz de anoche, las enmarca el silencio. Pero otro silencio, como decía Daniel Barenboim en una entrevista: “si tuviera que elegir el momento más importante de Tristán e Isolda, elegiría los segundos antes de que comience la música y los finales, luego de que toda la música ha concluido”. ¿Qué es ese silencio? Es el apagarse de la orquesta (el “goes out”), de los instrumentos y las voces y sus resonancias apenas audibles, pero presentes, que se apagan en ondas que tienden a irse en partículas cada vez más pequeñas. Es una pequeña muerte, por eso es hermosa. 

No quiero hacer una distinción entre lengua y palabra, a partir del sonido. Los componentes del sonido no son rasgos pertinentes de la lengua, señalan Deleuze & Guattari, y proponen: “no cesamos de pedir que se deje abierto lo que se discute, que se rechace cualquier supuesta distinción” (Mil mesetas); la voz es un devenir, en la lectura de poesía, en la poesía, es un incesante ir y venir entre el cuerpo y la letra. 

        Encantado anoche por el poder erótico de una voz, escuché su musicalidad y no alcancé a escuchar su devenir, sólo acompañé la dicción musical de otro mundo: el silencio que se filtraba entre las palabras, las estrofas los poemas en el contorno de la voz que leía. Insisto, no su cadencia, que era bastante trabajada y “conocida”, sino el grano de la voz: el punctum, toque de esa voz emitida con precisión que me alcanzaba. 

        En el pasaje entre voz y sonido, entre aquella vida y aquella parlante que leía, me perdí un poco y no pude escuchar los poemas. Tal vez, sí. 

*
Dos contraltos 

 


17 sept 2024

Ya no hay vergüenza...

Il tempio etrusco (work in progress)

16 sept 2024

Gramilla



(fragmento) 

13 sept 2024


De un poema de Roberta Iannamico. 
 

20 ago 2024

Disco Wilcock y el amor a Roma

 Escribí sobre Disco Wilcock, el extraordinario libro de Manuel Ignacio Moyano Palacio. Se puede leer acá: 

https://revistaprause.blogspot.com/2024/08/disco-wilcock-amor-roma-diego-carballar.html 


8 ago 2024

Infancia e historia

"Literatura en el Nivel Inicial. Dos propuestas de Escuelas Lectoras".

Desde hace muchos años, trabajo en un programa educativo llamado Escuelas Lectoras. En el Nivel Inicial, con chicos/as y docentes, trabajamos la narración oral y los cuentos de hadas.

Acá, algo breve acerca de nuestra experiencia (ojalá se pueda bajar desde este vínculo...): 

https://buenosaires.gob.ar/sites/default/files/2023-11/022-agosto2023.pdf

5 jul 2024

de Glitch (Cantata-Romance para cinco voces y sintetizadores baratos)

En estas dos escenas, la protagonista (Glitch) recuerda una noche en una discoteca. La primera vez que yo fui a una, se me apareció como si fuera un lugar ubicado entre el mundo de los vivos (arriba) y el submundo (abajo).  


XIII (Glitch)

 

Aquella noche en la que bajamos

para hacer las primeras armas

del atentado, no sabíamos

qué podía pasar

 

 

 

 

eramos tres, ninguna tenía miedo

pero tampoco esperanza

 

 

 

 

esa noche nos habíamos encontrado

con el paquistaní de encrespados cabellos,

que nos dejó un cargamento

que nos desviaría finalmente

de nuestro rumbo tan seguro,

y nos dejaría en este río

 

 

 

 

una vez que bajamos a Basis,

siempre cubierta por la oscuridad,

a la que nunca el sol desde arriba

jamás había tocado, aún en noche estrellada,

ella es sólo una noche que se extiende sombría,

me sentí mal, yo desnudaba del flanco

el agudo cuchillo que llevaba

porque me gustaba provocar

 

 

 

 

bebimos

 

 

 

 

todos los muertos bailaban

 

 

 

 

bebimos vinos dulces, finalmente, agua

 

 

 

 

esparcí la blanca harina, jurando

que al volver sacrificaría de mi casa

lo mejor que sobresaliera entre mis cosas

 

