Hoy estaba en el parque con simón y él se dio vuelta a mirar algo para arriba, y es que caían del árbol un montón de esas semillas que giran como helicópteros, contra el cielo quedaban lindísimas y las vimos juntos casi de noche cuando brillan las nubes y está oscuro.
7.7.09
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Esas semillas se llaman sámaras o samaridios, y en Métrica hay un poema que les escribí (aunque había entendido mal y las llamé disámaras) y que creo que es mi poema propio favorito.
Algún azar provisto
de carácter inquieto
tiñó de poesía
su destino de fruto.
Demora la caída
hasta el borde del vuelo
y en el rumbo espiral
que le tiende el espacio
la disámara lleva
aleteo de insecto.
La disámara danza
y su danza vibrante
está compuesta de aire
y de música queda
cifrada en partitura
de genes y moléculas.
Es aliada del viento
con su aspa de libélula;
no precisa ser vista
ni germinar semilla
para justificarse,
para ser tan perfecta.
sí ¡también a mi me encanta ese poema!
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