5.11.14

Diario del Colón (2014) V - "Una ópera es una ópera es una ópera..." (Daniel Link)

Querido Daniel:
Me hacés pensar. Y tengo que decirte una cosa: hay algo de lo propiamente operístico que a veces se me escapa, el aspecto teatral (a mí, que no cierro los ojos nunca, ni en un concierto de cámara). Esa gran virtud de la ópera, yo la dejo en un, digamoslo así, segundo lugar. Para mí, la ópera es, antes que nada, la relación música/libretto, y la puesta en escena queda un pequeño paso atrás. El primer par (y esa línea que hay entre sus términos) es el que me desvela, porque ahí persigo la forma de lo literario; o precisando mejor, de lo poético (pensando en aquello que “excede” lo literario pero que se dice en la literatura). Es cierto que para la relación música-palabra, están los lieder o las canciones, y ya. De ahí, que piense, sin solución de continuidad en la obra de Mahler y la de Strauss. Pero la ópera, con su apuesta a la acción, lleva a lo musical a un plano de contacto con la palabra y el movimiento que me resulta lo más destacado de este arte. Claro que NO acepto una puesta como la de Elektra, de ninguna manera; pero si la interpretación instrumental es la de la Estable (mi banda favorita, a esta altura) y las interpretaciones vocales son del nivel que pudimos disfrutar (con la hermana de Elektra en primer lugar, sí), la ópera, para mí, está armada. Si hay una dirección actoral, me refiero a los movimientos de los actores, como la del MET, buenos colores, me siento muy dichoso: actores que se mueven con gracia o cuyos movimientos componen un personaje, una figura. Tengo que reconocer que la puesta del MET me había dejado bastante indiferente; pero yo estaba mareado de escenarios, era la primera vez que viajaba a Nueva York, y esa noche, yo ya no podía más de líneas, perspectivas, diagramas… Teniendo en cuenta tu punto de vista, tus razonamientos METeóricos sobre los diagramas corporales en el centro de la escena, reconozco mi sordera para la puesta. Igual, enamorado como estoy de Taymor, seguiré esperando sus excesos operísticos en los films, que tanto no me gustan.

No digo, no pienso, no creo, que con una versión de concierto y una interpretación superlativa, el asunto operístico esté resuelto. Sí pienso que una pésima puesta no arruina una ópera; y sí la arruina una pésima interpretación musical y vocal. En otro plano, música y libreto componen motivos frágiles de esa armonía de la que hablaba Spitzer (“un nivel de existencia en el que el hombre se pase la vida cantando”), cuyo resto es posible que nos interpele aun hoy ("la antigua protesta de la música, la promesa de una vida sin angustia"). En ese sentido, queda justificada un poco más mi mención a Pasolini (esto lo digo para mí). También, insisto con la idea de liturgia, de ritual en lo operístico, y en este sentido, no puedo obviar la cuestión de la dramaturgia. Aunque hay una pequeña ética protestante, veo, que insiste y me dice algo así como “los esencial es invisible a los ojos”. Pero música/libretto no es ausencia de imagen, al contrario, es llevar lo musical a un plano expresivo e imaginario que exige una puesta en escena. Y a  lo literario, a un plano rítmico que hace salir de sí a la música verbal. El canto y la sensualidad son inherentes a una ópera, aun a Elektra, claro, donde la sensualidad está llevada a la estridencia. No puedo dejar de pensar en Tristán e Isolda y su estatismo entre místico y profano (la sublimación del amor que mueve al mundo); pero tampoco en Mahagonny y su movimiento nervioso, picante. Por otro lado, están los oratorios, esas óperas sin escena, donde todo se juega al librito de la música y, siempre, la sensualidad de las figuras.
Elektra sucede al borde del abismo”. Jamás, jamás, podría haberlo dicho mejor. Vos le reclamás a la puesta que haga justicia. Subo mi cartel de protesta, y acuerdo contigo; pero hay un punto en el que me transfiguro con la música y la palabra y me olvido de la puesta.

Te juro, la Orquesta Estable y la Filarmónica, entregando todo, aun en la protesta y el maltrato, me dieron una gran lección de vida. Porque si de algo trata todo esto, es de la vida.

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