23.6.06

la hermosa gente

no es más que el monstruo Charles Dogson o su niña Alice a quien Lewis Carroll inscribió en su cuerpo las crueles transformaciones (estilizadas) de la pubertad en un laboratorio clínico victoriano a la sombra de una lógica lingüística pesadillesca, no más que él, marilyn manson ha inscripto en su criatura pop las marcas más marginales del mercado de la tierra santa yanqui, a cuyos habitantes la niña Alice siempre ha atraído (de hecho, hay marcas de mercado en las novelas), recordad la prístina Alicia de Disney, sobre sí, MM, operado como Alice, es exhibición del cuerpo adolescente llagado de fascismo.

(ver entrada inmediata anterior)

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