1.8.13

Hae Puellae - J. R. Wilcock

Como un viajero persa cautivo en tierra escita
más solo entre los bárbaros que Simeón Estilita
escucho en la azotea de mi casa el llamado
lejano de unos pájaros sobre un cielo dorado
que buscan en los juncos del Nilo su alimento
oigo hablar de las Cícladas y no sé si es el viento
o pies que huyen desnudos ya al sol sobre la arena
entre restos de espuma que el viento desordena
son ellas sin embargo las mujeres del mar
que en las calles del centro oigo a veces cantar
detrás de las dos Dársenas y de la Costanera
cuando el invierno arrastra su trapos por la acera
las verdaderas dueñas del collar de Teodora
las sopranos eternas la familia escultora
las santas que escribían Xristo en las catacumbas
y adornaban con peces las tapas de las tumbas
las únicas personas que vivieron en Ur
las alegres cretenses que no pisan el Sur
hijas de la memoria con flautas y banderas
que en la noche sin término recorren las praderas
donde los unicornios fornican con leones
y las reinas con bestias de grandes proporciones
anotando en cuadernos que la sombra pervierte
fragmentos del coloquio del hombre con la muerte
cariátides sin manos de las quintas latinas
musas que lame el humo del tiempo entre las ruinas.

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