7.4.13

Iris - Eugenio Montale (Traductor: Alejandro Patat)


Cuando, de golpe, San Martín desprende
sus brasas y las atiza en el fondo del oscuro
fogón de Ontario,
estallidos de piñas verdes entre las cenizas
o el humo de una infusión de amapolas
y el Rostro ensangrentado en el sudario
que me separa de ti;

esto y poco más (si poco
es una señal tuya, un guiño, en la lucha
hacia un osario, sin
salida, mientras zafiros celestes,
palmares y cigüeñas en una sola pata no ocultan
la vista atroz al pobre
Nestoriano extraviado);

es cuanto de ti llega desde el naufragio
de mi pueblo, del tuyo, ahora que un fuego
de hielo trae a la memoria la tierra
que es tuya y que no viste; y otro rosario
entre los dedos no tengo, ni otra llama
sino ésta de resina y de bayas,
te ha alcanzado.


+++

El corazón de otros no es semejante al tuyo;
el lince no se parece al hermoso gato siriano
que acecha al pájaro mosca sobre el laurel,
más tú los crees iguales si te aventuras
fuera de la sombra del sicómoro
¿o es, tal vez, esa máscara en el lienzo blanco,
esa efigie de púrpura que te ha guiado?

Para que tu obra (que de la Suya
es una forma) floreciera en otras luces,
Iris de Canaán, desapareciste
en ese nimbo de muérdagos y bruscos
que conduce tu corazón
en la noche del mundo, más allá del espejismo
de las flores del desierto, tu familia.

Si apareces, aquí me regresas, bajo la pérgola
de vides desnudas, junto al embarcadero
de nuestro río -y la chalana no vuelve atrás,
el sol de San Martín se deslíe, negro.
Más si retornas no eres tú, ha mudado
tu historia terrenal, no esperas
la proa en tu orilla,

no tienes miradas, ni ayeres, ni mañanas;

porque la obra Suya (que en la tuya
se transforma) debe ser continuada.

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