6.1.12

"Y las palabras serán siervas de una extraña majestad. Es todo extraño" *


"Aristóteles escribió que la psyché -en latín el anima, en francés el aliento [souffle] - 
es como una tablilla en la que el sufrimiento se escribe.
La música viene a leer allí". 
(P. Quignard, Butes, trad. M. MOrey y C. Pardo, Madrid, Sexto Piso, 2011)

Estoy escuchando a un coro estoniano que canta obras sacras de la liturgia ortodoxa rusa. Soy un esnob, aunque no me siento un esnob. Se trata de un disco que quería tener desde hacía años, que me había bajado de Internet con un sonido más o menos mediocre y que, finalmente, compré. Lo compré porque lo quería desde hacía muchos años; y porque todavía la mercancía del CD me encanta de alguna manera. Hoy hace 37º de calor en Buenos Aires. Las voces que cantan el antiguo Salmo de David en ruso (copio del cuadernillo), Na Rekakh Vavilonskikh; aquel poema que San Juan de la Cruz reescribió (Super flumina Babylonis). La resonancia de las voces es un elemento importantísimo en estas obras. En general, masas corales sin grandes estructuras polifónicas; obras que se apoyan en la palabra, dicha (cantada) con precisión, en un tiempo que no es de este mundo (o sí, el tiempo de nuestra memoria). Supongo que el uso de la resonancia tiene que ver con la monumentalidad del acontecimiento litúrgico ruso. Pero también, esa resonancia es levemente trágica. Las potentes voces del coro se deshacen en sus armónicos y, aun en su furia, se apagarán. Mariposas nocturnas hacia la luz o el calor del motor de un camión, en el instante antes de dejar su pequeña vida y aun en la vida. En esas resonancias, intento leer algo. Es el último aliento de las palabras y la música. Es verano, hace 37º de calor en Buenos Aires, donde si uno dice "Babilonia", es probable que muchos pensarán en la ciudad de "Babilón" del reggae, y no -tal vez- en la ciudad mesopotámica, madre de todos los exilios. Yo pienso en todas estas cosas sobre palabras que escucho, pero no entiendo. Son ondas de sonido que llevan y se arremolinan en mí, sin centro.

* Carlos Drummond de Andrade - "A Luis Mauricio, niño" (versión de Ramiro de Casasbellas)

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