 

 

 

aplaqué con plegarias y votos

a las turbas de quienes que se nos acercaban,

pero les habría cortado el cuello con gusto

 

 

 

 

negras sangres entonces me asolaban entre esas

 

 

 

 

esposas y solteras, mancebos con mil pesadumbres leves,
y tiernas jóvenes con el ánimo afectado

por un dolor reciente y muchas heridas

por lanzas que dejaron su vida en la lid,

sus armas sangrantes,

 

 

 

andaban en grupos aquí y allá, a uno y otro lado,

con un clamor horroroso

 

 

 

 

yo, presa de lívido miedo,

les pedí a mis amigas que me contuvieran. 


*


XIV (Glitch)

 

Vimos llegar a Lón, mi amigo

–todavía yo no estaba tan mal–,

el de anchos caminos: “mi cuerpo insepulto”,

decía él, “y sin duelos”, exageraba

 

 

 

 

lloré cuando lo vi, porque estaba emocionada

y, como si otra hablara fuera de mí,

me escuché decirle: “Lón ¿cómo has bajado

a esta nebulosa oscuridad? ¿has llegado

antes a pie que yo en mi negra noche?"

 

 

 

 

el me respondió: “Glitch, divina y rica,

me perdieron mi suerte fatal

y el exceso de vino, yo bien sé que tu sólida nave

desde aquí pondrá rumbo otra vez

al islote de una mejor vida,

 

 

 

 

te pido, reina, que te acuerdes de mí allá,

te lo ruego, no me dejes allá en soledad,

sin llorar ni sepultar mi cuerpo vestido

de todas mis armas, y levantá una tumba

a la orilla del mar espumante que de mí,

desgraciado, refiera a las gentes futuras”

 

 

 

 

presté mi oído a sus súplicas, y le dije:

“cumpliré”,

 

 

 

 

                   charlamos, sentados, cambiando dolientes

y dulces palabras, yo protegía

con mi espalda la sangre y la sombra de mi amigo,

cuajado, alto de cruz y bien armado

 

 

 

 

las tremendas volteretas y las cornadas de su coraje

y la impavidez de su paso

eran la latitud de sus actuaciones nocturnas

 

 

 

 

en la geografía de su cuerpo,

se dibujaba el garabato de los revolcones

y esa sastrería me ponía celosa

y alerta cuando lo miraba

 

 

 

 

entonces llegó el alma de mi droga

a la sangre antes

 

 

 

 

“¿para qué viniste?” me preguntó,

“para que beba de la sangre y te diga la verdad”,

le dije, y me quedé aparte,

porque suelo fallar a veces

 

 

 

 

las regiones del alma son templadas

y relativamente delgadas, en parte sólo

por la distribución de las virtudes,

 

 

 

 

pero tienen una fidelidad excepcional

con la acústica de la voz que las emite

y encarna, ocasionalmente suenan

como un parloteo inmotivado,

aún detrás de las palabras:

 

 

 

 

un aleteo que puede ser más o menos

intrascendente o molesto

 

 

 

 

muchas veces, ese parloteo viene

con una musiquita que nos calma y acompaña,

como esta noche, en la que necesitaba

–por ese encuentro que me llenó de tristeza–

la compañía de esas regiones

 

 

 

 

me recuperé finalmente de las oscuras visiones

 

 

 

 

conversamos animadamente,

emplumadxs de amor

 

 

 

 

finalmente, partimos lejos de esos peligros

y permanecí en paz. 

