Hoy leí este texto de Cristina Campo, no me quedó más opción que pararme y aplaudir:
"El porte erguido y delicado de la muchacha de la costa de Oro es obra de siglos de natación, tinajas de arcilla equilibradas sobre la cabeza, danzas y cantos de iniciación más complicados que el gregoriano más puro. Aunque faltara uno solo de los tres elementos —piedad, juego libre y artes femeninas—, la perfección no envolvería esos miembros con su velo casto e imperioso. A lo largo de los milenios —si se puede decir así —, el árbol del paraíso expresó al pájaro lira; manos unidas durante largo tiempo se convirtieron finalmente en arcos góticos".
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