15.4.11

Arrasaremos el mundo y se lo dejaremos a los príncipes (2)



En una inspirada frase, S.M. escribió: "Prefiero el descanso de los motores a la voz de los pájaros conversando entre los árboles". Algo de eso hay en esta película: los motores (de automóviles, de los subterráneos, de multitudes, de máquinas) parecen no descansar nunca, se los escucha todo el tiempo -de fondo, en primerísimo plano-; mas cuando callan, se escucha un murmullo, una canción.

Canción de amor es una pelícua de Karin Idelson; así se presenta en los títulos. En la película asistimos a distintas escenas protagonizadas por vendedores, guardias de seguridad, cantantes, Elvis Crespo, la travesti que canta Queen, los integrantes del Coro Kennedy, etc., que interpretan, escuchan o los envuelve una canción de amor; hay muchos viejos que bailan. ¿Qué cualidad será la que une a estas mujeres, hombres, vagabundos, corredores, empleadas?
Las canciones de amor, algo como el color (el rojo, por ejemplo) que hace una clase.

A pesar del anonimato de estas canciones (todos las cantamos, todos y nadie), la cámara levanta a sus "sostenes", a quienes les ponen un cuerpo: a veces, cantan en un escenario, la bailan en un strip-tease, o les atraviesa como si fueran invisibles (pero sabemos que los oídos no tiene párpados), con ese poder aniquilador que la música también posee.

La canción de amor conmemora una distancia o celebra una cercanía; y en algunos casos (como las "canciones de infidelidad") se instala en una distancia más o menos feliz y dulcemente culposa. La canción de amor es una escena (la canción de amor más gigantesca se llama Tristán e Isolda, y es una escena enorme): es un decir cantando. Todas las canciones están hechas con fragmentos de nuestra vida. Todas son canciones de amor.
Somos cualidades de las canciones. Canción de amor se detiene en los accidentes ("D'un accidente che sovente é fero/ Ed é si altero ch'é chiamato amore") que hacen al amor verdadero: despechado, infeliz, triste, aventurado, etc.; sus apariencias.

La industria del espectáculo supo abusar del poder de las canciones. En estas escenas hay una mirada que parece explorar las grietas de ese poder. ¿Qué representará este amor transfigurado, algo más allá de la representación?

¿Dónde está el original para poder darle un valor hoy en día a todas estas voces apoyadas sobre máscaras? El valor es de los trabajadores. Karin Idelson quiere rescatar el resto de las canciones en los pasillos inhóspitos de los shoppings, en la limpieza de los telos, el ajuste del sonido de un show pequeño.

Levemente voyeur, Idelson no estetiza y filma con conocimiento de amor. A veces, la cámara no pretende asumir el lugar que ocupa; entonces, quienes son filmados hacen que asuma su lugar (como los mariachis al final de una fiesta que saludan a cámara y preguntan "¿la chica no viene?").

Hace unos días leí que un grupo de investigadores de la "Bate Collection de Oxford", habían construido los instrumentos que figuran en los famosos cuadros infernales de El Bosco. Para desilusión de esta gente tan realista, ninguno de los instrumentos sonó a nada -o no sonaron nada bien. Y sí... Se trataba de instrumentos musicales imaginarios; hechos para sonar como imágenes, entre los colores, en las las líneas del infierno (y el Paraíso) y la moral.
¿De qué color es una canción de Gilda? La anécdota de aquellos investigadores es casi despreciable; ellos sabrán qué provecho sacaron de eso.
Esta película parte de presupuestos muy diferentes. Sin embargo, el sonido constante de los motores, las máquinas, los pasos rebotando en un pasillo que los amplifica hacen pensar en un infierno sonoro al que la música se suma. Como El Bosco, Idelson filma con colores fuertes contrastantes. Negro, rojo, azules en los que se recortan los cuerpos. Hay muchos disfraces, disfraces desesperados, travestis, disfraces "oficiales" (personal de servicio, guardias de seguridad), cuerpos que asumen o son asumidos.

Ya lo dijo Barthes: "Dios es la carencia en la que toda significación se aloja". Una travesti canta Queen, Crucet canta una canción de Gilda, hay canciones traducidas del inglés a un castellano inestable -acentualmente hablando-: siempre falta algo cuando se escucha una canción de amor, una articulación -en la voz, en el cuerpo- que significa justo antes que la lengua.

Son los gestos, las corporalidades más nocturnas y bizarras las que devuelven esa falta ("Entonces Dios es travesti, transexual, divino"). Allí existe la divinidad. Canción de amor es una película sobre cuerpos, y no tanto sobre voces. (Tal vez, de existir, la diferencia entre música popular y música clásica se halle en la diferencia entre el cuerpo y la voz.)

Yo me preguntaba -no soy cineasta, ni mucho menos; nada sé de cine- cómo logró la directora filmar ciertas escenas: primeros planos de dos strippers, rostros plenos, la entrada de los novios a un casamiento acompañados con rayos láser, las manos un conductor de micros de larga distancia mientras elige un CD sobre el volante... Las caras anónimas sonriendo desde una ventana de peaje, una habitación, una mesa más o menos marginal... todos parecen referir la apertura, la conexión necesaria que hace que esas canciones sean una contraseña (de un barrio, una región, un tiempo, un mundo) de pertenencia. Sé que mucho tiene que ver con un don, una gracia llamada simpatía -carisma, mejor dicho-; pero hay más: Karin les prometió una canción de amor hecha con sus imágenes íntimas, las de sus cuerpos; les dijo que cantaría de su vida loca con lo mejor que tiene: amor por la música y las imágenes.
Son aquellas promesas de las novelas de Proust en la escritura; la que fue promesa y traición del cine hace ya muchos años.

Cuando salimos del cine, Nat (quien me invitó a ver la película) dijo: "Tengo ganas de ir a una fiesta, tengo ganas de hacer algo". Son las ganas de bailar que dan las mejores imágenes, las canciones más lindas.

El domingo iré ver otra película (una de mis preferidas), a bailar en otras cortes, a un tiempo otro: Il gattopardo; película de la cual no me atreveré a decir una palabra.

Canción de amor
Karin Idelson
2011
HD, Color
58 min
Guión: Karin Idelson
Fotografía: Karin Idelson
Montaje: Gaby Goldberg
Producción: Federico Pintos

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