26 jun 2024

Allí estuvimos







Llegó el día. Mejor dicho: la noche en la que Daniel Link dio su última lección en Siglo XX. Fue una clase brillante, como nos tiene acostumbradas (así, como dice él). Un recorrido deslumbrante, no sólo la clase de anoche, sino los sucesivos programas que compartí, ya que en un momento estuve muy cercano a la cátedra, en una suerte de larga adscripción. Todo duró un poco más de quince años, que se pasaron volando. Cursé la materia cuando mi hijo estaba por nacer. Hice una monografía sobre Doktor Faustus, de Thomas Mann, que nunca volví a leer (la monografía, por supuesto, la novela la leí un par de veces más). Y quedé totalmente deslumbrado por este profesor que nos enseñó a leer a Pasolini, a Kafka, a Beckett, a Pizarnik, a Proust, a Celan, a Lorca, a Bachmann... (¡cuántas horas felices de lectura y discusión!) y también por el equipo de cátedra, a la altura de esta inteligencia, del que me hice amigas y amigos y colegas, pero de quienes nunca dejé de aprender y admirar. Es un poco incómodo estar tan cerca de gente que uno admira tanto. Quiero hacer como si no importara, pero termino comportándome como un tarado. Anoche en el brindis, una dramaturga genial y simpatiquísima nos preguntó sobre nuestro recorrido hasta llegar allí, a esa noche. Un alumno le contestó que, aunque venía del Nacional, esta había sido la materia más difícil de la carrera, también con admiración lo decía. Yo dije que la más difícil para mí habría sido Teoría y Análisis "C", con Panesi, porque viniendo de una escuela técnica de Avellaneda... Después de contarme que su hija (de la genial dramaturga) había estudiado en el Liceo Francés y que esta había sido su primer materia, les aclaré que Siglo XX no fue "difícil" porque la cursé como un enamorado y porque, como Panesi, en esta cátedra no había gradualismos: el conocimiento, el pensamiento, la poesía se brindan con una confianza plena en las estudiantes, etc. y yo acepté esa pedagogía. Hubo problemas (burocráticos) que no vienen a cuento y comencé, lentamente, a alejarme de la cátedra, pero no de los diferentes proyectos que fueron naciendo en este tiempo. No sé por qué cuento esto. Casi nadie lee este blog ya. Es una prueba más del paso del tiempo. Lo abrí en los días (y las noches) de la extraordinaria adscripción que me cambió la vida. Después no sé qué hice y perdí muchísimas entradas que quedaron en otro blog de cuyo nombre... (https://diegocarballarblog.blogspot.com/). Allí leo que una de las primeras entradas es acerca de Cecilia Bartoli, cuando le permitieron cantar en la Capilla Sixtina. La Bartoli es una de las pasiones musicales que compartimos con Daniel, y terminó siendo excusa para escribir un texto juntos, ¡que es muchísimo! Anoche fue una noche rara, de sentimientos encontrados, melancolía y felicidad, belleza y tristeza, alegría y... no quiero decir "desamparo", así que la dejo escrita entre comillas y mejor digo otra cosa. Que en la clase habló de las luciérnagas, de la noche, de las salidas, del tiempo, dijo el nombre de Kafka y el de Pasolini. Pero a mí, la verdad, me costó mucho concentrarme. 

19 jun 2024

10 jun 2024

Mientras escribía ese texto, ocurrió que la historia, digamos así, comenzó a proponerme un camino que no era el que había trazado. Las secuencias narrativas y las imágenes asociadas a ellas se repetían: comenzaba a escribir algo y, al poco tiempo, aparecía lo que reconocía como la misma idea, la misma situación o el mismo diagrama. Pensé que esto era evidencia de mi poquísima inventiva, lo que es cierto porque soy muy falto de invención. Sin embargo, quería seguir escribiendo esa historia, aún con este problema, porque no había pensado en una historia minimalista, pero minimalista (a pesar del barroquismo general) estaba saliendo. Antes de que me diera cuenta de que, invariablemente, una y otra vez volvía a escribir más o menos algo parecido a lo que ya había escrito, intentaba torcer el rumbo, cambiar las cosas de lugar… ¡abandonar la escritura! Escribir me da muchísimo trabajo, aún más que leer, que también me resulta bastante complicado, cada vez más. Muchos escritores, diría que la mayoría de aquellos que me interesan o que más me gusta escuchar en entrevistas, hablan siempre del imprevisto, de que escribir es someter la propia deriva a una deriva diferente: ni ajena ni propia, ni subjetiva ni totalmente objetiva; siempre están hablando del “material”, de la imposición por parte de la misma deriva, digamos así. Oscilan entre el sonambulismo y el dictado. Yo no sé si eso es cierto, pero me tranquilizó pensarlo de esa manera: lo que tenía que hacer era empezar a contar lo que quería contar, asunto que, sinceramente, a esta altura ya no puedo decir bien de qué se trataba, pero quería seguir haciéndolo, y mientras contaba, entregarme al bucle, a la repetición, a la obsesiva persistencia de esas imágenes que, como pequeños diablitos, venían a ordenar la progresión con el murmullo de algo que ya había escrito. Entendí que no iba a poder escribir mi novelita –de eso se trataba– si no me amigaba con esto que me estaba pasando. Así lo asocié, de manera metafórica y clínica, con la invención musical, como si cada escena volviera a trabajar con una serie de elementos que a esa altura ya había reconocido, para someterlos a variaciones (invariantes), en este caso, de una música verbal. Ahora sí, estaba yendo hacia alguna parte: no se trata tanto de una novelita sino de una pequeña rapsodia de obsesiones dichas por otras voces.

