8.1.11

Gioacchino Rossini - Petit Messe solemnelle













Comparto la grabación de la Petite Messe solemnelle (Pequeña Misa solemne*) de Gioacchino Rossini, publicada por HM en 2001.

Compuesta al final de su vida -se estrenó unos cinco años antes de su muerte-, esta misa es un delicioso ejemplo de música sacra operística y "culinaria", según la historiografía oficial, pero es más: es, como toda misa en música, un vórtice, un ejercicio de diferencia.

La pequeña Misa pertenece al grupo de obras tardías que el mismo compositor llamó "pecados de la vejez": esos pecados son en su mayoría una serie de composiciones para piano o voz, muy breves en general -a la miniatura, al despojo, a la plegaria silenciosa tendería ciertas fugas del siglo XX-, que poseen un aire despreocupado, gentil y a veces melancólico. Los títulos de esas obras recuerdan a lo que Satie compondría en París algunos años después: como si al humor grueso del operista, le correspondiera ahora el gesto intelectual y desencantado: Preludio fugáz, Preludio inofensivo, Pequeña polka china, etc.

Esta hermosa misa (último pecado mortal) es "pequeña" en tanto que para su ejecución se necesitan de dos piano, 12 cantantes (la versión de CD presenta un coro de 24 cantantes) -Rossini anota "doce cantante de los tres sexos: hombres, mujeres y castrati"-, y un armonio.
Es una obra ecléctica, variada, "polifónica" no tanto en el sentido musical, sino en el sentido del constructo teórico referido a la gran realización del siglo XIX: la novela...

Es, también, una bella lectura -una lectura es siempre una composición- del ordinario de la misa realizada por un viejo operista bufo, que fue uno de los músicos más populares de su tiempo.

Cuando Hans Küng -ese reformista- comenta la Misa de coronación de Mozart (Misa en do mayor, KV 317) dice:

Pues el oyente actual de la Misa de coronación no debe echar en olvido ese tronar, esos nubarrones que se agolpan sobre la época para descargar en 1789, con motivo de la gran Revolución de París. El trono es barrido, y el altar resulta estremecido durante un tiempo. La moderna concepción del Estado y la sociedad se abre paso en pugna con la Iglesia feudal y medieval. La Misa brevis, en fin, era música religiosa diez años antes de que en parís erupcionara el volcán, con la Revolución francesa y la proclamación de los derechos humanos. Si se conocen ese bramar de la tormenta, ese abismo que de pronto se precipitará en ese tiempo, necesariamente se escuchará de otro modo el poderoso Kyrie en do mayor de dicha música, el "Señor, apiádate de nosotros. (Música y religión, trad. J. Deike, Ed. trotta, Madrid, 2008, p.49)


Porque, lo sabemos hasta el hartazgo, todo documento de cultura es a la vez un documento de barbarie. Mozart y el clasicismo, apasionado por la forma y no la mimesis de la naturaleza, leyó la misa de una manera que, sin embargo, sería la base de un modelo indivdualista, el compositor burgués (aunque el ángel mozartiano es muchas cosas más). Cada compositor leyó las palabras de la Misa romana a su manera y jugó los elementos tradicionales e ineludbles (la polifonía, el canto llano) hasta bien entrada la modernidad hippie (El Concilio Vaticano II), junto con los materiales que su momento histórico, su estar en el mundo, mejor dicho, aportaba. El siglo XIX secularizó a la música sacra y se perdió así un espacio de canto y regocijo; no sé: hoy día, por los parlantes de las iglesias sale una música no muy agradable.

Pero cada composición llamada "Misa" presentaba desvíos y devenires propios de cada voz al sensualizar (corporalizar, transfigurar -poner en figura en ese "teatro de los sueños") un modelo milenario ,mítico y sagrado (en la lengua latina, que Ratzinger volvió a colocar en el Altar de las lenguas romances). Una misa debería ser impersonal, ¿poco significante? e imperceptible, desde el punto de vista del compositor (¿a quién le importa lo que ese hombre haga o diga?); y, sin embargo, siempre fue una entidad en el mundo que se aparecía de manera diferente a partir de un mismo texto ritual. ¿Lo poetizado es una voz? Una voz, como por ejemplo las hermosas misas de Pergolesi -escritas para ser interpretadas en la bahía de Napoles-: ¿qué otra cosa iban a mostrar sino amor y voluptuosidad luminosa?
A esta misa de Rossini, la han llamado "irónica". ¿Se tratará una ironía devota, de una devoción snob?

