22.7.12

Trémula

Tal vez, tácitamente, incluso desde la asediada fortaleza del positivismo y sus reencarnaciones, se confíe, se necesite confiar, en que, al desintegrarse, el cuerpo mortal abona, fecunda la tierra que lo consume, con la que terminará confundiéndose. Entre los argumentos que suele urdir la imaginaria relación entre un padre (presente en patria), una madre (activa en la lengua materna) y un hijo ausente, relapso prestigioso, la recuperación póstuma es de los más fuertes. Valor simbólico, sentido prestado, difuso misticismo, todo confluye en ese afán, más temible, más irracional porque su vehículo, y no ya su metáfora, es esa materia corruptible, perecedera, instrumento de placer y motivo de dolor, sin la cual ninguna noción de espítiru podría manifestarse: la carne.

Edgardo Cozarinsky. El pase del testigo

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