1.5.11

Hospitalidad y distancia



Soy platónico, porque me interesan las apariencias. Hace poco paseaba con Simón por una calle en la que viví gran parte de mi infancia. Como él tiene tres años, sentí que no podía señalarle los lugares atiborrados de imágenes por los que caminábamos. Y si hubiera podido... no sé si lo hubiera hecho: nada es más aburrido para el niño que escuchar la melancólica voz de un hombre maduro repasando las huellas y las sombras escondidas a plena luz. Hice silencio. Había árboles viejos, algunas casas de entonces que se mantenían en pie; otras, bostezaban agrietadas. Pasamos por la casa en la que vivía mi madre, mis abuelos. Mientras caminábamos, un perro comenzó a ladrar y, como se trata de un barrio suburbano, todos los perros ladran cuando ladra uno, se generó un colchón de ladridos. Un sonido a naturaleza. Pasamos por la puerta de la iglesia. Cuando cruzábamos la calle para volver y le dimos la espalda a esa parte de mi vida, un fondo se quedaba con mi silencio; y me pareció que la continuidad de la sangre y el tiempo estaba en la voz que hubiera sido tapada por los ladridos de los perros.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

NOBLEMENTE

Diego dijo...

Es muy interesante la relación que tenemos con el hábitat y el tiempo. Tal vez te interesen un par de mis posteos:

http://instantesde.blogspot.com/2010/02/la-tension-de-la-relacion.html

http://instantesde.blogspot.com/2010/03/otra-fase-de-la-angustia-del-viajar-y.html


Saludos.

Diego dijo...

Hola, Diego.
Esos lugares parecen ajenos a nosotros, a pesar de ser tan conocidos. Es muy raro. Como si los hubiéramos habitado con otra vida (la lengua de la niñez, otro cuerpo).
Gracias por las lecturas, pienso que la metáfora del río podría dar cuenta de lo que sentí ese día. Y la idea de un sobreviviente que se asoma a la orila... El que mejor (bueno, que yo conozca) pensó estas cosas fue Benjamin. Aunque en un pequeño pueblo del suburbano (como es mi caso), los cambios no son tan dramáticos y radicales como los de los años '30 en Europa o el Parìs de Baudelaire. Son otros los fogonazos.
¡Saludos!.