El primer movimiento del Kyrie eleison -un antiguo elemento de alabanza pagano que permanece en la misa romana (al romano le gusta mucho el paganismo)- puede servir como para darse una idea de qué es eso que algunos llaman ironía y para mí es una delicia cantabile: envuelta por la amorosa voz del armonio, que no sé cómo habrá sonado en aquella lejanísima década del año de 1863, pero que aquí y ahora suena a un arrebato de bruma, de mundanal ruido y cierta melancolía; tiene un color tibio, amable, balcánico... En un gesto (porque todo lo que escribía Rossini en esos últimos años no podía ser sino gestualidades -como gran operista que había sido, ya había dado sus óperas a la burguesía) que podríamos llamar de "montaje", el siguiente movimiento (Christie eleison) es a capella, más severo y contrapuntístico; ahí podría estar la ironía: a partir de la tradicional forma del Kyrie, expone una fluctuante variedad compositiva -el armonío suena como un cauce, un río- que será yuxtaposición de estilos (aquí una voz solista, allá una pieza para piano, una leve disonancia, etc.) y que sesenta años después aplicará el tandem Brecht-Weill en óperas (¡qué antigualla!) tales como "Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny".

Esta misa musical está condenada a ser música sacra en amplio sentido: "Buen Dios -escribió Rossini en la partitura-; he aquí terminada esta pobre misa pequeña. ¿Se trata de música sacra (music sacrée) o es música condenada (sacré music)?" Sagrada y expiatoria.


Hay un ritornello (fantasma de nuestra batallas), una reorientación a manos del armonio, que retoma la tonalidad del principio para abandonarse a las voces del coro. El armonio reorienta su aire al aliento de las voces. El ritornello es "tra la la", bien lo sabía Rossini (bien lo escribió Deleuze): el ritornello es previo a la música: "La música está atravesada por todas las minorías y, sin embargo, compone una potencia inmensa".

Una pequeña Misa solemne, teatro de los sueños humanos y divinos.

En la segunda parte, a partir de ese ritornello, todo deviene hacia el Agnus dei del final, en una leve disonancia que crece en el pedido "miserere" y que culminará -sin sobresaltos, pero con firmeza- en un apoteótico cierre que se dirige a un silencio que da paso a unas notas que mantienen la dominante y, finalmente, a una afirmación mini-Wagneriana :-p,
una pequeña pieza disonante que cede y acaba en un arrebato tonal.
Rossini le pidio al Papa Pio IX (pionono, acérrimo enemigo de la modernidad, preferido de Baudelaire, aquel que quiso canonizar a Colón) que los números solistas fueran cantados por mujeres (estaba prohíbida la participación de las mujeres en los escenarios, ópera prohibida). Rossini decía que una buena voz femenina, en este caso soprano y alto -¡qué linda voz, qué linda voz!-, podía evitar las usuales desafinaciones de los niñitos poco entrenados en el gorgeo divino. Tal vez, la voz de alto sea una voz de mujer que deviene mujer (con su sonoridad tan grave): voz a la que toda misa (musical) está destinada. Pequeña y solemne.

(La comparto, también, para aquellos poetas que hacen comunidad con la tradición y viven en este tiempo de desesperación, y que quieren comulgar con las formas, aunque nos ahoguemos. Donde estaba el enlace para bajar el disco, ahora no hay nada porque conducía a un intimidatorio anuncio del FBI.)

Petite messe solennelle - Gioacchino Rossini

Krassimira Stoyanova
Birgit Remmert
Steve Davislim
Hanno Müler-Brachmann

Phillip Mayers, piano Pleyel 1869
Phillip Moll, piano pleyel 1858
Rvoko Moroka, armonio Debain 1869

RIAS-KAMMERCHOR

Marcus Creed, director

No hay comentarios.: