11.10.14

Turista en Nueva York III

Hemos tomado decenas de subterráneos, buses y ferrys. Hemos caminado muchísimo. Estamos parando en un barrio que parece Milano, por la cantidad de tiendas de ropas de primera marca y por un estilo internacional que, uno supone, ostenta cualquier ciudad millonaria del mundo. Pero NY tiene mil rostros. Acabamos de llegar de un barrio -como casi todo el Soho- de edificios bajos y movimiento artístico, multiculturalismo universitario, cosas así. Esta noche, volví a casa en un bus, en un lentísimo bus. Los buses son la parte del sistema de transporte destinada, principalmente, a los lisiados, los viejos, las enormes mujeres negras, los border. La lentitud del viaje es apabullante para alguien habituado a los rápidos y furiosos colectivos de Buenos Aires (del conurbano, también). El bus que tomamos hacia nuestra casa recorre la 1st. Avenue, la primera desde el East River. En su recorrido, pasa delante del edificio de la ONU, que a esta altura, luce más como una ruina de Cien años de soledad, en el mejor de los casos. Más bien, parece una gran oficina. Como yo fui educado en el internacionalismo, le tengo un aprecio importante, como al Teatro San Martín, pero lo cierto es que este gran edificio laico de la política internacional parece mirar a un punto ciego de la ciudad, la historia y el mundo. A su alrededor, todo está tan oscuro como el agua del East River. A unas veinte cuadras, me tengo que bajar. Cerca de mi parada, empiezo a levantarme con mi hija de un brazo y el carrito colgando del otro. Una mujer negra me dice con firmeza que no, que espere a que el bus se detenga.

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