28.1.14

El uruguayo, y el Papa en la tapa de Rolling Stone

Copi se vale de una cualidad que es barroca por excelencia, el "golpe de teatro": "Golpe de teatro: la gente se ha puesto a resucitar" (p. 117).
La representación barroca gira enloquecida sobre un vacío compuesto por una figura (por ejemplo, la esbeltez marmórea de la dama de Petrarca en la poesía de Góngora) sobre la cual danzan los fantasmas de la imaginación: "Oh santos dioses, ¿qué es esto que veo?/ ¿Es error de fantasma convertida en forma de mi amor y mi deseo?" duda la emergencia barroca en la renacentista obra de Garcilaso.
Éste podría ser el "toque" barroco de Copi, si tal cosa fuera posible: girar alrededor de una imagen hasta hacerla estallar.
Así, con un golpe de teatro (efecto de la representación en la representación o simulacro, en definitiva), aparece otra figura de rasgos literarios, de inspiración mística y mesiánica: la resurrección de los muertos. En el caso de la resurrección de la novela, todo se dirige a un centro: el cuerpo del protagonista, que aglutina alrededor de sí a todas las referencias; una parusía sin gloria. "Para él yo soy para toda la eternidad la palabra «periódico» o bien el que le ha robado sus periódicos (lo que para él viene a ser la misma cosa) (p. 119).
Cuando Copi decide convertirse en un santo secreto, mejor dicho: habiendo comprendido que es imposible una religión para los uruguayos, él, que es la palabra de los resucitados, devendrá reliquia para la veneración; necesita, entonces, una palabra que sea misterio de fe y adoración:

Ahora sólo nos queda por escoger una falsa palabra (la palabra que pertenezca a cada uno de ellos y que constituya el punto de unión que ellos tengan hacia mí) pero la elección es difícil porque quiero encontrar la más confortable de pronunciar (es ya bastante aburrido no tener más que una sola y si además hay que repetirla a lo largo del día va a ser una pesadez). Lo más difícil evidentemente habría sido escoger la palabra palabra que es la palabra más simple, pero para esto hace falta tener labios. Me he decidido por la palabra rata que es bastante corta y no exige más que un pequeño temblor de la garganta en el momento en el que los pulmones se deshinchan. (p. 125)
En su delirante proceso de transformaciones y subversiones, la lengua (el uruguayo) destila los largos procesos de la religión, y satiriza los concilios y algunas maneras de la Iglesia del tiempo del fin. El presidente, la niña y Copi protagonizan rápidamente bulas, ortodoxias (cuya constitución quiere borrar cualquier huella de herejía, a la vez que estas son condición de aquella), alianzas terrenales, milenarismos, las multitudes a la puerta de San Pedro, la exposición mediática y secular de los pontífices, etc. De toda esta religiosidad (evidentemente y satíricamente católica) el punto culminante es el papa argentino (p. 128), con quien se pone en competencia el ser-santo frente al ser-papa:
Cuando apenas me había calmado un poco he notado la mano del papa entre mis nalgas tratando de separarlas con los dedos, pensando que dormía tan profundamente que no me daría cuenta. He dado un salto y he encendido la luz. El papa me ha mirado riendo y haciendo gestos obscenos con su dedo índice. Le he preguntado calmadamente si no le daba vergüenza. Me ha dicho que un papa no tiene vergüenza de nada, lo que no les ocurre a los santos. ( p. 130)
Siendo el primer texto de su producción literaria, esta carta (escrita en francés, lo cual nos obliga, a quienes no conocemos bien la lengua gala, a recorrer su escritura como transmitida por los Bartolomé de las Casas de la traducción, frailes de la imaginación de Copi) tiene algo de programa; particularmente, podemos ver esto en la palabra secreta que elige el santo Copi: "rata", palabra para la que ni hacen falta labios para pronunciarla, sino "un pequeño temblor de la garganta en el momento en el que los pulmones se deshinchan" (p. 125). Todo un siglo se estremece en esa sencillez. Todas las ciudades, los páramos, que están llenos de ratas. A donde vaya la civilización, van las ratas (como "un pulso herido que sondea las cosas del otro lado"); por los túneles del mundo, las carabelas, haciéndolo un lugar, un espacio habitable a partir de sus huellas, van las ratas hacia el paraíso sin labios.
"El animal tiene memoria, pero ningún recuerdo" es una frase de Heyman Steinthal, que Agamben utiliza en Lo abierto, y que podríamos tomar como resumen del procedimiento de lectura que propone Copi para el lector de su carta: leer y tachar.
O, más precisamente, queridos frailes: “Je vous serai donc bien obligeant de sortir votre stylo de votre poche et de rayer tout ce que je vais écrire au fur et à mesure que vous le lirez”.

(Fragmento de un trabajo realizado para la materia "Teoría y práctica de la Literatura Comparada" (Daniel Link) de la Maestría de Estudios Literarios Latinoamericanos - UNTREF)

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