29 may 2024

de UNAMUNO

XVIII

Hylas (persona)

… … … 
agua y también la sangre sin mancilla
cargan y mueven a las chicas-río
de este arroyo-concierto. Las estrellas
de nuestros ríos, todas peregrinas
del suave sueño de planicies leves,
devuelven en el mediodía fuerte
… … … 
el juego de reflejos y milicias–
fianciulle entre chicharras y edificios,
lúnulas, uñas blancas y pintadas,
la visión es de lunas, aparecen
… … … 
licores de manzanas y caínes
… … … 
… … … 
¿no hay agua en la canícula, pastoras?
oh, embriaguez de la sangre redentora,
… … … 
piso las fíbulas que sostenían
por el campo sus ropas, sus vestidos
por nichos de cigarras convertidos,
qué bochorno, qué ardores, qué dislate
sin haz, sin fondo y sin orillas veo
… … … 
sobre las crines tensas del calor,
… … … 
taquicardias –y sístoles y diástoles–,
trabadas en las viles mariposas
trenzadas en mis párpados quemados,
villanías barrocas, juegos ebrios:
y hay en el aire, lejanías, villas
y un reposar contento,
       lengua, calla
y vuélvete silencio en mis raptoras.




27 may 2024

COMO UNA CAMPESINA 

escribo como una campesina que se expone para cultivar su campo 
al agotamiento a la enfermedad incluso a la muerte 
pero siempre tengo presente que en definitiva -expuesta- se trata de pan 
hay colectividades muertas que sin llegar a devorar a las almas 
tampoco las alimentan 
preciso que este poema envuelva el trabajo de los campos 
en las comarcas de bosques en época de fiestas 
en comarcas ganaderas en donde se cultivan árboles 
en el momento de la plantación cuando se empieza 
a prensar y a beber el vino nuevo en los pueblos 
en los que se hace el pan en las casas y transformarse en la vida 
cotidiana en las horas de la siembra 

22 feb 2024

Oggi ho visto passare due ragazze...


Hoy vi pasar dos muchachas rusas
que llevaban remera negra y pantalones cortos negros. 
En las remeras tenían algo escrito en cirílico 
que no entendí. 
Tampoco las entendí a ellas, muy jóvenes. 
Parecían decir algo que las divertía. Caminaban 
de manera un poco atolondrada 
como caminan los varones a veces y no las chicas. 
Acercaban las rodillas 
al andar, y cruzaban los pies. 
Una obra en construcción dejó caer 
algunas mamposterías en un contenedor. 
Y entre el calor de la tarde, 
el paso de las muchachas 
y el humo que levantaban los escombros las vi 
perderse en una combinación 
–sin ser ninguna de las dos cosas– 
delicada de accidente y gracia. 

Roberta Colucchi

Hace mucho tiempo, en una de las ventanas de Belleza y Felicidad, leí que alguien había escrito con fibra: "Quiero ser un poeta como Cocteau".




