19.9.12


Era la resolana, el resplandor
de la tierra, la dicha, la muchacha.
El sol nos envolvía, eran balas,
sus rayos eran balas, quería besarte,
era un imán, tu corazón estaba
lleno de resolana, de ejércitos
milagreros, de sangre que bandida
era flor de jinetes y acababa.
Y la muchacha que arrancaba cruces
o hilachas de los pelos de los muertos
no traía caricias a los clavos
que sostienen soldados mal dormidos,
sino que era una fiesta, consumida
en el encanto de la tardecita.
Tranzada por la luz y sus sicarios,
eras la resolana, Lazarita,
el Líbano, las clínicas, la paz.
Era la resolana, la bandida,
pobre luna trigueña, la peruana
que aparecía y titilaba mucho
en la trémula carne, abandonada
a abastecerse a sí, como animal
de amor brotada que se ahonda, guacha.

2 comentarios:

alejandro mendez dijo...

Me gusta mucho este poema, Diego. Muy bueno

diego c dijo...

¡Gracias, Alejandro! Me pone muy contento, en serio, que pases por acá, leas y comentes. Un abrazo.