8.2.13

Weinenden Herzens - Robert Walser

Cuando pienso en vos, siento
muchas cosas, Jesús.
Porque me enciendo
con el nombre confuso de tu beso.

Vos seguís en la nieve
firme, como quieren los pobres,
los pobres que, se dice,
te han hecho sufrir tanto.

Pero la obra nunca fue de ellos,
ni el horror de tu muerte,
ni aquellas soledades, no.
Aquello fue una furia de borrachos.

Fue el crimen de brutos bandidos,
que eran ricos y pervertidos.
La pobreza no tiene, con la fuente
de la sangre derramada, nada que ver.

Creo advertir que bajo la pobreza
hay una herida silenciosa,
hombres separados, dispersos
como la nieve suave.

Y como a sí, la luz se mira,
Jesús los está viendo,
ondeando sin descanso
su rubia cabellera.

A veces, el buen Jesús ríe
al verlos, con dulzura,
y sucede un milagro
que consuela como la noche.

A la mañana, permanecen
las huellas de sus pasos en la nieve.
Como ofrenda a los pobres, los heridos
que, dicen, le han hecho sufrir.

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