28 sept 2023

Política, violencia, música formalista y cigarras (Iannis Xenakis)


Pero otros caminos también conducían a la misma encrucijada estocástica –en primer lugar eventos naturales como el choque del granizo o la lluvia con superficies duras, o las arenas de sonidos aislados; esta multitud de sonidos, vista como una totalidad, es algo nuevo que sigue leyes aleatorias y estocásticas. Todo el mundo ha observado los fenómenos sonoros de una multitud política de decenas o cientos de miles de personas. El río humano grita un lema con un ritmo uniforme. Entonces surge otra consigna del jefe de la manifestación; se extiende hacia la cola, reemplazando al primero. Una ola de transición pasa así de la cabeza a la cola. El clamor llena la ciudad y la fuerza inhibidora de la voz y el ritmo alcanza un clímax. Es un evento de gran poder y belleza en su ferocidad. Luego se produce el choque entre los manifestantes y el enemigo. El ritmo perfecto de la última consigna se rompe en un enorme cúmulo de gritos caóticos, que se extiende también hasta la cola. Imagínense, además, los estallidos de decenas de ametralladoras y el silbido de las balas sumando sus puntuaciones a este desorden total. La multitud entonces se dispersa rápidamente, y tras el infierno sonoro y visual sigue una calma detonada, llena de desesperación, polvo y muerte. Las leyes estadísticas de estos acontecimientos, separadas de su contexto político o moral, son las mismas que las de las cigarras o la lluvia. Son las leyes del paso del orden completo al desorden total de manera continua o explosiva. Son leyes estocásticas.  

Formalized Music (1971) 

4 sept 2023

El deseo de ser un...


    Tenía una gracia irónica en el trato: una levita como Carroll, de santo jasídico o de duende romántico; una fantasía caprichosa, suspendida y errante - delicias de la poesía oriental, deliciosos marivaudages, juegos con el humo, el corazón y la muerte. 

    Tan pronto como terminaba la velada, Kafka regresaba a casa con su ligereza de pájaro. Caminaba con paso rápido, ligeramente inclinado, la cabeza un poco inclinada, balanceándose como si ráfagas de viento lo arrastraran de un lado a otro del camino: llevaba las manos cruzadas en la espalda; y su largo paso, combinado con el color oscuro de su rostro, hizo que a veces lo confundieran con un indio mestizo. Así, a altas horas de la noche, absorto en sus pensamientos, frente a palacios, iglesias, monumentos y sinagogas, se adentraba en las pintorescas y oscuras calles laterales que atravesaban Praga. Era su manera de despedirse de la vida y tomar fuerzas ante la infelicidad segura del día siguiente. 

Kafka - Pietro Citati


3 sept 2023

"Sola, la danza lunga del gabbiano" - Tommaso Landolfi

"Sola, la larga danza de la gaviota" 

Esto, tan vano de imaginar, 
sin embargo hoy queda, 
pobre amigo, este acento loco 
flexionado en la orilla de un mar extinto.  

18 ago 2023

4 ago 2023

 

Yitzhak Löwy. Amigo de Kafka, actor de teatro yiddish. Era quien contaba a Kafka las historias jasídicas que lo fascinaban. A Löwy le gustaban las óperas de Meyerbeer. 

1 ago 2023

In Arbeit











El índice de mi novelita (que ocurre en una Mitteleuropa disparatadamente imaginaria) y algunos de sus párrafos son muy divertidos. ¡Ojalá pueda empezar a escribirla! 

26 jul 2023

Diario del Colón: La carrera del libertino (The Rake’s Progress) - Música de Igor Stravinski, con libreto en inglés de W. H. Auden y Chester Kallman. 25/7/2023

