5.2.11

Keats en Rusia


Me sorprende la música.
Junto con las encíclicas de Pío IX (Quanta cura), las poesías de Baudelaire, El manifiesto comunista, el movimiento (la Hermandad) Prerrafaelista también agitaba los fantasmas del malestar de la modernidad (ser modernos es saberse condenados, decía Barthes). Los pintores prerrafaelistas amaban pintar el motivo de la balada de John Keats (¡ah!) llamada "La Belle Dame Sans Merci"; la pasión por lo imaginario del siglo los obligaba a realizar gestos un poco estúpidos (recordad a Dante Gabriel Rosetti enterrando poemas en la tumba de su amada), desquiciados, jóvenes y bellos; también inspiraron un sofisticado mobiliario.

Aquel poema fue convertido en canción en los años '80 en Rusia (URSS) por Valentin Silvestrov, en una canción que sería algo así como el Erköning de Schubert-Goethe (fantasías de muertes juveniles y espíritus púberes), más de un siglo después: la canción que canta a los sútiles espíritus que conducen el pavor de la muerte:

Vi pálidos reyes, princesas
también, guerreros pálidos de muerte;
todos ellos gritaban:
¡La bella Dama sin piedad
te ha esclavizado!

Aquí la lloriquea expresívamente un barítono ruso con la interminable tristeza del aluvión del siglo a la izquierda.
Sostenida sobre prácticamente una sola frase y una melodía, y casi sin ningún desarrollo, la canción logra conmover con efectos más vinculados a la percepción. Una insistente melodía de carácter triste; como una lluvia.

Sin embargo, lo más conmovedor es la balada (claro) y estas traslaciones más o menos milagrosas o fatales. Una mímesis que -quienes no entendemos nada de la lengua rusa- aparece como un rastro finísimo, prácticamente afuera de nuestro mundo. De aquellas representaciones que conmovían a César Vallejo: rusas soviéticas, teatros en llamas industriales; queda este aliento. Para que podamos oírla tuvo que haber un recital lejano en el tiempo (una oscura sala de conciertos soviética), y una disquera sofisticada que buscaba su nicho de mercado.

No se trata de musicología, sino de la sorpresa de ser tomados por una canción, un día cualquiera de nuestras vidas.

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