27.10.10

El desfile de los resucitados
será una risa, todos con cabezas de animales
y cascos de astronautas
haciéndole señas a Dios
(“ahí va la Voyager, no la recordábamos:
está tan oxidada...”)
desvelados para siempre.
Nuestra vida es villa
entre el cañaveral de las almas.
Vamos a estar muertos
para las próximas resurrecciones, hasta la Final
cuando nos corresponda la cabeza de un buen
animal o un casco de astronauta para ver lo abierto.
Delante del palacio celestial,
haremos música para animales.

4 comentarios:

alejandro mendez dijo...

Muy bueno. Me gustó mucho
Un abrazo

diana bz dijo...

(a mí también)

TiTo A. dijo...

¡Ey, siempre haciendo de las tuyas!
En otro orden de cosas (o quizás no) leí el libro de Wilkock ¡Me dí cuenta de que me encanta emocionarme con la poesía!

diego dijo...

¡Gracias, Diana y Alejo!
Un abrazo, Tito. (Emotivo y divertido, como un argentino cantando en italiano lieder de Wolf. ¡Rarísimo como el amor!)