14.3.15

Leo Spitzer, sobre ópera y Boris Godunov

Otra razón para la relativa impopularidad de la ópera (relativa por comparación con el concierto sinfónico, por ejemplo) hoy en día puede de hecho residir en su sugerencia de un modelo aristocrático, otrora un rasgo de la vida real (las fabulosas cortes barrocas, que proveían el fondo de la ópera temprana, fueron por una vez muy reales), pero de la que ni siquiera los muy ricos disponen para ofrecer un pretexto de realidad.
Quizá, si la ópera pudiese abandonar la gastada tradición barroca y cortesana aun conservando su motivo esencial del amor y la música, descubriríamos que el tema de la armonía del mundo, descrita musical y dramáticamente, no ha perdido por entero su atractivo. En Estados Unidos, por ejemplo, existe la realidad de una comunidad simple y devota a la que le es dado expresarse mediante el canto y la mimica; cuando esta comunidad nació a la vida escénica en la ópera Porgy and Bess, con su Orfeo negro y tullido y la comunidad negra como coro, tal vez se creó un nuevo punto de partida. Otro intento de revivir la ópera, esta vez con una inspiración nacional, puede encontrarse en el Boris Godunov de Mussorgski, donde oímos la voz de toda la religiosa Rusia: sus diversas clases, gobernantes, sacerdotes y pueblo, sus coros y sus campanas de iglesia, fundidos en un tono de primitiva humildad cristiana (para Jacques Riviere, es el tono de la mas simple de todas las oraciones: "El pan nuestro de cada dia danosle hoy"). Aqui el tema no es ya el del amor personal, sino el amor al pais; y la polifonía musical tiende hacia una simplicidad y monotonía litúrgicas: el arte de esta ópera es prebrarroco, operístico sólo en la superficie, en el cuadro que ofrece de la vasta Rusia bajo Dios.

en Ideas clásica y cristiana de la armonía del mundo, p. 134-135


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