16.8.13

Me obsesiona la siesta de aquellas jóvenes profundas...

Me obsesiona la siesta de aquellas jóvenes profundas
y frágiles que hoy practicaron
el pellejo de la delincuencia,
ahora en malla, duermen y velan.
No pueden hacer casa
en el amar o la nevisca.
¿Y la nieve?: a 34º
de calor, ¿qué nieve digo?
¡Sólo hay un perro frío,
al lado de la basura,
tibio por la temperatura
en pelo de los rayos solares!
Estamos en el campo
blanco de los balnearios, no la nieve.
Hay una misa
a la luz de los pajaritos,
¡no, otra vez!, sino el bello
aparato que empuja
al insecto (la mariposa)
al vello (la rayita), a la piel.

Es la música del chapoteo,
en la superficie del agua,
la sincronía de los pies: las tres
rusitas de madrigales
(una roja, una amarilla y otra de cualquier
tonalidad) se comen, se tragan y mastican,
abren el tapizado del sillón,
interpretan la violencia en una no-violencia,
ellas tres, pieles
blanquísimas, níveas.
Las 3 tienen que desmayar
-se del calor que hace.
Desmayadas con los ojos abiertos.
Rosa,
rosa,
rosa.
Un sistema hídrico rosa,
de venas rosas y florestas
rosadas como ríos amazonas
deja todo de color rosa: los insectarios,
la lluvia, los delfines
y el arco-iris,
en la selva tropical
rosa coronan la Nueva Brasilia Rosa.

Costillas de flaquitas, la flotante
y sus dos hermanitas
la sostienen a besos
- las algas de la lengua.
Resbalan y se luce
la superficie titilante,
rutilante en la guerra de guerrillas de amor:
se desviste de la piel rosa, un traje de baño
más rosado todavía. A la noche
colapsarán las sombras de la mente
y las bañistas,
transformadas en bichitos de luz,
dejarán una Imagen
de agua en el silencio
de las enormes piletas vacías.

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