4.7.14

Un sueño

Mientras mi familia duerme, decido recordar un sueño que tuve hace algunos días.
Estaba en el Metropolitan Opera House, pero en verdad, el Met eran las paredes de la pequeña iglesia protestante (así la llamé durante mi adolescencia) a la que iba de niño. Paredes blancas, bancos de madera y ventiladores. Un espacio muy pequeño para un teatro de ópera. No conozco el Met, sé que es tan  grande (o más) que el Teatro Colón, aunque sus arquitecturas difieren enormemente. Para poder escuchar la orquesta, que no empezaba a tocar, yo hacía pantalla con mi mano izquierda, para poder escuchar mejor la obertura de Cossi fan tute (Así hacen todas), la anteúltima ópera de Mozart. Ah, qué excitante. Esperar a que comience a sonar Mozart. En el foso de mi Metropolitan de los sueños protestantes del conurbano, estaba la promesa, la afinación de la Orquesta Estable del Colón que me ha regalado muchos paisajes sonoros. En mi sueño, era un día tórrido de verano y escuchaba los ventiladores. La música de Mozart es una promesa. Yo estaba ahí, expectante. A la derecha, había una feria americana de Caritas (me convertí al catolicismo hace relativamente poco); y a la izquierda, un gran paño de colores bíblicos. Ese paño recordaba una escena veterotestamentaria: Dios iba a escribir sobre un velo babilonio, creo, una sentencia. Pero el gran paño estaba intacto. Todo era inminencia. Escuchaba los sonidos de la orquesta afinando el motor de los ventiladores.

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