Anoche, cuando Eloísa se quedó dormida, miré hacia oriente y, de pie, repetí unas palabras milenarias. No sé si fue un rezo, fui sincero y leí con atención lo que estaba escrito en un archivo del teléfono. Al acostarme, leí, también del teléfono, una propuesta del teatro La Fenice: escuchar, registrar y reproducir los sonidos de la noche. Me gustan los ritos, los movimientos rituales, las formas de vida.
Marcelo Fox te invita a su masacre
-
La necesidad tiene cara de hereje y la literatura argentina añora las
herejías del pasado.
¿Qué mayor hereje que Marcelo Fox, un joven escritor perdido...
No hay comentarios:
Publicar un comentario