En la historia del teatro La Fenice de Venecia se suceden los incendios. Creo que fue Silvina Ocampo quien comentó alguna vez –a partir de lecturas de divulgación científica, como las que amaría Wilcock más adelante, que lo llevaron a imaginar “nuevas formas de vida” (El estereoscopio de los solitarios)– que, debido a sus características físicas, las ondas sonoras, al menos teóricamente, no terminan nunca de suceder: lo dicho en una habitación permanecerá en una lenta descomposición logarítmica de la onda sin nunca alcanzar el cero, el silencio. En el caso de la Fenice, los incendios, a la manera del fuego daliniano en el Prado tal vez sí terminaron con los fantasmas que moldean cada rincón de los teatros de ópera. A la pregunta sobre qué se llevaría de un incendio en el Museo, Dalí contestó “dramáticamente, porque soy un poco teatral” que se llevaría el aire (Cocteau había contestado alguna vez que el fuego), el aire de Las Meninas de Velázquez: “porque es el aire de mejor calidad que existe”). En el caso de la música, el aire juega un papel físico: juguete del tiempo, despliegue de la verdad, cuenta espiritual, etc. como sea –como la literatura–, la música también sublima el sonido y para eso, necesita al aire. El aire transformado que reluce en el tiempo final, como señala Barenboim, cuando acaban Tristán e Isolda: “lo más importante de esta ópera son los segundos finales, cuando termina, es una pena que la gente aplauda antes”; a pesar de que aquí estemos lejos de las enrarecidas atmósferas wagnerianas. El aire de fuego veneciano, cargado de voces de mezzos y sopranos, tenores, barítonos y castrati a las orillas de los juegos del agua. 


*

La carrera del libertino se estrenó en La Fenice en 1951. Esta ópera es el encuentro entre uno de los poetas en lengua inglesa más importantes del siglo XX, W.H. Auden y, bueno… Stravinski. En la discusión acerca de la prevalencia de la palabra o la música, Auden siempre se había inclinado a favor de la segunda (“En el canto, las notas deben tener la libertad... ”), y siempre destacó “el honor” que para él fue escribir con Stravinski (como para mí, cuando compartí la escritura de cierto texto). El libreto, traducido en nuestro país por Mirtha Rosenberg, lleva la firma, también, de Chester Kallman, amigo y amante (de la ópera) del poeta.  

*

Stravinski había visto los cuadros, que fueron el punto de partida para la ópera, de William Hogarth en Chicago; una serie de pinturas de tema moral, inspirados a su vez en una novela alegórica (de John Bunyan, publicada en 1678).

Estas sucesiones (pintura, poesía, música) dan cuenta de que Stravinski estaba pensando en componer una ópera tal como se la concebía en el siglo XVIII (números cerrados, arias, ariosos, concertantes y pasajes corales), tal vez, la edad de oro de la ópera cómica (la bufa y la seria). Pero todo ocurre en pleno siglo XX, Plan Marshall, reconstrucción de Europa que, literalmente, había sido destruida por los bombardeos: las ciudades empezaban a reconstruirse sobre las ruinas. En este sentido, La carrera… es una reconstrucción de un género terminado, que ya no existía más: la ópera mozartina era un vaciado en yeso en el (neo) clasicismo del siglo XX. Y eso es lo que compuso, en California, Stravinski (Juan Carlos Paz lo llamaba “un bárbaro occidentalizado”): un réquiem por un género muerto, una máscara a la manera de una fábula moral. No es el tándem Brecht-Weill. Stravinski-Auden-Kallman se remontan a la moraleja, que resuena más parecida a las moralejas cortesanas –en el teatro público de ópera– de los cuentos de Perrault (Caperucita: “cuidado con los lobos, pero ten más cuidado con esos lobos jóvenes y lampiños que te cortejan”), sin esperanzas (los personajes de Don Giovanni también salían a hablarle al público sobre el destino del casanova).

… que desde Adán y Eva/ a todo el de mano ociosa,/ o cabeza o corazón,/ el Diablo da ocupación/ o propone algún deber,/ para usted, querido amigo,/ para ustede, bella señora,/ para usted y usted. (trad. Mirta Rosenberg y Jaime Arrambide).

*

Me llegó por correo que el Colón estaba buscando figurantes para la puesta de esta ópera. El director de escena fue Alfredo Arias (quien había hecho esta puesta en 2001). Se pedía que los postulantes midieran más de un metro con ochenta. Además de mi nula experiencia como figurante, lejos estoy de esas alturas (como el mismo Arias). Pues bien, las figuras –altas, flacas y esbeltas– lucían espléndidas en el escenario.

