23.3.13

¡Mire Usted, mi estimado Señor: una pausa! (Fragmento sobre 95 tesis para la filología, de W. Hamacher)

Leemos en la Tesis 80 de las 95 tesis para la filología: "Filología es el nombre de un futuro distinto del futuro del lenguaje nombrado”. Y pensemos en César Vallejo, por ejemplo. El poema “Retablo”, incluido en Los heraldos negros, tuvo en 1917 una primera versión llamada “Simbolista”. En esta primera versión, la primera estrofa del poema decía:

Yo digo para mí: ¡por fin escapo al ruido!;/ ¡nadie me ve que voy a la nave sagrada!/ Altas sombras acuden: ¡James, Samain y Maeterlinck,/ y Darío que llora con su lira enlutada!; mientras que en la publicada en LHN se lee: Yo digo para mí: por fin escapo al ruido;/ nadie me ve que voy a la nave sagrada./ Altas sombras acuden,/ y Darío que pasa con su lira enlutada.

El segundo hemistiquio del tercer verso no está en la versión del libro: eso es lo que Hamacher llamaría una pausa filológica. Vallejo conserva el primer hemistiquio del alejandrino y luego hace un silencio significativo, que va del simbolismo al retablo, que carga a las siete sílabas con el vacío. De allí en más, la lectura (que es la poesía) vallejeana de la tradición (indígena, hispana, francesa, vanguardista) y de las lenguas someterá a esa pausa a diversos niveles de intensidad y articulaciones en la lengua poética (hasta llegar a los quiebres polifónicos de Trilce, por ejemplo). Si de ninguna manera podemos dejar de considerar a Vallejo como uno de los más importantes poetas de América Latina, los textos de Hamacher brindan una manera de auscultar esas pausas de la lengua y hacerlas sonar. Gran parte de la literatura latinoamericana parece escrita en una temporalidad, digamos, “escatológica” -pensemos en los diarios de Colón, las crónicas de Indias, las apropiaciones barrocas de Sor Juana-: la recorre una intensidad que está entre “la salvación ya llegada” y “la salvación prometida”, una tensión entre lo que ya pasó y lo que es prometido.

Estas son lecturas posibles que se desprenden del trabajo de Hamacher de poemas como los de Vallejo, ante los cuales podemos exclamar, tal Hölderlin: "¡Mire Usted, mi estimado Señor, una pausa!".

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