Un poema
Podría ser Dios en verano,
oculto entre las plantas y el mediodía bochornoso
podría ser Dios, que vi tantas veces,
el de las cigarras espejadas
en la espalda de chicos plateados
o en el último timbre de la voz
de unas barítonas, muchachas
que sueñan debajo de la corriente eléctrica
del tendido de los trenes
y sus durmientes de quebracho, donando
el eco del bosque chaqueño a las máquinas de acero
dándole aire
a lo que en la piel es salado y dulce.
podría ser Dios, que vi tantas veces,
el de las cigarras espejadas
en la espalda de chicos plateados
o en el último timbre de la voz
de unas barítonas, muchachas
que sueñan debajo de la corriente eléctrica
del tendido de los trenes
y sus durmientes de quebracho, donando
el eco del bosque chaqueño a las máquinas de acero
dándole aire
a lo que en la piel es salado y dulce.
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