11.8.11

Noche oscura del alma (Ruslana)

Si hubiera terminado con mi vida hace veinte
años, como Ruslana Korshunova
no habría visto hoy los árboles,
el rocío caído
en ellos, la respiración
agotada de esta mañana.
Sigo sin saber nada.
Nada sé: ¿que podría haber llevado
a una alta belleza kazaja a morirse en la calle?
¡Ay, princesa rojita!
Intenté pronunciar tu nombre
(y se me escapaba) entre pájaros
divinos–, el olvido
se parece a la huella
de tu cuerpo en vestidos
arrumbados y caros.
Ay, hombre consciente, católico,
¿qué sabés vos –decían los chingolos-
de la hora que cada día
sacrifica una muerte?
Caminaba indefenso
-un pobre niño ruso-,
a mitad de camino del modelaje
y la paternidad. No soy tibio,
soy una llama de amor viva.
No me importa la culpa,
estoy en esto por las víctimas inocentes.
La caridad es tal la oscuridad de este mundo.

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