*

La música de La carrera del libertino está atravesada de danzas (barrocas y clásicas), pulsadas con maestría. Stravinski lo hace porque la danza resuena en el tocador sadiano. Trabajó con los espacios del cuerpo y la danza, y así lo hace con esta ópera. Era un nómade, musicalmente hablando (mejor dicho, era un nómade en todo sentido, llegó a visitar Argentina, traído por Victoria Ocampo, que lo apodó “Strawhisky”). Es una ópera de tema moral: habla del dinero (las finanzas, las apuestas, el mercado libre) y el amor (el casamiento, la dote, la locura). Sin embargo, tal vez por lo cronometrados, en el mejor de los sentidos, que están libreto y música, parece una ópera amoral de tema moral. Una sutil paradoja la recorre. Componer una ópera a la manera del siglo XVIII en 1951 es irremediablemente paródico y algo satírico. Esta ópera no renuncia a su siglo –¿cómo podría hacer algo así?–, aunque no lo mira a los ojos: le canta en falsete. Stravinski escribiría obras en la lengua musical del siglo, y también usaría el tono fúnebre del lamento (In memoriam Dylan Thomas, en 1954). 


*

Charles Dutoit (lo pude ver bien, porque soy pobre y veo las óperas desde las alturas, en esta platea invertida del orden social) destacó el aspecto bailarín de la obra con los ademanes del cuerpo. Qué lujo haber podido verlo (y escuchar) dirigir. Hermosas voces para Anne (Andrea Carroll) y Tom (Ben Bliss) en esta noche. Un reemplazo para Nick Shadow por una voz (no retuve el nombre) que se cansó durante la función, pero que fue expresiva. El cantante no actuó, sino que su papel fue representado por un actor, mientras él estaba parado con el atril y la partitura al costado del escenario. Hay algo de “teatros de marionetas” (máscaras, hieratismo) en la música de Stravinski que acepta sin problemas estas anomalías. La renuncia a la expresividad romántica, a la autenticidad romántica en pos de la fábula dramática.

*

Shadow (los pactos fáusticos le interesaban al ruso), furioso porque Tom descubre la carta con la que quiere engañarlo (otro tema operístico más, algo chaikovskiano), lo castiga con la locura. Tom pasa a vivir en compañía de los olímpicos, creyéndose Adonis, ya no hablando las palabras de este mundo, como le ocurrió a Hölderlin en la torre del Neckar.  

*

Hay una versión grabada de esta ópera con un plantel que no podría ser más adecuado y excepcional: John Eliot Gardiner, Bryn Terfel, Ian Bostridge, Anne S. von Otter, el Coro Monteverdi, la Sinfónica de Londres… extraordinaria, y sin embargo, la grabación es tan fría como el corazón de algunas personas. Las torsiones del aire nocturno en el teatro son irremplazables. Es aire de la mejor calidad. Lo que resta es del fuego. 

28 may 2023

Realismo socialista


¿Pero cómo había comenzado todo? Un grupo de muchachas juntaba flores junto a un río... 
Roberto Calasso

Una serie de imágenes viene persiguiéndome desde hace unos días. Esta es una. No las elijo. Aparecen y yo las voy guardando. Escribo sobre ellas. Algunas imágenes están asociadas a esta vanguardia que, en su forma estatal, terminó con formas de vida comunitarias, para resumir, digamos, las de Austria-Hungría imaginada por Joseph Roth, o el campesinado europeo (al que le dedicó tanta labor Pasolini, por ejemplo), y cuyo canto de cisne fue la música rapsódica sobre la que, con una melancolía elevada a rango moral, escribió Vladimir Jankélevitch ("nuestra triste época", en 1961). O son composiciones pictóricas. Y otras, imágenes de noticias de un grupo de chicas peleando en el barro, entre una mugre conurbana, a la salida de una discoteca. Son como si se encontraran varias de las sirenas embarradas del relato de Wilcock. En la imagen, gimnastas de Pavlovo, Ordzhonikidze, Sverdlovsk -participantes del Desfile de la Unión de atletas (Mosú, 1947). 

6 may 2023

Un cacho de cultura


Phillippe Sollers (1936-2023)