21.9.12

Canción de otoño en primavera

Un antiguo cuento recopilado por los hermanos Grimm ("El rey rana") comienza con una fórmula que hoy me pone melancólico: En aquellos remotos tiempos, en que bastaba desear una cosa para tenerla... Hoy comienza la Primavera, la más linda, la estación de la resurrección de la cebada, el rescate de Kore, la estación del matrimonio del cielo y la tierra. No sé si alguna vez estuvieron los dioses en la tierra, lo cierto es que vivimos con una nostalgia de aquella lengua que desaprendimos desde la infancia. La Primavera, con su paso delicado, abre las flores de nuestros corazones y aquellos tiempos remotos, cada vez más maduros, vuelven a girar, la voz de Deméter a llamar y nos encuentra. Aquí estamos, una vez más. Hemos leído hasta el cansancio aquella fábula en la que un hombre moribundo le cuenta a sus hijos que en la tierra de su propiedad se encuentra un tesoro... Y cuando me paro a contemplar mi estado, descubro qué poco he aprendido, miro al cielo y no sé reparar ninguno de los objetos que me rodean, no se labrar el campo y, tampoco, se programar (ni siquiera uso Linux). Intento, sin embargo, cuidar lo que me ha tocado.
El sábado pasado fui a ver Don Giovanni, la ópera de Mozart. Hace unos años, hubo un pequeño escándalo de provincia en Salzburgo por una representación que abundaba en un imaginario sado-masoquista. Viendo la ópera (las óperas de Mozart son de las últimas, la risa de Mozart no es la risa pequeño burguesa, aunque se ría de esa moral), es fácil darse cuenta que se trata de una obra sobre el deseo y, siguiendo a Deleuze, mal pero siguiéndolo, podemos decir que las voces se acoplan y desacoplan ante las emanaciones del deseo que mueven al libertino, de aquí para allá. Un momento dramático, pero también terriblemente cómico, es la relación con Zerlina: el desborde del libertino sobre la buena gente del campo. La relación de frontera entre campo y ciudad o, mejor dicho, entre campo y palacio; el abuso y la curiosa danza de la picardía. Tengo entendido que Pasolini abjuraba de la cultura del teatro de ópera, aunque me imagino que esta obra (es Mozart) le debe haber resonado al realizar una obra como Saló. Don Giovanni es SM. Don Giovanni quiere perpetuarse en los tiempos remotos en los que bastaba desear algo para poseerlo. El error es un exceso ante la memoria de los muertos; ese será el toque trágico, la confusión de la vida (libertina) y la comunidad de los muertos. Allí se rompe el círculo mágico de las corridas de Don Giovanni. 
Pero, si estaba escribiendo una canción de otoño en primavera, ¿por qué recordé esta ópera? Ah, sí, por lo que escribió Pasolini (en "Poeta de las cenizas", trad. A. Carrera. El poema completo está en el sitio de la cátedra de Siglo XX, UBA):

Y bien, te confiaré, antes de dejarte,
que quisiera ser compositor de música,
vivir con instrumentos
en la torre de Viterbo que no logro comprar,
en el más bello paisaje del mundo, donde Ariosto
estaría loco de alegría al sentirse recreado
con toda la inocencia de las encinas, montes, aguas y hondonadas 
y allí  componer música,
la única acción expresiva 
acaso, alta, e indefinible
como las acciones de la realidad.

La Primavera vuelve a cantar, la luz del mundo es triste, a veces. Daré vueltas alrededor del sol con ella, he olvidado los misterios de la agricultura. Contemplaré el cielo y trataré de pensar en cosas buenas.

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