20.8.12

1830: Muerte de la música


[Dominique Fernández] Lanza una fórmula que recorre todo este libro titulado La rose des Tudor. Todo el tema del libro es que la música muere hacia 1830. Muere de modo muy particular y trágicamente, como todas las cosas buenas; muere con Bellini y Rossini. Muere trágicamente porque Bellini morirá en circunstancias poco claras, quizá de una enfermedad desconocida en su época, quizá de una historia sombría. Y Rossini es la detención brusca. Ese músico de genio, en pleno éxito, decide detenerse: ya no hará más que cocinar -había tenido siempre dos amores, la música y la cocina-. Era un gran cocinero y se vuelve loco.

Gillles Deleuze, "El plano de consistencia sonoro" en Derrames entre el capitalismo y la esquizofrenía, Ed. Cactus

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Deleuze no le da la razón a Fernández, "porque no la tiene", pero a partir de esta bella descripción, comienza a pensar en el ritornello y el devenir (intenso, animal, imperceptible) de la música: las voces, los animales, el cristal, la velocidad y las formas. Para Deleuze, lo que ocurrió es que, hasta 1830 (con la muerte de Bellini y el silencio de Rossini), la música había agenciado la voz en el devenir mujer y el devenir niño. Luego de esa fecha, la música realizará otros agenciamientos; tal vez, totalmente moleculares (la música electrónica, la electroacústica; nosotros seguimos amando los ciclos de canciones, las óperas semiserias, el bel canto). 
¿Cuándo una voz es musical? Cuando se trata de una voz desterritorializada. La voz del lied, el canto de los pájaros en Messiaen. Y para explicar esto, Deleuze repasa dos "soluciones" a la desterritorialización de la voz en la música: una es la de los contratenores ingleses (una voz "de cabeza", blanca), cuyas herencia llegaría hasta David Bowie, The Beatles y los Stones, por ejemplo. Mientras tanto, la "solución latina" fue  el  castrato (solución a la que los ingleses no podrían llegar, ya que eran puritanos): la máquina castrato.Estas máquinas hacen posible el silencio, aun la posibilidad de abolición (que tan claramente sentimos al escuchar música), pero es sólo uno de los componentes de la música; porque si no fuera así, si el silencio no fuera una parte de la máquina musical y se tratara él mismo de una máquina, habría un instinto de muerte, un suicidio. El silencio es desterritorializador, pero sólo al interior de la máquina musical.

Rossini escribe, hacia el final de su vida, algunas obras musicales. Entre ellas, la espléndida Pequeña Misa solemne.

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