15.11.13

Una brisa imaginaria


En la habitación de la puérpera Ghirlandaio muestra, a la derecha, cuatro figura que avanzan: tres de porte severo, la primera -que parece una doncella florentina de la época- vestida con una tela gruesa y preciosa, que forma pliegues perpendiculares. Detrás de ellas, como impelida por un soplo (pero no se entiende de dónde puede venir), avanza con distinción una doncella de gran belleza, con atuendo ondeantes y paso ligero, fluido y ardiente. A sus espaldas la vestidura se despliega como una vela. Es la ninfa. En su figura encontramos todos los rasgos que Poliziano había agregado a himno homérico y transmitido a Boticelli. Con ella ingresa en el austero interior florentino un ser que ha pasado indemne por los siglos y ahora insufla en ese nuevo mundo su brise imaginaire.

Roberto Calasso. La locura que viene de las ninfas.

Otra ninfa, junto a la Virgen, junto al agua, como una fuente, por supuesto, con una brisa imaginaria revolviendo su vestido, fluida y graciosa:

*
(Estoy escribiendo un texto acerca de algunos arrebatos "nínficos" en literatura; al menos, acerca de la presencia de la figura de la ninfa en tres escenas. Ya veremos qué pasa.)

1 comentario:

Anónimo dijo...


Esta musa de campo es más parca
Esta ninfa de arroyo bonaerense
Ya está acostumbrada a charlar
Con el viento
¿Qué te dice? ¿Qué te trae?
Un momento muy intenso y después paz