2.4.11



Sobre la noche (no hay otras noches),
corrían a dos chicas borrachas
que en cada paso perdían
alguna prenda (o dejaban
caer pedazos de estrellas rojas o sangre
-no se veía bien-). Eran sombras
desde el cristal, fragmentos,
una postal del cielo en el tercer cordón urbano.
Un viento sacado de galaxias
sacudía a las espigas, breves amantes.
Las luces del cielo son todas iguales,
ángeles, restos de hogueras
ancestrales, y en una breve
noche de verano,
habías muerto, Lajka,
en un satélite oxidado.
En la tierra (no hay otro mundo),
las ninfas se tropiezan
en playas bizantinas
en ciudades renacentistas
en el pantano americano
en la avenida
con el alambre
con el que Dios ajusta los satélites.

1 comentario:

carlx dijo...

http://tinyurl.com/4hp24w8