3.8.12

Hemos visto morir a Nietzsche (Son of a preacher man)

Estos días terribles, tan oscuros y fríos, en los que el invierno se quiere instalar en nuestros corazones, porque se acaba su paso por las tierras del sur, mietras comienza a pelar a la lejana y tan presente Europa, y el verano, con ese calor desmesurado que escapa a la medida de nuestros recuerdos (no sabemos si hacía tanto calor antes, o si esas ráfagas que derriten a los árboles en el aire son la muestra, la evidencia, del final de los tiempos: habrá un final del tiempo): ¿qué otra cosa se puede hacer, sino escuchar música? 
Pero ahora (¿hoy, ahora?) tenemos acceso a un archivo increíble que, como en viejísimas novelas de ciencia ficción que, tal vez, estaban preocupadas por otra cosa, es un oceano de nosotros mismos: de épocas pasadas, de un pasado inmediato (hemos visto morir a Nietzsche) y, lo más misterioso, que probablemente esté configurando el futuro.
Tarantino sabía que la década del '90 era una década horrible, por eso, se la pasó citando la década del '70 (dicen que la moda hace esos saltos desde siempre): exageró los peligros, estetizó la violencia en cámara lenta: un tiempo después, temblé de espanto ante las imágenes de cámaras de seguridad que registraban miles de imbéciles asesinatos en el mundo; y enseguida, lo olvidé, al detectar -me gusta escuchar- una música que quería subrayar el horror. Qué estupidez, los noticieros.
En una cena familiar -ese laboratorio-, hace un tiempo, una chica joven de la familia recorría en la web un paseo de freaks e imágenes aberrantes: ni mal, ni bien, se divertía haciendo eso. ¿Será el futuro un tiempo yuxtapuesto? No lo sé, no lo creo. La chispa del sentido es más sensible. Lo que falta, la carencia en la que toda significación se aloja, tiene más nódulos, la red está suplantando a la esfera: la configuración simbólica del mundo está mutando: lo que pareciera haber (pero yo soy un hombre viejo, puedo equivocarme) es un triunfo de la estupidez, aunque, pensemos en términos del cristianismo, ¿no fueron estúpidas las Cruzadas, habiendo conocido el caminar del fransiscano?
No sé qué tipo de catástrofe es ésta. Ha llovido todo el día, y estuve escuchando, mientras trabajaba, bandas de sonido de películas; pero las imágenes provenían de mi interior, de la frontera en donde uno puede cerrar los ojos y tocar un recuerdo tan sustancioso como un gusto, un rayo de sol tocando la calle con cierto ángulo que nos transporta a otra parte. No me gusta dejarme llevar por los "ataques ochentosos", porque estaría acabado: pero hoy es tarde, el sol no ha salido, me han hecho un electrocardiograma porque tengo 40 años; viví en una antigua ciudad rusa, caminé mucho; hoy, estoy cansado.



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