28.4.11

La preparación del poema (dos versiones)

¿Tú, brillas para los muertos, luz dorada de amor?
La mañana se lleva las caricias dormidas:
flores que nunca dejarán la cueva
de la noche. Ya el sol de diablos
pone la cara roja
–¡cómo brilla la transparencia
del día en pajaritas saciadas de los sueños!
La esplendorosa infernal se reanima,
la Selva pone hornos en la tienda de electro
-domésticos de China, los juegos de los chicos,
los ladridos de las perras... Si bosques
de roble temblaran en el horizonte, pero
no los veo, los siento
vivir a todos muertos, son rubios en la guerra.
Los insectos cascarudos incendian
con el amor porfiado el camino que les lleva
la tormenta desde 1000000 de años.
Idéntica cosa: la piel sabrosa
de mil lunares al cielo y su pútrida
batalla, florcita entre moscardones
-Dale lo que le sobra al calor turbio
del cañaveral, prole
desatada, o la remera del ídolo.
En la saliva del árbol, la copa
del monte -todo el chiflido bajito
en las calientes devociones: islas
de bolsas muertas -Risa
del barro rojo que se pudre

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